
«Interior rojo», 2000. José María Cuasante.
Comisariada por Juan Manuel Martín Robles y Bienvenido Simón Robles, la muestra despliega un recorrido en el que la pintura abandona cualquier intención descriptiva para situarse en un terreno más abierto, donde la experiencia del espectador se construye desde la sugerencia. Las obras seleccionadas, firmadas por autores de distintas generaciones como José María Cuasante, Carlos Morago, Gonzalo Sicre o Virginia Bersabé, entre otros, componen un mapa heterogéneo de aproximaciones al espacio habitado.
Lejos de presentar el interior como un mero escenario, las piezas convierten habitaciones, pasillos o ventanas en lugares cargados de resonancias. El concepto de umbral vertebra la exposición y se manifiesta tanto en elementos arquitectónicos como en la propia posición del espectador. Puertas entreabiertas, estancias en penumbra o vistas fragmentadas sitúan la mirada en un punto intermedio, un lugar desde el que observar sin llegar a penetrar del todo en la escena.
Esa distancia activa una percepción más atenta. La ausencia frecuente de figuras humanas no implica vacío, sino todo lo contrario. La presencia se intuye en los objetos, en la disposición del mobiliario, en la manera en que la luz atraviesa los espacios. Cada cuadro parece contener una historia detenida, una huella apenas perceptible que remite a lo vivido. La pintura no se limita a mostrar, sino que propone una experiencia que se construye en ese espacio ambiguo donde lo visible convive con lo sugerido.

«Vista de noche», 2018. Isaac Expósito Casado.
En este contexto, lo doméstico adquiere una dimensión más compleja. El hogar deja de entenderse como refugio aislado para revelarse como un espacio permeable, atravesado por lo social y lo emocional. Habitar se convierte en una acción cargada de memoria, identidad y también tensión. La exposición apunta así a una lectura contemporánea del interior, en diálogo con una tradición pictórica española que ha encontrado en estos espacios un terreno fértil para la introspección.
La selección, que incluye desde composiciones de marcada austeridad hasta escenas donde el color y la luz adquieren mayor protagonismo, refleja la vigencia del realismo como lenguaje capaz de interrogar el presente. Frente a la saturación visual que caracteriza nuestro tiempo, estas obras invitan a una pausa. Mirar se convierte aquí en un acto consciente, casi en una forma de resistencia.
El visitante recorre, en definitiva, una sucesión de espacios que no se ofrecen de manera inmediata. Cada pintura plantea una entrada posible, una aproximación que nunca llega a ser completa. Desde ese límite, desde ese umbral, se construye una experiencia que trasciende lo visible para situarse en el terreno de la percepción y la memoria.
Esta exposición ha sido producida por la Fundación de Arte Ibáñez Cosentino y organizada por la Diputación de Almería y la propia Fundación.
Los artistas
José María Cuasante (Fresno de Losa, Burgos, 1944), José María Mezquita (Zamora, 1946), Carlos Morago (Madrid, 1954), Javier Riaño Urieta (Bilbao, 1959), Gonzalo Sicre (Cádiz, 1967), Álvaro Toledo (Madrid, 1969), Pablo Carnero (Zamora, 1972), Alejandra Caballero (Madrid, 1974), Silvia Valverde Sánchez (Almería, 1975), Guillermo Masedo (Madrid, 1978), Bea Sarrias (Barcelona, 1978), Lara Pintos (La Coruña, 1984), Carlos Sagrera (Madrid, 1987), Virginia Bersabé (Córdoba, 1990), Diego Vallejo-García (Ávila, 1991, Premio Certamen Jóvenes Realistas MUREC), Isaac Expósito (Úbeda, Jaén, 1994, Premio Certamen Jóvenes Realistas MUREC)

«Hogar», 2026. Diego Vallejo-García.

«Ventana», 2020. Carlos Morago.