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El espíritu comprometido de Consuelo Kanaga

Tras su paso por Barcelona, Fundación MAPFRE presenta en Madrid Consuelo Kanaga: atrapar el espíritu, una exposición comisariada por Drew Sawyer que recorre por primera vez en Europa las seis décadas de trabajo de esta fotógrafa estadounidense. Desde sus comienzos en la costa oeste hasta sus últimos años en Nueva York, la muestra se organiza en torno a tres temas principales: sus retratos, sus paisajes urbanos y su compromiso con las cuestiones sociales.

A través de fotografías en blanco y negro, se presenta la figura compleja y vital de Kanaga, cuyo trabajo continúa desafiando las normas y las expectativas de lo que puede ser la fotografía. Un espíritu libre, comprometido con la justicia social y profundamente humano. «En esta muestra se aprecia el progreso de su obra, desde sus primeros años como fotoperiodista, hasta su trabajo como retratista», destaca su comisario.

Figura poco convencional, logró ejercer profesionalmente el fotoperiodismo en una fecha tan temprana como la década de 1910. Fue también una de las pocas mujeres que mantuvo una estrecha relación con los círculos de vanguardia.

En esos contextos, su amistad y apoyo profesional abrió el camino a otras fotógrafas de aquello años. Sin embargo, las desigualdades de género y las convenciones sociales limitaron su capacidad para dedicarse plenamente a la labor artística. Desempeñó trabajos a jornada completa y destinaba los fines de semana a su obra más personal.

Abriendo camino

Consuelo Kanaga. ‘Self-portrait’ [Autorretrato], s. f. Copia de plata en gelatina, 51 × 38,3 × 3,8 cm, enmarcada. Brooklyn Museum, donación de Wallace B. Putnam del State of Consuelo Kanaga, 82.65.444. © Brooklyn Museum. (Foto: Brooklyn Museum).

La carrera de Kanaga está especialmente entrelazada con un sólido y amplio círculo de fotógrafas con las que tuvo una especial relación durante su extensa carrera. Fue un gran apoyo y una confidente para Imogen Cunningham, Louise Dahl-Wolfe, Dorothea Lange, Alma Lavenson, Tina Modotti y Eiko Yamazawa, entre muchas otras a quienes proporcionó consejo, compañía y conexiones en el siempre difícil mundo de la fotografía de prensa y artística de la primera mitad del siglo XX. Con algunas de ellas mantuvo una relación más estrecha, como Lange y Lavenson, con quienes compartió estudios, inquietudes y proyectos. También se relacionó intensamente con compañeros masculinos, como Weston, Van Dyke o Strand.

 

 

La exposición, organizada a partir de la colección del Brooklyn Museum [1], que ha custodiado su archivo, cuenta con cerca de 180 fotografías (en su mayoría impresiones de época) y diverso material documental. A la vez que recorre y contextualiza el trabajo de Kanaga y presenta algunas de sus imágenes icónicas, incide también en el papel de la fotografía en la representación del mundo afroamericano.

Escena americana

Al igual que otros artistas estadounidenses del período de entreguerras, Kanaga se sintió especialmente atraída por lo que se conoció como la escena americana, tendencia que buscaba celebrar los temas vernáculos y la gente corriente para crear un arte marcadamente nacional. Kanaga se centró sobre todo en temas marginales del día a día y de la política, desde los trabajadores y los afroamericanos hasta objetos y edificios normalmente desatendidos por la representación fotográfica. Lo que realmente le interesaba eran las personas y sus problemas: la marginación social, la pobreza, el acoso racial o la desigualdad, sobre todo en relación con la población afroamericana de Estados Unidos.

Al mismo nivel que su interés por la comunidad afroamericana, se interesó por los derechos de los trabajadores y el movimiento obrero. En una época marcada por el intento de fomentar la solidaridad entre los trabajadores más allá de razas y sexos, Kanaga se centró en las experiencias de los afroamericanos y de los obreros en particular. En este sentido, el comisario desea «que el alcance de la exposición realmente introduzca a las audiencias europeas en la amplitud de su obra, que incluye no solo sus conocidos retratos de afroamericanos, sino también su compromiso amplio con el modernismo fotográfico en los Estados Unidos. Verán una sección dedicada a naturalezas muertas y paisajes vernaculares y otros temas que la conectan con su época».

Nuevo Movimiento Negro

En respuesta al racismo, desde finales del siglo XIX, en ciudades como San Francisco, Washington o Nueva York, comenzaron a publicarse revistas y novelas creadas por hombres y mujeres negras. Este auge literario supuso el precedente de lo que se conoce como «Nuevo Movimiento Negro», que surge en Harlem entre 1920 y 1930, y que dio también nombre a la antología más completa sobre esta corriente cultural, realizada por Alain Locke y considerada en su momento como «el fundamento del canon negro».

Conocido también como «Renacimiento de Harlem», el movimiento supuso un período de florecimiento para los artistas negros, al tiempo que apelaba a los blancos a unirse a esta reivindicación de la igualdad a través de la cultura. Este es el caso de Kanaga, que se vinculó, a través de sus relaciones personales y de su trabajo fotográfico, a las demandas en pro de una redefinición de la identidad afroamericana.

Esta exposición ha sido organizada por el Brooklyn Museum de Nueva York en colaboración con Fundación MAPFRE y el San Francisco Museum of Modern Art.

Peripecia vital

 

«Cuando haces una fotografía, en gran medida es una imagen de ti mismo. Eso es lo importante. La mayoría de la gente intenta ser llamativa para captar la atención. Creo que la cuestión no es captar la atención, sino atrapar el espíritu».

(Consuelo Kanaga)


Consuelo Delesseps Kanaga nació el 15 de mayo de 1894 en Astoria, en el estado de Oregón. Hija de un abogado interesado por la agricultura y de la escritora Mathilda Carolina Hartwing, ayudó a sus padres desde muy joven en las tareas de redacción y edición, lo que seguramente hizo que se decantara por el periodismo.

En 1915, empezó a escribir para el San Francisco Chronicle y, tres años después, se convirtió en fotógrafa de plantilla. Conoció a Imogen Cunningham, Edward Weston y Dorothea Lange en el California Camera Club, y se interesó por la fotografía artística a través de la revista Camera Work, de Alfred Stieglitz.

Entre 1927 y 1928, viajó por Europa y el norte de África. A lo largo de su etapa adulta, vivió entre San Francisco y Nueva York, se casó en tres ocasiones y mantuvo distintos estudios dedicados al retrato. Participó también en el Grupo f/64 y sus imágenes se exhibieron en 1932 en la primera exposición de ese colectivo en el M.H. de Young Memorial Museum de San Francisco.

Tomó fotografías durante las luchas obreras que se extendieron por la costa oeste y, tras uno de sus regresos a Nueva York en 1935, se asoció a la Photo League. Steichen apoyó su fotografía y la incluyó en la célebre exposición The Family of Man en 1955. Entre las muestras que Kanaga realizó en Nueva York en la década de 1970 se cuentan la individual de 1974 en la Galería Lerner-Heller, la pequeña pero importante retrospectiva celebrada en 1976 en el Brooklyn Museum y la muestra en Wave Hill, Riverdale, al año siguiente.

Kanaga falleció en su casa de Yorktown Heights, Nueva York, en 1978. Un año después, su obra formó parte de la exposición Recollections: Ten Women of Photography, del International Center of Photography de Nueva York, y en 1992 fue objeto de una retrospectiva en el Brooklyn Museum, institución que conserva actualmente gran parte de su legado.

Pese a que en su tiempo Kanaga fue reconocida como una fotógrafa clave, su trabajo cayó rápidamente en el olvido tras su muerte. Hacia finales de los años setenta, la historiografía de la fotografía de vanguardia todavía no había comenzado a explorar y valorar adecuadamente el papel de las mujeres en el desarrollo de este medio, como tampoco el de los artistas afroamericanos.

Estas dos cuestiones fueron exploradas y visibilizadas de manera independiente en la década de los ochenta, por lo que no fue hasta los años noventa cuando se empezó a reconstruir la figura de Kanaga en el marco de su papel pionero como mujer fotógrafa y como retratista e intérprete de la comunidad afroamericana.