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Denise Scott Brown, la arquitecta que enseñó a mirar la ciudad cotidiana

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La muestra propone un recorrido por la trayectoria intelectual y profesional de una creadora que contribuyó decisivamente a redefinir la arquitectura de la segunda mitad del siglo XX. A través de más de un centenar de dibujos, fotografías, carteles, maquetas y documentos originales, permite reconstruir el universo de una autora cuya influencia se extiende mucho más allá de los edificios que ayudó a proyectar.

Denise Scott Brown en su casa de Filadelfia, 1977. © Fotografía: Lynn Gilbert.

Nacida en 1931 en Nkana, en la actual Zambia, Scott Brown desarrolló una trayectoria marcada por el movimiento constante. Estudió en Johannesburgo, continuó su formación en Londres y Roma y, finalmente, se instaló en Filadelfia en 1958. Aquella ciudad acabaría convirtiéndose en el centro de una intensa actividad académica, profesional y teórica que compartiría con Robert Venturi y que tendría consecuencias profundas para varias generaciones de arquitectos.

La exposición, comisariada por Maria Pia Fontana y Miguel Mayorga, se articula en torno a tres escalas fundamentales de la arquitectura —la ciudad, la calle y la casa—, una estructura que permite comprender la amplitud de sus intereses y la coherencia de un pensamiento que conectó urbanismo, sociología, cultura popular y diseño.

Urbanismo

El primer ámbito sitúa al visitante en la Filadelfia que marcó su carrera. Allí desarrolló investigaciones y proyectos que incorporaban el urbanismo como una herramienta esencial del diseño arquitectónico. Lejos de entender los edificios como objetos aislados, Scott Brown defendió la necesidad de comprender los contextos urbanos, los flujos sociales y las dinámicas colectivas que configuran el espacio público. Proyectos como Franklin Court, el centro de visitantes de Independence Mall o los estudios urbanísticos sobre Fairmount y Penn’s Landing muestran una forma de intervenir en la ciudad que combina análisis, observación y sensibilidad hacia la vida cotidiana.

La segunda sección se adentra en una de sus aportaciones más influyentes. La calle aparece aquí como un territorio cargado de significados culturales, un espacio donde la arquitectura dialoga con los símbolos, los anuncios, las señales y los hábitos de quienes la recorren. En este apartado ocupa un lugar central la investigación que desembocó en Learning from Las Vegas, un ensayo crítico publicado en 1972 junto a Venturi y Steven Izenour.

Aquel libro alteró profundamente los códigos de la disciplina. Frente a la visión tradicional que despreciaba la cultura popular y los paisajes comerciales, Scott Brown defendió la necesidad de estudiarlos y comprenderlos. Los carteles luminosos, los moteles, las carreteras y la experiencia del automóvil pasaban a formar parte de un nuevo vocabulario arquitectónico. Lo que para muchos era banal o carente de interés se convertía en una valiosa fuente de conocimiento sobre la sociedad contemporánea.

La influencia de aquella investigación resultó decisiva. Sus métodos de análisis redefinieron el planeamiento urbano y abrieron caminos que todavía hoy siguen presentes en la práctica arquitectónica. La exposición muestra materiales originales de ese trabajo pionero, permitiendo comprender cómo una mirada aparentemente sencilla sobre el paisaje urbano terminó transformando el lenguaje de toda una profesión.

Una nueva luz

El reconocimiento de Denise Scott Brown ha sido sistemáticamente desatendido durante demasiados años y su figura relegada a la sombra de su socio y marido. Juntos desarrollaron una intensa actividad teórica, docente y profesional que incorporó el urbanismo y la cultura popular al diseño arquitectónico. Sus propuestas iconográficas, claramente conectadas con el arte, han tenido gran impacto en la arquitectura y el diseño de la segunda mitad del siglo XX y principios del XXI. Después de Learnig from Las Vegas, el lenguaje de la profesión queda roto para permitir la entrada de una nueva luz que modificará los métodos de análisis y códigos utilizados por los arquitectos contemporáneos.

 
El recorrido concluye en la escala doméstica. La casa aparece como un laboratorio desde el que Scott Brown exploró las relaciones entre arquitectura, identidad y formas de vida. Sus investigaciones sobre los suburbios estadounidenses cuestionaron muchos de los prejuicios que los arquitectos mantenían respecto a estos entornos residenciales.

Especial relevancia adquiere el estudio sobre Levittown, desarrollado a comienzos de los años setenta. Frente a quienes veían aquellos barrios como espacios uniformes y carentes de interés, ella observó las múltiples formas mediante las que sus habitantes expresaban su individualidad. Jardines, fachadas, decoraciones y pequeños gestos cotidianos revelaban una compleja red de significados culturales que merecía ser analizada.

La exposición también presta atención a algunas de las viviendas más icónicas vinculadas a su trayectoria, entre ellas la célebre Vanna Venturi House y las Trubek and Wislocki Houses. En ellas confluyen muchas de las preocupaciones que definieron su pensamiento, desde la relación con el entorno hasta la dimensión simbólica de la arquitectura doméstica.

Más allá de los documentos y proyectos expuestos, la muestra incorpora una veintena de piezas de arte y mobiliario procedentes de la colección personal de la arquitecta. Obras de figuras como Andy Warhol, Roy Lichtenstein o Ed Ruscha permiten establecer conexiones entre la arquitectura, el arte contemporáneo y la cultura visual que tanto interesaron a Scott Brown a lo largo de su carrera.

Su presencia se hace aún más tangible gracias a 21 Structures on Wissahickon Lane, un documental producido por el museo y dirigido por Manuel Asín y Pablo García Canga. La película se adentra en la vivienda que compartió durante más de medio siglo con Robert Venturi en Filadelfia y construye un retrato íntimo a partir de los espacios, los objetos y los recuerdos de la arquitecta. Las imágenes de la casa dialogan con sus propias palabras, componiendo una reflexión sobre la memoria, la creación y el paso del tiempo.


La publicación que acompaña la exposición prolonga esa misma voluntad de revisión. Organizado también en torno a las categorías de ciudad, calle y casa, el catálogo reúne materiales procedentes del archivo de Venturi, Scott Brown and Associates y de la colección privada de la arquitecta, además de textos de especialistas y un ensayo firmado por ella misma.

La muestra devuelve al primer plano a una pensadora que enseñó a los arquitectos a observar aquello que parecía invisible. Gracias a ella, la ciudad cotidiana, los suburbios, los anuncios comerciales y la cultura popular entraron en el debate arquitectónico con una legitimidad que hasta entonces les había sido negada. Su legado sigue presente en la forma en que hoy entendemos el espacio urbano y en la manera de relacionar arquitectura, sociedad y cultura visual.


Tanto la exposición como el documental han sido realizados gracias al apoyo de Petronor, Patrono Estratégico de la Fundación Museo de Bellas Artes de Bilbao.