Coorganizada por la Fundación Botín y comisariada por José Manuel Matilla, jefe de Conservación de Dibujos y Estampas del Prado, y Manuela Mena, hasta enero de este año jefa de Conservación de Pintura del siglo XVIII y Goya, esta exposición es el resultado de los trabajos realizados para elaborar un nuevo catálogo razonado de los dibujos de Goya, fruto del convenio de colaboración que en 2014 firmaron la Fundación y el Prado.

Para el director de la pinacoteca, Miguel Falomir, esta gran muestra «aporta una visión moderna de las ideas que el artista abordó de forma recurrente durante su vida, y pone de manifiesto la pervivencia y actualidad de su pensamiento».

El 19 de noviembre de 1819 el nuevo museo abría sus puertas al público aún como Museo Real y con fondos procedentes de las ricas colecciones de pintura y de escultura reunidas por los reyes durante más de trescientos años. Cuando Goya vivía aún en Madrid, tres pinturas suyas colgaban ya en la sala que daba acceso a la galería central, los dos retratos ecuestres de Carlos IV y María Luisa de Parma y El garrochista.

Con el tiempo, el Prado iba a reunir, además, la mejor colección de sus obras, cerca de ciento cincuenta pinturas, quinientos dibujos, sus series de estampas y una documentación única, como es la valiosa correspondencia con su amigo Martín Zapater.

Realizadas en su mayoría al margen de encargos oficiales, las obras presentes en Solo la voluntad me sobra subrayan la extraordinaria originalidad y la independencia intelectual del artista.