La propuesta parte de una intuición. Si Goya advertía que el sueño de la razón podía engendrar monstruos, el de Chillida engendra equilibrio. Su obra nunca fue un ejercicio de dominio sobre la materia, sino un diálogo sostenido con ella. El hierro no se impone, se pliega. La piedra no se somete, respira. El vacío no es ausencia, sino lugar habitable.
Soñar el espacio alude precisamente a esa capacidad de imaginar lo intangible. En Chillida, el espacio no es un contenedor neutro, sino una fuerza activa que modela la forma tanto como el material. Luz y sombra se convierten en herramientas constructivas. El aire adquiere peso. El límite deja de ser frontera para transformarse en punto de encuentro.
La exposición traduce esa poética en un recorrido que invita a la contemplación tranquila. Más que explicar, sugiere. Más que imponer un discurso, abre preguntas. El visitante no observa desde fuera; entra en conversación con las piezas.
El conjunto reúne 102 trabajos entre esculturas y obra sobre papel, una selección que atraviesa distintas etapas y materiales. Veinte esculturas articulan el itinerario principal. Yeso, alabastro, hierro forjado, hormigón armado o tierra chamota conforman un paisaje matérico que refleja la coherencia de una trayectoria marcada por la experimentación.
El hierro aparece en piezas como Proyecto para Monumento a la tolerancia, Topos, Estela V o Elogio al horizonte. En ellas, la densidad del metal convive con aperturas que capturan la luz. El alabastro de Lo profundo es el aire XXI filtra una claridad interior que parece emanar desde el núcleo mismo de la obra. Las célebres Lurrak, bloques de arcilla apenas intervenidos, revelan el interés de Chillida por los procesos naturales y por el tiempo como aliado creativo.
El diálogo con el espectador se produce en esa tensión entre masa y vacío. Cada escultura exige ser rodeada. Ninguna se agota en una sola perspectiva. La forma se despliega en el movimiento de quien la contempla.
Uno de los aciertos de la muestra reside en subrayar la importancia de la obra sobre papel. En el caso de Chillida, los dibujos no son estudios previos ni simples apuntes. Constituyen un espacio autónomo de pensamiento. Bocetos como el destinado a la plaza de los Fueros de Vitoria o trabajos como Jaula de libertad evidencian la misma intensidad conceptual que sus esculturas. Tinta, carbón y sanguina trazan geometrías que dialogan con el volumen, mientras las manos abiertas o entrelazadas exploran la relación entre gesto y espacio. En los retratos dedicados a su esposa e hijos, así como en algunos autorretratos, emerge una dimensión más íntima sin abandonar la profundidad expresiva.
A esta sección se suman collages de papeles rasgados y la serie Gravitaciones, desarrollada desde 1985. En ellas, los recortes suspendidos generan una tercera dimensión inesperada. El plano se convierte en campo expandido. La levedad del papel alcanza una potencia escultórica.
De forma complementaria, Fundación Ibercaja ha editado un catálogo que cuenta con textos de Mikel Chillida, director de Desarrollo de Chillida Leku; Alicia Vallina, comisaria y conservadora de Museos Estatales; Javier Chavarría, artista plástico y profesor de la Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología-UDIT, y Elvira Guerra y Lorena Robredo, conservadoras de Museos Estatales.
























