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Aurèlia Muñoz, el arte de conquistar el espacio

Aurèlia Muñoz trabajando la maqueta de «Estel ancorat», 1973. Foto: Arxiu Fotogràfic Pau Barceló.

La exposición, abierta hasta el 2 de mayo de 2027, reúne cerca de 300 piezas, entre ellas más de setenta obras y materiales inéditos. Tras su presentación en el Museo Reina Sofía de Madrid [1], llega a Barcelona con una selección ampliada de grandes formatos y una museografía concebida específicamente para la arquitectura del edificio de Richard Meier. La revisión adquiere especial significado al coincidir con el centenario del nacimiento de la artista.

Formada en la Escuela de Artes Aplicadas y en la Escola Massana, Muñoz decidió consagrarse a la creación a finales de los años cincuenta, cuando había superado la treintena. Sus primeras investigaciones estuvieron marcadas por el románico catalán, los bestiarios medievales y las vanguardias del siglo XX. El Tapiz de la Creación de la Catedral de Girona, la obra de Paul Klee y el universo de Antoni Gaudí figuran entre las referencias que alimentaron sus collages, ensamblajes y grandes bordados.

Aquellas composiciones incorporaban figuras mitológicas, animales fantásticos, ángeles y personajes de identidad ambigua. En obras como Construcción abstracta (1965) o Fuente de vida (1966), el bordado dejaba de desempeñar una función decorativa para adquirir una dimensión plenamente pictórica. Una transformación que culminaría con Homenaje a Jerónimo Bosco (1971), su último bordado y el de mayores dimensiones, que vuelve a exponerse después de medio siglo acompañado de dibujos preparatorios.

El verdadero cambio de escala llegó con el macramé. Desde finales de los sesenta, Muñoz comenzó a explorar las posibilidades escultóricas del anudado, utilizando fibras como el yute, el sisal y el algodón. Las superficies textiles abandonaron progresivamente el muro para convertirse en cuerpos autónomos, suspendidos o tensados en el espacio. El nudo pasó a determinar la estructura, el volumen y el comportamiento de cada pieza.

Vistas de la exposición «Aurèlia Muñoz. Entes», 2026. Foto: Miquel Coll.

Macra tótem (1968), Ondulaciones (1974), Ente místico (1977) y Águila beige (1977) permiten seguir esa evolución. Algunas de estas obras, procedentes de las colecciones del MACBA, el Reina Sofía y el MoMA de Nueva York, ocupan ahora la gran sala central del museo. Su disposición pone de manifiesto una de las aportaciones esenciales de Muñoz a la escultura contemporánea, la incorporación del aire y de la tensión como elementos constitutivos de la obra. La artista entendía que sus creaciones debían «habitar el espacio».

El concepto de ente, que da título a la exposición, resume buena parte de esa búsqueda. Sus esculturas evocan organismos, personajes o presencias difíciles de clasificar. Oscilan entre la figuración y la abstracción, entre lo vegetal, lo animal y lo arquitectónico. También revelan una sensibilidad hacia los ecosistemas naturales que atravesó toda su producción.

Esa fascinación alcanzó una nueva dimensión con los Pájaros-cometas, estructuras de lona y varillas desarrolladas a partir de 1979. Inspiradas en las velas de los barcos, la papiroflexia y los prototipos de Leonardo, estas piezas llevaron la investigación de Muñoz hacia las posibilidades del movimiento y la suspensión. El Pájaro-cometa B2 (1982), perteneciente al MACBA, vuelve a mostrarse después de cuarenta años. En el atrio del museo se presentan, además, tres reconstrucciones a tamaño real realizadas a partir de sus diseños originales.

Vistas de la exposición «Aurèlia Muñoz. Entes», 2026. Foto: Miquel Coll.

En los años ochenta, la artista encontró en el papel elaborado a mano un nuevo territorio de experimentación. El Mediterráneo, que conocía también a través de la práctica del buceo, inspiró formas que recuerdan algas, anémonas, escamas y organismos submarinos. Obras como Algas azules con caracoles (1986) prolongan su investigación sobre las fibras naturales y sus posibilidades de transformación.

Uno de los aspectos más reveladores de la retrospectiva es la incorporación de sesenta dibujos, junto con maquetas, fotografías, bocetos y documentación procedente de su archivo personal. Estos materiales permiten reconstruir la complejidad de sus procesos creativos y muestran hasta qué punto cada obra era resultado de una investigación minuciosa. También ayudan a comprender las dificultades que afrontó para desarrollar una carrera independiente en un contexto político y social poco favorable al reconocimiento profesional de las mujeres artistas.

La trayectoria internacional de Muñoz, presente en las bienales de Lausana, São Paulo y Venecia, confirma la importancia de una creadora cuya producción resulta difícil de encerrar en una sola disciplina. La retrospectiva del MACBA devuelve la atención a esa libertad de experimentación y, especialmente, a una concepción de la escultura en la que la materia podía desprenderse de sus soportes tradicionales y conquistar el espacio.

La muestra, comisariada por Manuel Cirauqui, Sílvia Ventosa Muñoz y Rosa Lleó, es fruto de una extensa investigación y de la colaboración entre el MACBA, el Museo Reina Sofía, la plataforma de investigación einaidea y el Archivo Aurèlia Muñoz.

Vistas de la exposición «Aurèlia Muñoz. Entes», 2026. Foto: Miquel Coll.