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El ‘triple trazo’ de Óscar Domínguez

Las obras producidas en este período con este proceso se vuelven mucho más limpias, rigurosas y equilibradas. Tanto los lienzos como los papeles se caracterizan ahora por el predominio de un dibujo de líneas precisas, por un claro aumento de la gama cromática y por el uso de unos colores que recuperan la luz y brillantez que habían perdido anteriormente. Es, seguramente, la obra más optimista que el artista jamás realizó. El mismo Domínguez, en una carta dirigida en 1949 a su amigo Eduardo Westerdahl describió este momento en los siguientes términos: “Finalmente he conseguido inventar una técnica que me permite hacer una pintura personal, y esto marca el momento más exitoso de mi carrera”.

Cuando se inicia el periodo del ‘triple trazo’ el lagunero continúa trabajando sus temas predilectos: revólveres, redes, talleres de artistas, toros, pájaros, mujeres… Pero ahora lo hace con entusiasmo, incluso con cierta ironía. El resultado es una pintura fresca, ligera, luminosa: “Me acerco al problema plástico -escribe en 1949-, al lado inventivo que te abre la naturaleza frente a la luz, la forma y el color”. Esta etapa se convierte, pues, en un verdadero paréntesis en su carrera.

La exposición se acompaña de un catálogo con ensayos escritos por Lázaro Santana e Isidro Hernández traducidos al español, catalán, francés e inglés [1]. Esta es la primera vez que se dedica una muestra a este relevante momento de la trayectoria del artista canario.

Tenerife-París

oscar dominguezÓscar Domínguez [2] nace en San Cristóbal de La Laguna (Tenerife). En 1927, su padre, un terrateniente con extensas propiedades agrícolas, lo envía a París para ocuparse de los negocios fruteros familiares. Al poco de llegar a la ciudad abandona el negocio y empieza a frecuentar los artistas de Montparnasse, a visitar exposiciones y se matricula en una academia de pintura.

En 1929 encontramos sus primeras piezas surrealistas bajo la influencia de Dalí, Tanguy y Max Ernst, y en 1935 se une al grupo Surrealista de André Breton. Ese mismo año organiza con su amigo Eduardo Westerdahl la primera exposición del grupo surrealista en Tenerife.

Entre 1937 y 1939 participa con el resto de componentes del grupo surrealista en exposiciones colectivas. Es en este contexto que surgen sus famosas «decalcomanías». Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Domínguez se va a Marsella como muchos otros artistas con intención de embarcarse con destino a Estados Unidos pero no lo consigue y vuelve a París. Durante esta etapa aumenta el número de exposiciones, su prestigio internacional y se consolida su amistad con Picasso.

Diferentes episodios depresivos durante los años 50 y el agravamiento de la acromegalia que padecía desde 1939 oscurecen su vida y, de nuevo, su obra. Óscar Domínguez se suicida el 31 de diciembre de 1957.

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