- hoyesarte.com - https://www.hoyesarte.com -

El Reina Sofía dedica su Pieza Única a Manolo Millares

¿Quieres estar al día del arte y la cultura?

 

Suscríbete GRATIS a nuestro boletín. Más de 25.000 personas ya lo han hecho

 

 

¿Quieres ver los últimos enviados [1]?

 

 

La iniciativa separa la obra del recorrido permanente para concentrar la atención en su materialidad, su contexto y las preocupaciones que recorrieron la trayectoria del artista. En esta ocasión, la elección coincide con los cien años del nacimiento de quien fue uno de los principales representantes del informalismo y una figura decisiva de la pintura española de la segunda mitad del siglo XX.

«Manolo Millares». Juan Dolcet. 1971. Colección del Museo Reina Sofía. Año de ingreso: 1988. Número de registro: AS10675.

Millares nació el 17 de febrero de 1926 en Las Palmas de Gran Canaria, el Miércoles de Ceniza que ponía fin al Carnaval. Su interés por la historia apareció muy pronto. De niño leyó los libros sobre el pasado de las islas escritos por su bisabuelo y frecuentó el Museo Canario, donde conoció los restos materiales de las culturas indígenas del archipiélago. Las pintaderas y los cuerpos embalsamados hallados en las sepulturas dejaron una huella profunda en su imaginación.

La arqueología ocupó desde entonces un lugar esencial en una obra que nunca permaneció ajena a las tensiones de su tiempo. Esa doble mirada, dirigida hacia los vestigios del pasado y hacia un presente marcado por la violencia, comenzó a definirse durante su vinculación con Los Arqueros del Arte Contemporáneo, conocido por las siglas LADAC. El grupo desempeñó un papel relevante en la renovación artística desarrollada en Canarias durante aquellos años.

En 1955, Millares se instaló en Madrid junto con su esposa, la pintora y escritora Elvireta Escobio. El traslado le permitió entrar en contacto directo con las corrientes de la abstracción y participar en una escena que buscaba romper con el aislamiento cultural de la posguerra. Dos años después fundó El Paso junto con Antonio Saura, Manuel Rivera, Luis Feito y Rafael Canogar, entre otros artistas.

El grupo defendió una «plástica revolucionaria» y dio uno de los impulsos más firmes a la construcción de un arte contemporáneo español en la segunda mitad del siglo XX. En Millares, esa renovación adquirió una forma inmediatamente reconocible. La arpillera, desgarrada, deformada, cosida y cubierta de manchas, dejó de actuar como un simple soporte para convertirse en la materia misma de la pintura.

Su lenguaje maduro quedó atravesado por una reflexión sobre la represión de los regímenes totalitarios. La experiencia del artista en la España franquista se proyectó sobre un siglo marcado por la muerte y la destrucción. «Hago y rehago la caja negra donde nacen y yacen todas las podredumbres que denuncio y entierro cada día», escribió.

La violencia de esas imágenes no procede únicamente de lo representado. Está inscrita en el lienzo, en sus roturas, tensiones, pliegues y suturas. Frente a la erosión de una superficie que parece reducida a harapos, el cosido introduce un gesto de reparación. La herida permanece visible, pero alguien ha intentado cerrarla.

Manolo Millares, "Personaje caído I [Fallen Figure I]", 1970, técnica mixta sobre arpillera. © Manolo Millares, VEGAP, Madrid, 2026.

Manolo Millares, «Personaje caído I [Fallen Figure I]», 1970, técnica mixta sobre arpillera. © Manolo Millares, VEGAP, Madrid, 2026.

Personaje caído I condensa buena parte de esas preocupaciones. Millares la pintó dos años antes de morir, cuando su trabajo había alcanzado un amplio reconocimiento internacional. Falleció en Madrid en 1972, con tan solo 46 años.

En el cuadro, la arpillera se pliega hasta formar un volumen arrugado. Puede evocar las costuras de una herida vendada, un cuerpo suspendido o una figura envuelta en su mortaja. La composición posee un aire de crucifixión y la tela adquiere la tirantez de un sudario sobre un horizonte rojo que recuerda el tono de la sangre seca.

En esta fase final de su carrera, las envolturas volumétricas emparentan su trabajo con las pinturas de Alberto Burri. Sobre ellas aparece también un componente gráfico que Juan Manuel Bonet ha relacionado con las escrituras de Antoni Tàpies y Cy Twombly. Son signos de difícil lectura, trazos que no descifran la superficie, sino que refuerzan el carácter enigmático de la materia.

El blanco introduce otra tensión. Surge entre los desgarros como expresión de duelo, aunque contiene a la vez una posibilidad de esperanza. El vestigio remite a la finitud y conserva, pese a todo, la expectativa de una renovación. Esa resistencia frente a la desaparición quedó formulada por el propio artista en una de sus declaraciones más conocidas. «Creo que mi arte es una bofetada a la muerte para justificar la vida».

El Reina Sofía conserva alrededor de treinta piezas de Millares entre pinturas, dibujos y obra gráfica. Once de ellas han sido depositadas por su familia, resultado de una colaboración continuada y de su compromiso con la construcción de una colección pública.

La conmemoración se prolongará del 17 al 19 de diciembre con un ciclo dedicado a la relación del artista con el cine. Millares realizó tres películas en 16 milímetros y Super-8, y participó como actor en otra rodada por el coleccionista Alberto Portera. El programa incluirá varios de aquellos trabajos, que serán digitalizados en 4K por el Museo y se proyectarán por primera vez con esa calidad.

Entre ellos figura Millares 1970, donde el artista vincula sus arpilleras con las fosas colectivas de la Guerra Civil. También podrá verse Eros Taro, recorrido por el paisaje lunar de Lanzarote y por las casas de César Manrique, presentadas como refugio en medio de la pesadumbre franquista, y Diciembre 68 enero, unas filmaciones familiares en Super-8 que revelan su fascinación por la cultura de la muerte en la arqueología ibera.

Las películas dialogarán con obras cinematográficas sobre las que Millares escribió y que consideraba influyentes, entre ellas Morir en Madrid, de Frédéric Rossif, y El desierto rojo, de Michelangelo Antonioni. El ciclo completa así la revisión propuesta por Pieza Única y amplía la mirada sobre un creador que encontró en la materia herida una forma de enfrentarse a la historia.