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El método Lixenberg

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Esa manera de entender la fotografía vertebra American Images, la primera gran retrospectiva dedicada a la artista neerlandesa, que puede visitarse en el Centro KBr de Fundación Mapfre, en Barcelona, hasta el 17 de enero de 2027. Organizada conjuntamente con la Maison Européenne de la Photographie (MEP) de París y comisariada por Laurie Hurwitz y Marcel Feil, la exposición reúne más de 126 fotografías, una instalación con 300 polaroids, dos videoproyecciones y diversos materiales audiovisuales, distribuidos en cinco secciones.

El recorrido permite comprender cómo Lixenberg ha desarrollado un lenguaje reconocible a partir de una decisión fundamental, la de situar a la persona por delante de su condición social, su notoriedad o las circunstancias que la rodean. Sus imágenes rara vez buscan el gesto espectacular. Prefieren la quietud, una expresión apenas perceptible o la postura que alguien adopta cuando empieza a sentirse cómodo ante la cámara.

La fotógrafa llegó a Nueva York en 1989, después de estudiar en el London College of Printing y en la Gerrit Rietveld Academie de Ámsterdam. Vivió en la ciudad estadounidense hasta 2018 y actualmente reparte su tiempo entre Nueva York y su ciudad natal. Su condición de extranjera influyó en la manera de observar el país y le permitió desarrollar una visión propia, alejada de las representaciones más convencionales del «sueño americano».

Desde comienzos de los años noventa colaboró con publicaciones como The New Yorker, The New York Times Magazine, Vibe, Newsweek y Rolling Stone. En paralelo, emprendió proyectos documentales que requerían años de trabajo y sucesivos encuentros con sus protagonistas. Ambas vertientes de su trayectoria, la editorial y la personal, responden a una misma concepción del retrato.

El tiempo 

Dana Lixenberg. Fotografía: © Lotte van Raalte.

Buena parte de la singularidad de Lixenberg reside en su método. Desde 1993 trabaja con una cámara de gran formato de 4 × 5 pulgadas, un instrumento cuyo manejo exige una preparación minuciosa y un ritmo considerablemente más lento que el de los equipos fotográficos convencionales.

La cámara obliga a detenerse, observar y establecer una colaboración con la persona retratada. La elección del encuadre, la luz, la postura y el momento de realizar la toma forman parte de un proceso compartido. Esa lentitud, lejos de representar una limitación, se ha convertido en una de las principales características de su obra.

La propia artista compara las sesiones con un «baile lento» y explica su propósito con estas palabras: «Me gusta despojarme de todo lo superfluo y concentrarme en la persona que tengo delante para verla en su totalidad y eliminar el ruido. Esos son los momentos que encuentro más reveladores, cuando aparentemente no ocurre gran cosa y, sin embargo, hay mucho que ver».

Su fotografía se consolidó precisamente cuando comenzaba a gestarse la transformación digital de la imagen. Frente a la creciente inmediatez, Lixenberg desarrolló un procedimiento que exigía paciencia y que otorgaba una importancia decisiva al encuentro personal. La precisión formal de sus retratos nace de esa atención sostenida, de la búsqueda de una expresión que no dependa de la actuación ni de la pose deliberadamente espectacular.

El blanco y negro desempeña también un papel esencial, especialmente en sus proyectos documentales. Al reducir la información cromática y atenuar las referencias temporales, concentra la atención en los rostros, las manos y el lenguaje corporal. En determinadas series, esa elección contribuye además a impedir que el entorno condicione de antemano la interpretación de las personas fotografiadas.

Esta manera de trabajar adquirió su forma definitiva en un complejo de viviendas sociales del sur de Los Ángeles. Allí comenzó el proyecto que marcaría su trayectoria.

Imperial Courts

Dana Lixenberg. Deioni, 2021. Serie Imperial Courts. © Dana Lixenberg. Courtesy of the artist and Grimm Amsterdam | London | New York.

En 1992, Los Ángeles fue escenario de graves disturbios tras la absolución de cuatro agentes de policía que habían sido grabados golpeando al conductor afroamericano Rodney King. Una publicación neerlandesa envió entonces a Lixenberg al barrio de Watts para documentar la destrucción y las tareas de reconstrucción.

Lo que encontró allí no coincidía con la imagen que ofrecían buena parte de los medios de comunicación, concentrados en la violencia y la actividad de las bandas. La distancia entre aquella representación y la realidad cotidiana de sus habitantes dejó una profunda impresión en la fotógrafa.

Al año siguiente regresó a Los Ángeles con una intención diferente. Quería realizar retratos de los vecinos de Imperial Courts, uno de los complejos de viviendas sociales más antiguos del sur de la ciudad, habitado mayoritariamente por población negra e hispana.

El acceso no fue sencillo. A través de la Black Carpenters Association conoció a Tony Bogard, miembro destacado de los Crips y una de las figuras que habían participado en las negociaciones para alcanzar una tregua entre bandas rivales en 1992. Bogard gozaba de reconocimiento dentro de Imperial Courts, pero recibió con escepticismo la propuesta de la fotógrafa. «¿Y nosotros qué sacamos de esto?», le preguntó.

Lixenberg no tenía una respuesta inmediata. Le explicó que deseaba realizar imágenes capaces de superar las representaciones simplificadoras del barrio. Tras varios encuentros y una sesión de prueba, Bogard aceptó colaborar y facilitó su entrada en la comunidad.

En marzo y abril de 1993, acompañada por André Rainey, un amigo de Bogard que acababa de salir de prisión, comenzó a recorrer Imperial Courts. Pasaban buena parte del día conversando con los vecinos, frecuentando los espacios comunes y compartiendo momentos de la vida diaria. La desconfianza inicial hacia aquella fotógrafa europea y blanca fue cediendo gradualmente.

Lixenberg trabajaba al aire libre, con luz natural, y utilizó por primera vez una cámara de gran formato. También comenzó a entregar a los retratados las pruebas realizadas con película Polaroid y las hojas de contacto de sesiones anteriores. Aquellas fotografías se convirtieron en una forma de establecer relaciones y demostrar que el intercambio no terminaba al disparar la cámara.

Los resultados se alejaban del dramatismo que dominaba las imágenes mediáticas de Watts. Retratos serenos, cuidadosamente compuestos, en los que los vecinos aparecían como individuos con una identidad propia, al margen de los prejuicios asociados al lugar donde vivían. A finales de aquel año, la revista Vibe, recién fundada, publicó una selección de las fotografías acompañada del poema People of Watts, de Ntozake Shange. La publicación supuso un impulso decisivo para la carrera editorial de Lixenberg.

Dana Lixenberg. Wilteysha, 1993. Serie Imperial Courts, 1993—actualidad. © Dana Lixenberg. Courtesy of the artist and Grimm Amsterdam | London | New York.

Sin embargo, la relación con Imperial Courts no terminó con aquel reportaje. La fotógrafa siguió visitando el barrio y llevando copias impresas de sus imágenes, aunque transcurrieron quince años antes de que volviera a fotografiar a sus habitantes.

En 2008 retomó el proyecto, impulsada por las reacciones emocionales que aquellas fotografías provocaban entre los vecinos. Algunos de los niños retratados en 1993 eran ya adultos y tenían sus propias familias. Otros habían desaparecido de la comunidad porque estaban encarcelados o habían sido asesinados.

El nuevo trabajo amplió su perspectiva. Lixenberg comenzó a fotografiar familias, grupos y espacios del barrio, estableciendo conexiones entre personas y generaciones. Las viviendas y el paisaje urbano apenas habían cambiado, mientras las biografías de sus habitantes acumulaban transformaciones, ausencias y nuevos vínculos.

La serie fue incorporando otros medios. En 2009 comenzó a realizar grabaciones sonoras y, tres años después, añadió el vídeo. Para entonces, los vecinos la conocían afectuosamente como the picture lady, la señora de las fotos.

En 2015 presentó Imperial Courts 1993-2015, una exposición y un libro que reunían buena parte de aquel trabajo. Antes de la publicación, distribuyó una edición especial entre los residentes retratados. El proyecto obtuvo en 2017 el Deutsche Börse Photography Foundation Prize, uno de los reconocimientos más destacados de su trayectoria.

La serie continúa abierta. Más de tres décadas después de las primeras fotografías, Imperial Courts constituye un archivo de vidas individuales, relaciones familiares y memoria colectiva, construido mediante sucesivos encuentros con una comunidad que ha participado activamente en su desarrollo.

La exposición dedica también un espacio a la videoinstalación Imperial Courts (2015), una obra de tres canales y 69 minutos de duración que prolonga la observación fotográfica mediante imágenes en movimiento.

La cámara permanece habitualmente fija. Ante ella transcurren conversaciones entre mujeres que se trenzan el cabello, celebraciones por la graduación de un joven, reuniones familiares y tardes de aparente inactividad. En ocasiones, los vecinos se dirigen directamente al objetivo o recitan sus propios textos. Otras veces, la acción se desarrolla sin que los protagonistas parezcan prestar atención a la grabación.

La banda sonora introduce elementos que la fotografía no puede registrar. El ruido de la autopista cercana, la música hiphop y la salsa, las campanillas de los camiones de helados y las voces de los residentes componen el ambiente del barrio. También aparecen las tensiones que forman parte de su realidad. Los helicópteros policiales sobrevuelan la zona y pequeños monumentos recuerdan a las víctimas de la violencia.

La videoinstalación conserva la paciencia que caracteriza a los retratos de Lixenberg. Las escenas se suceden sin una narración convencional y conceden tiempo a gestos y situaciones que difícilmente ocuparían un lugar central en una representación periodística del barrio.

Tupac y Biggie

Dana Lixenberg. Tupac Shakur, 1993. Cortesía de la artista y Grimm Ámsterdam, Londres, Nueva York. © Dana Lixenberg. Courtesy of the artist and Grimm Amsterdam | London | New York.

La publicación de las primeras fotografías de Imperial Courts en Vibe tuvo una consecuencia inesperada. George Pitts, editor de fotografía de la revista, se interesó por el trabajo de Lixenberg y comenzó una colaboración que resultaría determinante en su trayectoria. Uno de los encargos más conocidos llegó en 1993, cuando fotografió a Tupac Shakur, entonces de veintidós años, en Atlanta. La sesión tuvo lugar al aire libre, bajo una ligera llovizna.

El retrato presenta al músico con la cabeza ligeramente inclinada y una expresión reflexiva. Lixenberg prescinde de los códigos visuales asociados a su imagen pública y se concentra en la sensibilidad y el carácter introspectivo de un artista que también era poeta y estaba políticamente comprometido.

Tres años después fotografió para la misma revista a Christopher Wallace, conocido como The Notorious B.I.G. o Biggie Smalls.

Las muertes de ambos raperos, ocurridas con apenas un año de diferencia, contribuyeron a convertir sus imágenes en iconos de la cultura popular. Los retratos comenzaron a reproducirse en murales, carteles, tatuajes y productos comerciales, muchos sin autorización, hasta adquirir una circulación muy superior a la prevista para sus publicaciones originales.

American Images incluye un mural concebido inicialmente como póster desplegable para el libro Tupac Biggie, publicado en 2018 por Roma Publications y Patta. El retrato de Biggie se presenta al final del recorrido.

La historia de estas fotografías revela una de las particularidades de la obra de Lixenberg. Imágenes nacidas de encuentros concretos y construidas mediante una relación personal terminaron convertidas en símbolos reconocibles internacionalmente. Su difusión posterior adquirió una dimensión que escapaba al contexto en el que habían sido realizadas.

Huellas analógicas

Otro de los conjuntos destacados de la retrospectiva es Polaroid 54/59/79, una instalación que reúne 300 instantáneas realizadas entre 1993 y 2010. Lixenberg utilizaba películas Polaroid de 4 × 5 pulgadas para comprobar la iluminación y la composición antes de realizar sus fotografías definitivas. Eran herramientas de trabajo, pruebas que permitían introducir ajustes durante la sesión. Muchas acababan en manos de las propias personas retratadas, de modo que la artista conservó únicamente una parte del material producido.

Cuando Polaroid dejó de fabricar aquellas películas en 2008, el procedimiento comenzó a desaparecer. Lixenberg utilizó su última caja en 2010. Años después, mientras revisaba su archivo en Ámsterdam, recuperó las imágenes que todavía conservaba. De aquella revisión surgió el libro Polaroid 54/59/79, publicado por Roma Publications en 2022, y una exposición presentada ese mismo año en el Huis Marseille Museum voor Fotografie.

Las pruebas poseen una apariencia distinta de la de sus retratos definitivos. Algunas presentan arañazos, huellas dactilares, alteraciones cromáticas e imperfecciones propias del proceso. Son imágenes realizadas con rapidez, sin la preocupación por alcanzar una composición final.

La instalación, presentada en vitrinas diseñadas para estas fotografías, permite observar una faceta menos conocida de su trabajo. Lo que inicialmente tenía una función técnica ha terminado convirtiéndose en un registro de encuentros que se extendieron a lo largo de casi dos décadas.

Junto a las polaroids se presenta una proyección digital de copias analógicas de trabajo, páginas de revistas y hojas de contacto procedentes de su archivo. El conjunto reconstruye parte del proceso editorial anterior a la generalización de la fotografía digital, cuando la artista revelaba sus materiales en laboratorios de alquiler de Nueva York.

La proyección se acompaña de American Sounds, una composición del DJ y productor Vic Crezée creada en 2018 con música y textos recitados por personas fotografiadas por Lixenberg. Entre las voces y artistas incluidos figuran Leonard Cohen, Prince, Iggy Pop, Allen Ginsberg, Louise Bourgeois, Jay-Z y Tupac Shakur.

Jeffersonville

Dana Lixenberg. Patricia Miller, 1998. Serie Jeffersonville, Indiana, 1997—2004. © Dana Lixenberg. Courtesy of the artist and Grimm Amsterdam | London | New York.

En 1997, un encargo de la revista Jane llevó a Lixenberg a Haven House, un refugio temporal para personas y familias sin hogar situado en Jeffersonville, una pequeña localidad de Indiana próxima a la frontera con Kentucky. La visita debía dar lugar a un reportaje puntual, pero la fotógrafa decidió regresar. El proyecto se prolongó hasta 2004 y dio origen a una serie que cuestiona las imágenes convencionales del sinhogarismo.

Desde el principio le llamó la atención la diversidad de quienes acudían al refugio. Sus historias personales y las circunstancias que los habían conducido hasta allí no respondían a un patrón único. En muchos casos, además, su situación era temporal. Lixenberg optó por fotografiar a los residentes principalmente fuera del edificio. Evitaba así que el entorno institucional condicionara su representación y que cada individuo quedara identificado exclusivamente por la precariedad que atravesaba.

Las fotografías se acompañan únicamente del nombre de la persona y el año en que fueron realizadas. No aparecen explicaciones sobre las causas de su situación ni relatos biográficos que orienten la interpretación del espectador. La decisión es significativa. Al prescindir de esa información, Lixenberg concentra la atención en la expresión y la presencia física de cada retratado, sin convertir sus circunstancias en el único elemento que define su identidad.

Regresaba a Haven House una vez al año, durante una o dos semanas. Con el tiempo estableció relaciones duraderas con la dirección y el personal del centro, aunque en cada visita encontraba a un grupo diferente de residentes.

La sucesión de personas fotografiadas a lo largo de aquellos años terminó mostrando la amplitud de un problema que trascendía ampliamente los límites de Jeffersonville. La serie mantiene, sin embargo, su atención en las experiencias individuales, evitando que las personas desaparezcan detrás de una categoría social.

Shishmaref

El deterioro medioambiental ocupa un lugar central en The Last Days of Shishmaref (2007), uno de los proyectos más singulares de Lixenberg. La serie está dedicada a una comunidad iñupiaq de aproximadamente seiscientas personas que vive en la isla de Sarichef, en el mar de Chukotka, Alaska. Sus habitantes se enfrentan a una acelerada erosión costera, agravada por el deshielo del permafrost, la subida del nivel del mar y la creciente exposición a las tormentas.

La tierra ocupa un lugar esencial en la cultura de Shishmaref. Está asociada a la memoria de sus habitantes y a prácticas tradicionales de caza y subsistencia. Su pérdida supondría una transformación que afectaría tanto a las condiciones materiales de vida como a las relaciones entre las personas y su entorno.

Dana Lixenberg. Amos Olanna, 2007. Serie The Last Days of Shishmaref. © Dana Lixenberg. Courtesy of the artist and Grimm Amsterdam | London | New York.

La comunidad había votado a favor de trasladarse, pero la falta de financiación federal impidió materializar la reubicación. Lixenberg llegó a Shishmaref invitada por el cineasta neerlandés Jan Louter, que estaba rodando un documental. Viajó en dos ocasiones, una en invierno y otra en verano, y permaneció varias semanas en la localidad. Mientras el trabajo cinematográfico de Louter se concentraba en la emergencia medioambiental, la fotógrafa dirigió su atención hacia la vida cotidiana y la relación de los habitantes con el territorio.

La serie reúne retratos, interiores domésticos, paisajes terrestres y vistas del mar. Algunas imágenes muestran los efectos de la erosión, pero el conjunto aborda una realidad más amplia, marcada por el riesgo de desplazamiento, la preservación de las tradiciones y la continuidad de los vínculos familiares.

A diferencia de otros proyectos, Lixenberg fotografía aquí a muchos de sus protagonistas desde cierta distancia. El paisaje adquiere mayor presencia y la cambiante luz del Ártico contribuye a mostrar la relación entre la comunidad y el lugar que habita. Las imágenes evitan reducir Shishmaref a un escenario de catástrofe. Documentan las consecuencias del cambio climático sin perder de vista la vida que continúa desarrollándose bajo esa amenaza.


– Taller con Dana Lixenberg. «El retrato intencional: colaboración y significado». Del 26 al 29 de noviembre de 2026. Más información aquí [3].

Continuidad

Dana Lixenberg, Tanya K and her daughter Kayrah, 2021. © Dana Lixenberg. Courtesy of the artist and Grimm Amsterdam | London | New York.

Dana Lixenberg, Tanya K and her daughter Kayrah, 2021. © Dana Lixenberg. Courtesy of the artist and Grimm Amsterdam | London | New York.

La sección dedicada a los retratos realizados entre 1993 y 2003 completa el recorrido por la trayectoria estadounidense de Lixenberg. A lo largo de aquella década, sus encargos editoriales la llevaron a fotografiar a personalidades de ámbitos muy diversos. Entre ellas figuran Whitney Houston, Kate Moss, Leonard Cohen, Prince, Jenny Holzer, Paul Bowles, Allen Ginsberg, Jay-Z o Iggy Pop.

Pero sus desplazamientos por Estados Unidos también le permitieron retratar a personas condenadas a muerte, trabajadores sexuales y participantes en encuentros religiosos, entre otros protagonistas alejados de la notoriedad pública. Las imágenes comparten una misma exigencia formal. La cámara de gran formato obliga a fotógrafa y retratado a participar en un proceso pausado, en el que la atención se concentra en la expresión individual.

Esa continuidad entre los encargos profesionales y los proyectos personales resulta fundamental para comprender su obra. Lixenberg no establece una jerarquía visual entre las celebridades y las personas anónimas. La fama, la posición económica o las circunstancias sociales no determinan el tratamiento que reciben ante su objetivo.

La exposición permite comprobarlo al reunir fotografías que originalmente respondían a propósitos muy diferentes. Retratos destinados a revistas de amplia circulación conviven con imágenes producidas a lo largo de años de relación con comunidades concretas. Las diferencias entre sus protagonistas permanecen, pero el procedimiento fotográfico revela una actitud común.

En su obra, la confianza no aparece como un valor añadido al resultado final, sino como una condición de su método de trabajo. El tiempo invertido antes de realizar una fotografía, las conversaciones y las sucesivas visitas forman parte de un proceso que rara vez queda reflejado de manera explícita en la imagen.

Esa dimensión adquiere especial importancia en Imperial Courts, donde el paso de los años ha transformado una serie inicial de retratos en un documento sobre la memoria de varias generaciones. El proyecto continúa creciendo y cada regreso introduce nuevas relaciones entre las fotografías anteriores y las vidas de quienes aparecen en ellas.

Una de las imágenes incluidas en la exposición, Tanya K y su hija Kayrah (2021), condensa esa atención a los vínculos familiares y generacionales. Treinta años después de su primera visita a Watts, Lixenberg sigue fotografiando a sus habitantes de la misma forma que le permitió establecer contacto con ellos en 1993.

La permanencia de ese método, en una trayectoria que abarca desde las páginas de Vibe hasta las comunidades de Alaska, constituye uno de los aspectos más reveladores de American Images. Frente a la sucesión de rostros famosos y desconocidos, lugares y circunstancias, persiste una decisión que ha guiado su trabajo desde el principio. Conceder a cada persona el tiempo necesario para ser observada.