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El Orfeón Donostiarra y A+Música quieren movilizar a la sociedad

José Antonio Sainz Alfaro, director del Orfeón, afirma que para la formación vocal es un lujo estar en Madrid porque aquí está uno de sus públicos más queridos. «Venimos además con una de las obras más complicadas, el Réquiem de Brahms, que será iterpretado por 100 componentes. El Orfeón está trabajando mucho actualmente y cuenta con 900 cantantes entre sus diferentes formaciones». Confiesa también que el Réquiem de Brahms es una de las obras más exigentes. «Para nosotros es una obra de repertorio y por eso la mimamos. Es una de las más complejas porque requiere mucho por arriba, mucho por abajo, muy fuerte por un lado y muy suave por otro», explica.

Para el maestro Alfaro, sin embargo, su principal preocupación recae en intentar hacer lo que el compositor ha dejado escrito. «A veces tengo grandes luchas porque pienso cómo ha querido hacerlo y a mí no me sale», bromea. ¿Lo más difícil como director musical? Lo tiene claro: «Parar el tiempo y que la gente no mire el reloj».

Otra forma de hacer

El Orfeón estará acompañado de la Orquesta de Cámara Andrés Segovia, de la que Víctor Ambroa es su fundador. Se trata de un orquesta pequeña, de 25 a 60 integrantes, que nació hace ya 26 años. «Después de haber estado estudiando en Inglaterra y apostar por crear esta orquesta, poco a poco la vida me ha ido dando alegrías. Seguir viviendo de la música de cámara es un sueño. La orquesta nos ha llevado, además, a colaborar con gente estupenda y este Réquiem alemán es un reto maravilloso».

Esta formación se nutre de músicos de otras orquestas y conservatorios y tiene un núcleo estable al 90%. A la pregunta de cómo suena o qué sonido tiene, Ambroa confiesa que realmente no lo sabe: «La orquesta está formada por gente que va a ensayar un domingo por la tarde, por ejemplo, porque quiere, porque le apetece hacer algo distinto. No sé si tiene un sonido, pero sí buscamos una forma diferente de hacer música». Él normalmente toca y dirige a la vez desde su sitio como concertino y le gusta hacer partícipes a todos: «La Orquesta se sigue llamando ‘de Cámara’ porque eso forma parte de su filosofía, aunque en realidad sea imposible que toque sin un director. Sin embargo, nos vemos, nos miramos, atacamos… Tiene eso».

A+Música

La organización sin ánimo de lucro A+Música es una asociación de amigos amantes de la música que desde sus respectivas profesiones promueve el mecenazgo privado y cuyo objetivo principal es el apoyo a los jóvenes talentos musicales en los siempre difíciles comienzos de sus carreras.

Rita González es su presidenta. Cuenta que hace tres años se le ocurrió la idea de hacer una ‘asociación amiga’ y poner así «un granito de arena en el mundo cultural». Sus objetivos principales fueron ayudar a la cultura, sentir satisfacción al hacerlo y aprender. «Sin embargo, la inercia vive con nosotros y sacar a la gente y a las instituciones de esa inercia es complicado. Este es un proyecto de movilización de la sociedad civil. Pretendemos ser una plataforma para unos chicos y hacemos cuatro conciertos al año y este con el Orfeón Donostiarra es el último. Todos han sido con la Orquesta de Cámara Andrés Segovia, que sabe muy bien cuidar de sus integrantes».

En su primer año de andadura, la asociación apostó por Andrés Salado, un joven director de orquesta, y su formación Opus 23. «Fue así porque detectamos enseguida el talento que tenía Andrés, sin embargo, ver algo así no es un tarea fácil y por eso para el segundo año contactamos con Juventudes Musicales y nuestros solistas surgen ahora de la concesión de sus becas. Tenemos un buen entendimiento».

González explica que los fondos de la asociación salen de los socios (miembros de la Asociación que tiene una cuenta en A+), del club (personas cercanas que pagan más por las entradas pero menos que los socios), de los abonos y entradas y también de empresas que apuestan por ella. «Sin embargo, esto último no se trata de un patrocinio o algo así, sino que hemos ideado un sistema original en el que vendemos abonos y entradas a empresas, de manera que así damos a conocer a estos chicos, vendemos entradas y atraemos a un público, que muchas veces no ha venido nunca a un concierto. Aún estamos en fase de consolidación y no podemos crecer más. Creo que en otros países la sociedad se involucra más».