Esta centralidad del cuerpo se relaciona con su toma de conciencia feminista desde los inicios de su trayectoria, cuando desplazó el dominio habitualmente ejercido por la vista y la facultad de la razón. De ahí que explique que sus manos son su “herramienta para pensar” y aborde medios tradicionales, como la pintura al óleo o el dibujo al carbón, aparentemente anacrónicos, de modo poco convencional, como procedimientos a través de los que establecer una peculiar relación con el tiempo.

“Siempre trabajo desde el presente”, explica. Para ella, revisitar sus obras anteriores se convierte en la oportunidad de mantenerlas con vida, a la vez que en un modo de dar distintos sentidos a su propia existencia, en diferentes configuraciones e intersecciones entre el tiempo de la biografía, la naturaleza, la historia y la historia del arte.

Concebida como “una forma biográfica de ver el mundo”, la exposición Todo es igualmente importante abarca desde sus primeros cuadernos y dibujos en carbón hasta sus últimas obras; en ellas cada gesto, cada movimiento, cada pensamiento es “igual de importante” que el resto. Sus obras recorren así temas cruciales que le han preocupado a lo largo de toda su trayectoria: la guerra y la violencia, la sexualidad, la naturaleza, la familia o la muerte.

Dibujos a gran escala, colores brillantes o perspectivas inusuales perturban la percepción del espectador respecto a lo que se le da a ver. El movimiento del cuerpo continúa en el espacio expositivo, donde el montaje de las obras, tarea que al artista no delega en otros, cobra enorme importancia. Cahn sitúa en el mismo nivel escalas dispares, colores luminosos con negros profundos, perspectivas que permiten ver a distancia junto a dibujos realizados “piel a piel” sobre el papel o el lienzo, buscando agitar nuestra percepción. Coloca las obras a la altura del ojo y estas nos miran abiertamente. Si el arte es político, piensa Cahn, no es solo por lo que puede exponer, sino por su poder de hacer que nos expongamos a él.