En las primeras películas sonoras de Tarzán, las imágenes filmadas en África servían de fondo a escenas interpretadas por actores en los estudios de Hollywood. Un equipo filmaba a los habitantes del continente; otro rodaba la historia de los protagonistas delante de aquellas proyecciones. Cortiñas se detuvo en la diferencia: unos personajes recibían un rostro y una trama; los otros quedaban integrados en el paisaje.
De ahí nació The Most Given of Givens [Lo más dado de lo dado], la instalación de vídeo de tres canales que realizó en 2016 y que el Reina Sofía ha incorporado recientemente a su colección. La invitación del museo a revisitarla dio lugar a La máquina sueña con humo, abierta en el Espacio 1 del edificio Sabatini hasta el 8 de marzo de 2027. La muestra reúne la obra, de diez minutos, y una nueva instalación concebida para su antesala.
Amanda de la Garza, subdirectora artística del Reina Sofía, explica que este es el segundo proyecto de una línea dedicada al cine de exposición en ese espacio. El museo se propone mostrar periódicamente obras de vídeo de su colección y estudiarlas mediante nuevas propuestas. Para Cortiñas, volver a una pieza realizada hace diez años ha supuesto ponerla en relación con los dispositivos que hoy intervienen en nuestra forma de mirar.
La artista grancanaria lleva más de dos décadas investigando cómo las imágenes enseñan a ver y a aceptar determinadas relaciones de poder. Comparte con el cineasta Harun Farocki, a quien citó en la presentación, la necesidad de detenerse ante las imágenes que circulan con rapidez: preguntarse quién las produce, a quién representan y qué queda fuera de campo.
En The Most Given of Givens, Cortiñas interrumpe la narración del cine de aventuras y enfrenta fragmentos encontrados de distintas épocas. La investigación le llevó tres años y se extendió más allá de las películas de Tarzán. El montaje permite observar la continuidad de ciertas formas de representar África y a sus habitantes sin seguir el relato que proponían las producciones originales.
Entre los materiales aparece El retorno de un aventurero (1966), de Moustapha Alassane. Cortiñas recuerda la importancia que tuvo para ella el cine africano que vio mientras crecía en Canarias. En la película de Alassane encontró una apropiación del western desde un punto de vista africano: sus vaqueros son negros y entre ellos hay una mujer que monta a caballo y asume ese papel. La instalación incorpora también fragmentos de Las estatuas también mueren, de Alain Resnais y Chris Marker, y la imagen de una acrópolis griega rodeada de andamios.
Lola Hinojosa, responsable de la Colección de Artes Performativas e Intermedia del Departamento de Colecciones y autora de la hoja de sala, recuerda que el interés inicial de Cortiñas por Tarzán incluía a Jane. La artista se fijó en un personaje situado entre la sumisión y la participación en la violencia de la empresa colonial.
Para Cortiñas, estas imágenes tienen además una dimensión biográfica. Nacida en Canarias, señala la proximidad de las islas al continente africano y su posición en las políticas fronterizas europeas. También evoca su contacto temprano con el cine africano y latinoamericano, decisivo en su toma de conciencia política.
La nueva instalación ocupa la antesala del Espacio 1. Cortiñas ha utilizado imágenes de archivo comercial e inteligencia artificial para componer un revestimiento para las paredes en tonos pastel que remite a los fondos de croma. Ha añadido elementos de metal y figuras asociadas a dispositivos de visión, como drones, teléfonos móviles y cámaras.
En el revestimiento aparecen vitrinas vacías. La institución que conserva y clasifica objetos entra así en el campo de preguntas de la artista: qué significado les atribuye y qué historias cuenta con ellos. Hinojosa relaciona esas vitrinas desocupadas con las piezas expoliadas durante la expansión colonial que permanecen en colecciones europeas. Su ausencia remite a los lugares de los que fueron separadas y a la cuestión de su restitución.
Cortiñas describe el museo como una «máquina de visión» que crea sentidos y categorías. La expresión enlaza las dos partes de la muestra. En la obra de 2016, la cámara y el montaje cinematográfico distribuían papeles; en la nueva instalación, la vitrina se suma a los dispositivos que observan, registran y ordenan el mundo.
La artista reconoce que conectar aquella pieza con sus preocupaciones actuales no fue inmediato. Al revisar su trayectoria encontró preguntas que seguían presentes, aunque hayan cambiado las tecnologías. Al cine se añaden ahora el móvil, el dron y los sistemas que producen y distribuyen imágenes digitales. La facilidad para crearlas y compartirlas, sostiene, no elimina las desigualdades inherentes a esos sistemas.
El título reúne varias de sus inquietudes. La máquina remite al cine, pero también a instituciones y conglomerados capaces de producir imágenes e influir en la opinión; el humo, a lo que impide ver con claridad sus mecanismos y consecuencias. Cortiñas explicó que «sueña» abre otra posibilidad: frente a los relatos que presentan el futuro como algo ya decidido, reivindica la capacidad humana de imaginarlo de otra manera.
La exposición se acompaña del ciclo Sobre imágenes y desobediencia. Carta blanca a Eli Cortiñas, programado hasta el 3 de octubre. Incluye obras de la artista y películas elegidas por ella: algunas fueron decisivas en su formación; otras pertenecen a creadores con quienes comparte preguntas. Es, según Cortiñas, una manera de mostrar las conversaciones que atraviesan su trabajo.
Desigualdad, prejuicios y discriminación
Eli Cortiñas vive en Alemania desde 1995 y en Berlín desde 2013. Estudió Arte y Medios en la Academy of Media Arts de Colonia. Su práctica, de orientación feminista e interseccional, trabaja con los archivos y cuestiona sus relatos. Cortiñas investiga cómo las desigualdades de poder se generan, circulan y perduran en los sistemas históricos, culturales y tecnológicos. También examina cómo los prejuicios y la discriminación se incorporan a las tecnologías contemporáneas y cómo estas dinámicas se intensifican en el capitalismo digital extractivo, que concentra el poder y sus beneficios en un reducido número de agentes.
Ha obtenido numerosas becas y residencias internacionales y sus obras forman parte de colecciones públicas como las del Centro Atlántico de Arte Moderno, el Museum Kunstpalast de Düsseldorf, el Kunstmuseum Bonn y el Senado de Berlín, así como de la colección de la YAKS Foundation. Su trabajo se ha presentado en instituciones como el Museum Ludwig, BOZAR, la Kunsthalle de Budapest, el CAC Vilnius, la Schirn Kunsthalle, SAVVY Contemporary, el S.M.A.K., el Kunstverein Braunschweig, MARTa Herford, el Kunstraum Innsbruck, el Centre Pompidou, el Museo de Arte Moderno de Moscú, el Kunstmuseum Bonn y el MUSAC, además de en bienales y festivales internacionales.
La docencia forma parte de su compromiso con el intercambio entre generaciones. Ejerce como profesora desde 2011 y, en 2022, fue nombrada profesora titular de Arte y Medios en la Academia de Artes Visuales de Leipzig.











