La pintura de Juana González (Puertollano, Ciudad Real, 1972) se resiste a permanecer dentro de los límites del lienzo. Sus figuras se retuercen, los escenarios se transforman y las imágenes parecen obedecer a una lógica que escapa a cualquier explicación inmediata. Lo reconocible convive con lo extraño en composiciones de una teatralidad desbordante, atravesadas por el sueño, el misterio y una imaginación que encuentra en la propia materia pictórica su principal campo de experimentación.

Juana González. «Árboles, lectura y juegos». 2025. Óleo sobre lienzo. 245 x 200 cm.
Ese universo ocupa ahora las salas de CentroCentro en Indómita pintura. La exposición reúne 34 obras realizadas a lo largo de la última década, desde pinturas y dibujos hasta nuevas propuestas escultórico-instalativas que amplían las posibilidades de su lenguaje.
La cita supone un reconocimiento a una trayectoria desarrollada durante décadas. La proyección pública de la artista ha crecido especialmente desde su exposición de 2021 en la Sala Robayera de Miengo (Cantabria). Sin embargo, el planteamiento de la muestra evita deliberadamente el carácter retrospectivo convencional. Su propósito es examinar un trabajo que continúa evolucionando, identificar las preocupaciones que permanecen y mostrar las transformaciones experimentadas por la artista.
Esa voluntad de atender al presente constituye uno de los principios que han guiado el proyecto. Julieta de Haro, directora artística de CentroCentro, explica que, al seleccionar las obras, le interesa conocer la situación actual de los artistas y comprobar si los asuntos abordados en etapas anteriores siguen teniendo vigencia. No se trata de presentar una sucesión de trabajos históricos, sino de establecer hasta qué punto continúan dialogando con las inquietudes del artista.
La propia González comparte ese criterio. Dos de las piezas más antiguas de la exposición, fechadas en 2015 y 2016, permanecían inéditas. Su incorporación permite comprobar la persistencia de determinados motivos y confrontar obras separadas por casi una década. Es el caso de dos representaciones de brujas, una de 2015 y otra realizada casi diez años después, cuya proximidad revela tanto los cambios en su manera de pintar como la continuidad de su imaginario.
Sus propios límites
El título de la exposición encierra una declaración de principios. Para González, lo indómito define una forma de enfrentarse al proceso creativo marcada por la incertidumbre, la perseverancia y la dificultad de controlar completamente el resultado.

Juana González. «Fracaso». 2017. Óleo sobre lino. 200 x 160 cm.
En sus cuadros, la representación figurativa convive con una pintura que reclama autonomía. El color, la pincelada, los goteos y los empastes adquieren una presencia que puede alterar la imagen inicialmente concebida. Cada obra surge de una negociación entre lo que la artista pretende representar y las posibilidades expresivas de los materiales.
La propia artista describe su relación con la materia pictórica como una experiencia difícil de gobernar. Le interesa trabajar en situaciones de incomodidad, prolongar los procesos y asumir el riesgo de que el resultado no responda a sus expectativas. La posibilidad del fracaso forma parte de esa tensión creativa.
De ahí que la intensidad de sus composiciones no dependa exclusivamente de los asuntos representados. También procede de una ejecución en la que la pintura conserva las huellas de su elaboración y manifiesta una energía que desborda la narración.
Fernando Castro Flórez sitúa ese trabajo dentro de una reflexión más amplia sobre la vigencia de la pintura contemporánea. Frente a los prejuicios que cuestionan su capacidad de renovación, el comisario defiende las posibilidades de un lenguaje que continúa planteando problemas de representación, abstracción, color y simbolismo.
Indómita
Para el comisario de esta exposición, Juana González «es una pintora extraordinaria que reflexiona sobre el papel de la pintura, y nos demuestra que la pintura tiene posibilidades. Una pintura figurativa en la que también hay condiciones abstractas, que trata del sueño y tiene su interpretación abierta».
Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid en 2005, Juana González ha mostrado su obra en instituciones españolas y extranjeras, entre ellas el Centro de Arte Alcobendas, el Instituto Cervantes de Múnich y el Musée des Beaux-Arts de La Chaux-de-Fonds, en Suiza. Sus trabajos forman parte de colecciones como Solo, Oliva Arauna, KELLS y la del Museo de Arte Contemporáneo del Ayuntamiento de Madrid. En 2025 recibió el reconocimiento al Mejor Artista Español en ARCO concedido por la revista Artepuntoes del Instituto de Arte Contemporáneo.
En el caso de González, esas cuestiones encuentran respuesta en una figuración alejada del naturalismo académico. Sus imágenes remiten a situaciones reconocibles, pero las relaciones entre personajes, objetos y escenarios introducen una dimensión inquietante que impide interpretarlas de manera unívoca.
La historia del arte constituye una de sus principales fuentes de inspiración. Velázquez, Tiziano, Rubens, Goya y El Greco aparecen entre sus referentes, junto a artistas vinculados al neoexpresionismo, como Neo Rauch o Jörg Immendorff. A esas influencias se añade el cine de Buñuel y Lynch, cuya exploración de lo irracional encuentra afinidades con la construcción de sus escenas.
La artista incorpora esas referencias a un lenguaje propio, de composición barroca y sensibilidad postsurrealista, en el que la figura humana adquiere un protagonismo fundamental. Las mujeres ocupan un lugar destacado dentro de ese repertorio, asociadas con frecuencia a imágenes de transformación, rebeldía y poder.
Correspondencias
La exposición permite reconocer algunos de los motivos que atraviesan su producción. Las serpientes, las aves, los espacios domésticos y determinados elementos del mobiliario reaparecen en composiciones distintas, estableciendo correspondencias entre obras realizadas en momentos diferentes.

Juana González. «Paseo con escoba». 2025. Óleo sobre lino. 200 x 170 cm.
El hogar, particularmente, constituye un escenario de significados ambiguos. Los suelos de baldosas, las colchas o los objetos que evocan las casas de madres, abuelas y tías introducen referencias familiares en situaciones que pronto adquieren un carácter perturbador.
Uno de los conjuntos expositivos desarrolla precisamente esa relación entre memoria doméstica y extrañeza. Varias pinturas dialogan con una intervención concebida para CentroCentro en la que el suelo de baldosas pintadas se relaciona con la arquitectura de la sala. La presencia de una columna que parece irrumpir violentamente en ese pavimento altera la percepción de un espacio inicialmente familiar.
Castro Flórez relaciona estas imágenes con la idea de lo inquietante que emerge en el interior de lo cotidiano. Desde esa perspectiva, las escenas de González pueden entenderse como lugares donde afloran recuerdos, deseos y temores. La interpretación permanece abierta. González rechaza que sus obras queden sometidas a explicaciones exclusivamente racionales y concede a la intuición un papel decisivo tanto en la creación como en la experiencia del espectador.
Obra que se expande
Una de las principales novedades de Indómita pintura reside en la incorporación de piezas realizadas específicamente para las salas de CentroCentro. La propuesta institucional animó a González a explorar otros lenguajes y a desarrollar intervenciones capaces de establecer una relación directa con la arquitectura.
La artista aceptó el desafío sin abandonar las preocupaciones que han definido su trayectoria. Las nuevas obras prolongan hacia el espacio algunas de las características de sus pinturas, desde la acumulación de materiales hasta la presencia del cuerpo y la transformación de las imágenes.
El recorrido comienza con una aproximación a su paleta y a los sedimentos de color que se acumulan durante el trabajo. Ese registro material del proceso creativo adquiere una dimensión propia, casi paisajística, y permite observar cómo la pintura genera formas al margen de cualquier intención representativa.

Juana González. «Poder». 2020. Óleo sobre lienzo. 50 x 40 cm.
En la sala central, una intervención vinculada a sus dibujos amplía las posibilidades de contemplación de esas imágenes. Otras propuestas incorporan elementos corporales y escultóricos que trasladan al espacio físico las tensiones presentes en sus lienzos.
El itinerario concluye con una instalación relacionada con la imagen de un niño que expulsa pintura por la nariz. La escena introduce una dimensión lúdica y, al mismo tiempo, remite a la necesidad de continuar pintando, incluso cuando el proceso se convierte en una experiencia difícil.
Estas incursiones no suponen una ruptura con su trayectoria. Más bien hacen visibles posibilidades que estaban presentes en una pintura caracterizada desde hace años por su tendencia a desbordar los límites de la representación.
Momento vital
Para Castro Flórez, una exposición de estas características debe evitar presentar la trayectoria de un creador como un capítulo concluido. Su interés reside precisamente en mostrar el momento activo de la artista y los interrogantes que todavía atraviesan su trabajo.
En ese sentido, Indómita pintura constituye una oportunidad para contemplar conjuntamente obras que habitualmente permanecen dispersas entre el estudio, las galerías y las colecciones. También permite apreciar la continuidad de una investigación desarrollada al margen de las clasificaciones estilísticas demasiado rígidas.
Julieta de Haro vincula directamente este proyecto con la orientación de CentroCentro y su voluntad de reunir propuestas representativas de la diversidad cultural madrileña. Como explica la directora, «para mí la pintura es una línea de pensamiento clarísima». Desde esa convicción, considera importante que la figuración y el discurso de González tengan un espacio propio dentro de la programación del centro. La exposición se inscribe así en una concepción de la institución que busca reflejar la pluralidad de lenguajes, sensibilidades y posiciones artísticas presentes en la ciudad, sin establecer jerarquías entre disciplinas o tendencias.
La presencia de Juana González en CentroCentro llega, por tanto, después de un prolongado recorrido profesional. Pero el interés de esta exposición reside especialmente en lo que sucede ahora en su pintura. Las obras de hace una década mantienen abiertas preguntas que reaparecen, transformadas, en las intervenciones más recientes. Entre unas y otras persiste la misma voluntad de explorar imágenes que no admiten respuestas definitivas.
La programación incluye visitas guiadas con Fernando Castro Flórez y Juana González, además de un taller impartido por la artista los días 13 y 14 de noviembre, dedicado a las herramientas que utiliza para potenciar la imaginación y la creatividad.













