Comisariada por Alejandro Castañeda y Marta Sesé, la muestra reúne trabajos ejecutados entre 1969 y 1992, año de su repentina muerte. En este periodo de más de dos décadas, Camacho llevó a cabo una producción artística muy fructífera en la que destacan series tan reconocibles como El mito de los cuerpos o La Palma, pero también trabajos que, aunque quizá gozaron de menor reconocimiento, resultan fundamentales para comprender la complejidad de su trayectoria y de su personalidad.
Ritos del deseo responde, en palabras de los comisarios, «a la propia metodología del artista, a su trabajo en series, a su insistencia en una repetición variada y en una labor cíclica cuyos temas y formas no se agotan, sino que se transforman, surgen y resurgen, revisados y reinterpretados una y otra vez. Como un rito que, en este caso, viene empujado por el deseo en todas y cada una de sus formas».
Camacho estableció una relación de simbiosis con su propia obra; tenía la voluntad de que su arte estuviera alineado con su verdad, con el goce, con el deseo, pero también con el sufrimiento, todo ello con la pretensión de que su vida y su realidad pictórica fueran una misma cosa.
Guiada por el denso erotismo que inspira toda su trayectoria, la exposición ahonda en las iconografías y materialidades de su obra con el anhelo de reclamar hoy aquellas estrategias que al artista le sirvieron para insistir en la ruptura de los binarismos, como la organicidad, el travestismo y las temporalidades circulares. Refiriéndose a sí mismo, Camacho afirmó ser «el pintor de un nuevo misticismo que canta a la vida, que quiere aprender a vivir y que lucha por librarse de los falsos profetas y sacerdotes que quieren imponer una vida y muerte al uso».
Como recuerdan los comisarios, Camacho expresó su voluntad de que su obra fuera destruida tras su fallecimiento. Ese deseo, que afortunadamente no llegó a materializarse, resuena hoy con los problemas de conservación y la degradación que sus piezas han sufrido debido a su complejidad técnica y matérica. Esta muestra incide en ese deterioro, «haciendo visible la historia viva de las obras y la evolución de la figura de Camacho tras su muerte».
Y además

Al mismo tiempo, TEA acoge otras tres exposiciones: Para que podamos vivir. La Laguna, 1968-1983 [3], exposición comisariada por el Equipo TEA, Juan Albarrán, Daniasa Curbelo y Servando Rocha; Óscar Domínguez. Cartas a Marcelle Ferry [4], comisariada por Isidro Hernández, y Jugueteando, en un renovado Espacio MiniTEA [5] y realizada en colaboración con el artista Sema Castro y la artista Elena Galarza.
Con estas muestras simultáneas, el museo ofrece una visión plural que combina la recuperación de figuras clave del arte contemporáneo en Canarias, la puesta en valor de sus fondos artísticos y archivos documentales y el inicio de un ciclo de colaboraciones entre el departamento de educación y artistas contemporáneos.