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Antológica de Francisco Sobrino

Francisco Sobrino. Composición, 1959. Gouache sobre cartón 50x50cm [1]

Francisco Sobrino. Composición, 1959. Gouache sobre cartón 50 x 50 cm.

Sobrino utiliza, además de las técnicas tradicionales, materiales considerados hasta entonces de uso industrial, como metacrilato, vidrio, plástico, acero inoxidable o aluminio.

Por otra parte, partiendo del arte geométrico, introduce conceptos muy relacionados con la Física Cuántica y los aplica a su producción: experimenta y utiliza las posibilidades combinatorias, las permutaciones, la aleatoria, la probabilidad, la movilidad y la estática.

Inestabilidad visual

La obra de arte deja de ser un objeto físico y determinado y, mediante la manipulación de la luz, del color y del movimiento, crea efectos ópticos y dinámicos que contribuyen a la inestabilidad visual y a la ambivalencia de la percepción. La implicación del espectador es lo que busca el artista, ya que es este un agente activo determinante, porque con su mirada y movimiento es quien da dinamismo a la obra.

Entre las obras más destacadas de la muestra hay que prestar especial atención a un nutrido grupo de gouaches firmados en 1959, el año de su llegada a París, con propuestas que desarrollará en los años siguientes; varias obras realizadas en la década de los 60, cuando estaba integrado en el GRAV; varias esculturas y relieves en metacrilato de la década de los 70, y tres grandes óleos.

 

Calidad y solidez artística

Francisco Sobrino es un artista fundamental para comprender el movimiento cinético y el OpArt, tanto porque su trayectoria ha estado vinculada al GRAV (Groupe de Recherche d’Art Visuel) como por la calidad y solidez de su obra. Comienzó sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid en 1946, que continuaría en la Academia Nacional de Buenos Aires en 1949, año en el que emigra con su familia a Argentina. En enero de 1959 se trasladó a París, siguiendo la estela de Victor Vasaley, y toma contacto con varios artistas franceses (Stein, Yvaral y Morellet) y sudamericanos (García Rossi y Le Parc, amigos de Buenos Aires) con los que forma el GRAV en 1960.

A lo largo de esa década, tanto la trayectoria del GRAV como la de Sobrino van tomando importancia hasta convertirse en elementos fundamentales del panorama artístico internacional, participando en exposiciones en multitud de museos y galerías de toda Europa. Tras la disolución del grupo en 1968, Sobrino pudo ya concentrarse totalmente en su obra, que desarrollará hasta hace pocos años, cuando debido a graves problemas de salud cesa su actividad creativa.