Maillol y Hugué (conocido simplemente como Manolo), vinculados a la efervescencia de París, consolidaron su amistad durante los años de la Primera Guerra Mundial en la zona de los Pirineos Orientales. A tan solo unos 40 kilómetros de distancia —Maillol en Banyuls y Manolo en Céret—, ambos artistas se visitaban con frecuencia y mantuvieron un contacto que nutrió sus respectivas visiones de una escultura sobria, esencial y profundamente humanista.
Frente a las rupturas radicales de las vanguardias de su tiempo, ambos reinventaron la figura humana. Maillol realizó importantes aportes a la escultura moderna, retomando el equilibrio clásico y abordando una síntesis formal hacia la abstracción mediante su enfoque en la forma pura y la monumentalidad de la figura femenina. Todo ello estableció las bases para una nueva escultura figurativa y monumental que influenció profundamente a artistas posteriores de la primera mitad del siglo XX como Henry Moore.
Por su parte, Manolo fue uno de los artistas españoles más destacados de principios del siglo XX. Cercano al Noucentisme, su escultura fusiona lo popular y lo clásico y destaca por sus volúmenes robustos y redondeados, acabados rugosos y una profunda conexión con temas mediterráneos y vitales (maternidades, campesinos, toreros). Exploró diversos materiales como bronce, piedra y madera para crear obras únicas y cargadas de espiritualidad y sencillez.
Entre las esculturas de Maillol presentes en la muestra el público puede admirar Buste de Vénus à la frange [Busto de Venus con flequillo, 1920-1928], una colección de obras en pequeño formato entre las que destacan dos estudios para su famosa escultura monumental Méditerranée y otras de mayor formato como Pomone à la tunique (c. 1920) y Jeune fille assise – Korda – 1er état (1936).
Por parte de Hugué destacan sus esculturas en bronce La Bacante (1934), de la que se conserva otro ejemplar en el Museo de Arte Moderno de Barcelona, y Femme assise (1930-1931), así como una bella colección de terracotas.
Maillol-Manolo. La escultura pura es fruto de la colaboración de tres galerías y está dedicada a la memoria de Àlex Susanna. Así, la exposición se puede visitar en Madrid hasta el 20 de febrero; en Artur Ramon Art [3] de Barcelona del 26 de marzo al 29 de mayo y, por último, en la Galería Dina Vierny de París [4] de septiembre a octubre de 2026.
Esta es la primera muestra dedicada a la obra de Maillol en una galería española y la segunda que Leandro Navarro dedica a Hugué, tras la organizada en el año 2000.
Dos grandes de la escultura
Aristide Maillol nació en 1861 en Banyuls-sur-mer, Francia, cerca de la frontera española. En 1882 viajó a París, ciudad en la que finalmente fue admitido en la Escuela de Bellas Artes en 1885. A partir de 1895 comenzó a desarrollar, además de un fuerte interés por los tapices, su especial dedicación a la escultura. Su primera exposición importante fue en la galería de Ambroise Vollard en 1902.
En 1905 obtuvo gran éxito en el Salón de Otoño de París, donde presentó la escultura Mediterranée, lo que le facilitó realizar varios encargos y exposiciones en París, Nueva York, Berlín y Chicago. El Estado francés le encargó en 1923 un ejemplar de La Méditerranée en mármol.
En 1925 tuvo lugar una gran retrospectiva de su obra en Basilea y otra en el Petit Palais de París en 1937. En 1938 realizó el Monumento a los muertos de Portvendres en Céret. En septiembre de 1939, antes de retirarse a su casa de Banyuls-sur-Mer, creó La Rivière. En 1940 comenzó su última escultura: Harmonie, que quedó inconclusa. Murió el 27 de septiembre de 1944 en Banyuls-sur-Mer. En 1963 se instalaron en los jardines de las Tullerías las esculturas donadas por Dina Vierny al Estado francés y en 1995 se inauguró el Museo Maillol de París.
Manolo Hugué nació en 1872 en Barcelona, ciudad en la que trabó amistad con artistas como Santiago Rusiñol, Joaquín Mir, Isidro Nonell y Pablo Picasso. En 1900 se trasladó a París, donde vivió diez años y trabajó tanto en el diseño de joyas como en escultura. Allí conoció la obra de Auguste Rodin, que se encontraba en su momento de mayor esplendor como escultor.
En 1910 se estableció en la ciudad francesa de Céret, donde alcanzaría gran fama con sus esculturas de temática popular. Firmó un contrato con el marchante Daniel-Henry Kahnweiler que lo era, entre otros, también de Picasso y Juan Gris. Este hecho supuso la difusión de su trabajo en ciudades como Nueva York, Barcelona, París o Venecia.
En 1917 abandonó Céret para residir en Caldas de Montbuy (Barcelona) [5], donde vivió durante la Guerra Civil y donde falleció en 1945. En esta última etapa compaginó la pintura con la escultura. Entre sus esculturas destaca la obra Bacante (1934, Barcelona, Museo de Arte Moderno). Gran parte de su obra permaneció en Francia, si bien su fondo personal se conserva en la Biblioteca de Cataluña. En 1957, el Musée d’Art Moderne de Céret le dedicó una exposición antológica para la cual Picasso diseñó el cartel anunciador.








