- hoyesarte.com - https://www.hoyesarte.com -

Cristina Megía: detener la mirada

La muestra incluye obras fechadas entre 2015 y la actualidad. No responde, sin embargo, al propósito de resumir una trayectoria. Megía, junto con los comisarios, ha concebido la exposición con libertad, atendiendo a las relaciones que surgen entre las piezas y a la manera en que unas transforman la lectura de las otras.

Cada pintura establece un diálogo con las demás y construye un itinerario donde los paisajes, los retratos, los interiores y las naturalezas muertas aparecen unidos por una misma sensibilidad: la búsqueda de una pintura capaz de detener el tiempo y convertir la observación en una experiencia profundamente poética.

La exposición invita así a avanzar sin prisa. Las obras no se suceden para articular un relato cerrado, sino para acompañar al visitante en un tránsito entre realidades, espacios y estados de ánimo. Cada lienzo plantea su propio tiempo. La pintura deja de ser una superficie destinada únicamente a representar y se convierte en un lugar donde la percepción puede demorarse.

Paisaje

El paisaje como espacio de contemplación y silencio ocupa la parte principal del recorrido. Aunque nunca estuvo ausente de la producción de Megía, su presencia creció de manera significativa a partir de 2020. La pandemia y la experiencia del confinamiento dirigieron su atención hacia el exterior y hacia la esencia de unos espacios naturales deshabitados que comenzaron a adquirir una dimensión nueva en su trabajo.

No aparecen figuras humanas ni episodios que permitan construir una narración convencional. La naturaleza se presenta en estado de quietud. Bosques, piedras, saltos de agua y extensiones de vegetación quedan suspendidos en una atmósfera que invita a contemplarlos antes que a interpretarlos. La luz, el color y la materia pictórica determinan la identidad de unos lugares que, más que reproducir un enclave reconocible, condensan una emoción.

Obras como Loa a la tierra I, pintada en 2020, o Hacer pie en la tierra, de 2022, ejemplifican esa aproximación. El paisaje no funciona como fondo ni como simple descripción del entorno. Posee entidad propia y demanda una relación lenta con el espectador. También trabajos más recientes, como Cascada (2025), confirman la continuidad de una investigación en la que observar la naturaleza supone atender a sus ritmos, accidentes y texturas.

Imaginación, memoria y emoción

«Apuesto por detener la mirada, por volver a la poesía y, obviamente, por estudiar la técnica para que esté al servicio de todo ello, al servicio del lenguaje y de la emoción, que es como yo quiero comunicarme y lo que quiero que llegue al espectador».

(Cristina Megía)

El título de la exposición encierra una contradicción. El perro, el niño y los ojos cerrados parece aludir a la ausencia de la mirada, cuando en realidad plantea exactamente lo contrario: mirar con mayor intensidad. El perro y el niño aparecen en dos de las obras expuestas, pero son también una metáfora de una pintura que no busca ofrecer respuestas inmediatas, sino despertar la curiosidad del espectador y abrir un espacio para la imaginación, la memoria y la emoción.

 
La ausencia de personas refuerza la sensación de silencio, pero no convierte estos escenarios en espacios vacíos. En ellos permanece la huella de una mirada que selecciona, encuadra y transforma. Megía se aproxima a la naturaleza desde la pintura y evita convertirla en pretexto para una historia ajena. El motivo representado conserva su autonomía mientras la pincelada, la atmósfera y la luz construyen una realidad nueva.

Este protagonismo del paisaje no desplaza otros asuntos habituales en su obra. Los retratos, las naturalezas muertas y los interiores de museos aparecen integrados en el recorrido y amplían el horizonte de la exposición. Son motivos distintos, aunque todos comparten una atención semejante hacia lo que sucede dentro del cuadro. Una figura, un objeto o una sala pueden convertirse en ámbitos de reflexión cuando la mirada se detiene el tiempo suficiente.

Comisariada por Juan Manuel Martín Robles, director de la Fundación de Arte Ibáñez Cosentino y del MUREC, y Francisco Copado, conservador jefe, El perro, el niño y los ojos cerrados permite reconocer la coherencia de la trayectoria de Megía sin someterla a una lectura cronológica. Producida por la Fundación de Arte Ibáñez Cosentino y organizada junto con la Diputación Provincial de Almería, la exposición propone una visita pausada y recuerda que contemplar exige disposición y curiosidad. Aunque el título mencione unos ojos cerrados, todo el recorrido anima a abrirlos con mayor atención.


– Abierto el plazo para el taller que impartirá Cristina Megía en el MUREC. Inscripción hasta el 11 de septiembre [1]. Plazas limitadas

Tradición y experiencia

Cristina Megía en la exposición «El perro, el niño y los ojos cerrados». Museo del Realismo Español Contemporáneo de Almería.

Cristina Megía es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Granada y en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla. Esa doble formación se percibe en una práctica atravesada por el conocimiento de la historia de la pintura. Sus referencias recorren un arco amplio que va de la tradición flamenca a Manet y de Sánchez Cotán a Morandi, Hopper o Balthus. La artista incorpora ese legado a una obra personal que mantiene su confianza en la materia pictórica y dialoga con el presente. La tradición actúa como un sedimento desde el que abordar cuestiones contemporáneas relacionadas con el tiempo, la percepción y la manera en que las imágenes condicionan nuestra experiencia del mundo.

Megía formó parte de la primera promoción de residentes de la Fundación Antonio Gala para Jóvenes Creadores, entre 2002 y 2003, y posteriormente obtuvo becas y residencias en Noruega, Brasil, Mallorca, A Coruña y Granada. También ha recibido reconocimientos como el Premio Nacional de Pintura Antonio López García, concedido en Tomelloso en 2001, el Premio Alonso Cano de Pintura de la Universidad de Granada en 2006 y la Medalla de Oro de la Exposición Internacional de Otoño de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en 2025.