Lejos de la idea de gabinete de curiosidades tradicional que sugiere el término alemán, Wunderkammer se plantea como un espacio de pensamiento y de proceso creativo. Ana Juan concibe la muestra como un territorio propio en el que confronta, ordena y expande su universo visual, poniendo en relación imágenes, ideas y relatos que atraviesan su obra más reciente.
Comisariada por Inmaculada Corcho, la exposición reúne un amplio repertorio iconográfico de seres y figuras imaginarias que se relacionan, conviven, se transforman o entran en conflicto. Cada obra funciona como una narración abierta que se extiende hacia otras piezas, generando un entramado de conexiones en el que lo individual y lo colectivo se confunden. Esta estructura recuerda a Las Metamorfosis de Ovidio, donde cada historia es autónoma y, al mismo tiempo, parte de un relato mayor.
El dibujo, lenguaje central en la trayectoria de Ana Juan, vertebra Wunderkammer. Presentado de manera clásica sobre papel, se convierte en punto de partida para investigaciones que derivan hacia otros formatos como la escultura o la animación. Este tránsito permite observar la profundidad conceptual, el virtuosismo técnico y la fuerza expresiva de una obra que, partiendo de procedimientos tradicionales, dialoga con lenguajes plásticos contemporáneos.
La exposición se configura así como una propuesta abierta, cargada de sugerencias e interrogantes, que invita a una experiencia de observación pausada. Seductora y perturbadora a partes iguales, propone al visitante un recorrido por un universo complejo que no ofrece respuestas cerradas, sino múltiples posibilidades de lectura.
Dibujo, nexo de unión con el mundo
Ana Juan nació en Valencia en 1961. Se formó en la Escuela Superior de Bellas Artes de su ciudad. En 1983 se trasladó a Madrid donde reside desde entonces. Se dio a conocer a través de publicaciones como Madriz y La Luna, y colaboraciones en periódicos nacionales. Desde entonces ha trabajado internacionalmente ilustrando portadas de libros y carteles. Destacados son sus trabajos para The New Yorker, revista para la que ha contribuido numerosas portadas, entre ellas Solidaritée, realizada con la ocasión del atentado a la revista Charlie Hebdo en enero 2015.
Como ilustradora de libros tiene una dilatada carrera con títulos como Snowhite, Demeter, Frida, The Night Eater o Amantes. Su trabajo ha sido reconocido con múltiples galardones, entre los que están el Premio Nacional de Ilustración en 2011, la Medalla de San Carlos otorgada por la Facultad de Bellas Artes de Valencia, en 2012, o las medallas otorgadas por la Society of Newspaper Design de Estados Unidos.
Sus trabajos más recientes son el resultado de una constante evolución e investigación en torno al dibujo, al que considera “mi lenguaje y mi nexo de unión con el mundo”.

















