Nacido en Santo Domingo en 1977 y afincado en Monterrey desde la adolescencia, Cartagena ha construido una obra profundamente vinculada al norte de México y, al mismo tiempo, plenamente conectada con debates universales sobre urbanismo, migración, desigualdad y crisis climática. La muestra, comisariada por Shana Lopes y organizada junto al San Francisco Museum of Modern Art (SFMOMA), reúne más de veinte series articuladas en seis grandes núcleos temáticos que ayudan a comprender la coherencia interna de una trayectoria marcada por la investigación constante sobre los límites y posibilidades de la imagen fotográfica.
El recorrido deja claro desde el comienzo que Cartagena entiende la fotografía como una herramienta de pensamiento antes que como un simple registro documental. Sus proyectos nacen casi siempre en forma de series donde la repetición y las variaciones mínimas generan significado. Cada fotografía dialoga con la siguiente hasta construir una cartografía visual de las contradicciones contemporáneas.
Esa idea aparece ya en sus primeros trabajos. Durante sus años de formación en la Fototeca Nuevo León, donde digitalizaba archivos históricos, desarrolló un interés especial por las historias cotidianas y por la manera en que las imágenes fijan identidades colectivas. De aquel periodo surge Identidad Nuevo León, realizado junto a Rubén Marcos entre 2005 y 2006. El proyecto retrata a cientos de habitantes de distintos municipios del estado mexicano mediante una puesta en escena sencilla y frontal que remite inevitablemente a August Sander y Richard Avedon (del que en estos momentos se expone también en la Fundación Mapfre In the American West [1]).
Los retratos, realizados frente a iglesias, centros comerciales o plazas, terminan componiendo un mosaico social que captura tanto la diversidad del territorio como la estética de una época. La ropa, los teléfonos BlackBerry, los peinados o la actitud corporal de los retratados convierten la serie en una suerte de archivo emocional de mediados de los años dos mil. Cartagena no juzga ni dramatiza. Observa con precisión y deja que la acumulación revele las tensiones sociales que atraviesan el paisaje humano.
Desarrollismo
Muy pronto esa mirada se desplaza hacia la transformación urbana de Monterrey. El crecimiento acelerado de la periferia y el desarrollo masivo de urbanizaciones impulsadas por promotores privados se convierten en uno de los grandes ejes de su trabajo. Series como Suburbia Mexicana documentan el avance de un urbanismo expansivo construido bajo la promesa del progreso y del ascenso social. Las imágenes muestran barrios repetidos hasta el infinito, viviendas idénticas levantadas en zonas desérticas y espacios aparentemente modernos que esconden una sensación persistente de vacío.
«Me tocó vivir un México nuevo con el Tratado de Libre Comercio con EE.UU. y Canadá, que tuvo un sinfín de consecuencias económicas, personales, emocionales y psicológicas, como la guerra del narco, y también grandes oportunidades para familias de la clase trabajadora», explica Alejandro Cartagena. «Uno de los grandes problemas que trajo consigo fue la influencia estadounidense. Hemos importado el sueño americano de la vivienda y eso ha tenido un sinfín de consecuencias que antes de ser fotógrafo me tocó vivir en primera persona. Trabajé durante muchos años en restaurantes y hoteles, y específicamente en un restaurante en un suburbio donde pude ver cómo un pueblito, Villa de Juárez, pasó en muy poco tiempo de 50.000 habitantes a 500.000. Ya se imaginarán qué trae eso: contaminación, caos circulatorio, violencia, inseguridad, falta de espacios de convivencia. Y fue un desastre. Así pasó en muchas ciudades mexicanas y me tocó vivirlo. Por eso creo que mucho de mi trabajo consisten en hablar de qué significa ser un ciudadano y de las implicaciones en nuestros cuerpos y en nuestras vidas cotidianas. Y, obviamente, de cómo representar eso desde el punto de vista del arte».
Cartagena entiende el suburbio como un síntoma político. Sus fotografías retratan las consecuencias de un capitalismo neoliberal que convierte la vivienda en producto financiero mientras desplaza a miles de trabajadores a periferias mal conectadas y sin servicios básicos. En muchas imágenes, las urbanizaciones parecen escenarios suspendidos entre la promesa publicitaria y el fracaso social.
Esa crítica alcanza uno de sus momentos más potentes en Carpoolers, probablemente la serie más conocida del fotógrafo. Durante un año, Cartagena se situó sobre un puente peatonal de la autopista 85 en Monterrey para fotografiar desde arriba a los trabajadores que viajaban hacinados en la caja trasera de camionetas rumbo a sus empleos. La perspectiva cenital aplana la escena y transforma cada vehículo en una composición geométrica de enorme fuerza visual.

Fundación MAPFRE presenta en Madrid la exposición de Alejandro Cartagena «Ground Rules». Fotografía: ©Luis Domingo.
Sin embargo, el atractivo formal nunca neutraliza la dimensión política de las imágenes. Los cuerpos agotados, dormidos o inmóviles hablan de precariedad laboral, de infraestructuras insuficientes y de una normalización inquietante de la vulnerabilidad. Cartagena convierte esos trayectos cotidianos en un retrato colectivo de la desigualdad contemporánea. La repetición de las escenas insiste en la idea de fenómeno estructural y elimina cualquier lectura anecdótica.
La frontera
La relación entre territorio y poder atraviesa también la trilogía Invisible Line, dedicada a la frontera entre México y Estados Unidos. Frente a las narrativas simplificadoras sobre migración, Cartagena propone una mirada mucho más compleja y humana. En Between Borders retrata a los habitantes de División del Norte, una pequeña comunidad situada junto al río Bravo cuyos vecinos, pese a las dificultades económicas y la cercanía con las rutas migratorias, han decidido permanecer.
Las fotografías desmontan la idea del “sueño americano” como aspiración universal. Los retratados aparecen ligados a su territorio con una dignidad silenciosa que contradice los discursos mediáticos sobre la frontera. Más adelante, en Los Americanos, el fotógrafo invierte el punto de vista y centra su atención en ciudadanos estadounidenses que han elegido vivir en México. El proyecto cuestiona así las nociones de privilegio, movilidad y pertenencia desde una perspectiva inesperada.
La exposición permite comprobar cómo, a medida que avanza su carrera, Cartagena comienza a desconfiar cada vez más de la fotografía documental tradicional. El artista se pregunta hasta qué punto una imagen puede construir una comprensión directa de la realidad social. Esa crisis desemboca en una etapa especialmente experimental donde el collage, la apropiación y hasta la inteligencia artificial adquieren un papel protagonista.
En series como Accumulations, el fotógrafo recorta y recompone imágenes previas para generar paisajes nuevos e inestables. La destrucción parcial de las fotografías originales funciona como una metáfora de la manipulación contemporánea de las imágenes y de la fragilidad de cualquier relato visual. Otros proyectos profundizan aún más en esa dirección mediante el uso de fotografías encontradas, imágenes “caducadas” rescatadas de mercadillos o archivos familiares anónimos.
Desaparición
En Photo Structure / Foto Estructura, Cartagena elimina cuidadosamente a las personas retratadas y conserva únicamente los escenarios vacíos. El resultado produce una sensación extraña y perturbadora. Los espacios parecen hablar de desapariciones, ausencias y memorias borradas. La serie conecta con una dimensión política muy concreta de América Latina, donde la desaparición física de personas forma parte de una historia traumática todavía abierta.
La muestra también revela el interés constante del artista por el fotolibro como espacio creativo autónomo. Cartagena ha publicado cerca de una treintena de volúmenes y entiende este formato como una extensión natural de su pensamiento visual. El libro le permite construir secuencias, controlar ritmos narrativos y establecer relaciones entre imágenes imposibles de reproducir en la sala expositiva. Para él, este medio es otra manera de interpretar el mundo.
Ese diálogo entre forma y contenido explica la relevancia de una obra que nunca se conforma con denunciar las fracturas sociales desde la distancia. Cartagena analiza cómo se producen las imágenes y cómo esas imágenes condicionan nuestra percepción de la realidad. Su trabajo se mueve constantemente entre la documentación y el cuestionamiento del propio acto de mirar.
Ground Rules confirma la madurez de un fotógrafo que ha sabido convertir los conflictos urbanos y sociales del norte de México en una reflexión de alcance universal. Sus imágenes hablan de Monterrey, de la frontera o de los suburbios mexicanos, pero también de cualquier territorio marcado por la especulación inmobiliaria, la desigualdad económica y la transformación acelerada del paisaje.
Cartagena plantea preguntas, siempre pertinentes, sobre las reglas que organizan nuestras ciudades, nuestros desplazamientos y nuestras formas de vida. Su fotografía, precisa y profundamente consciente de sus propios mecanismos, termina funcionando como una herramienta crítica para observar el presente con una claridad poco frecuente.
Como él mismo explica: «Hay diez fotógrafos en esta retrospectiva: Alejandro el mexicano, Alejandro el dominicano, Alejandro el confundido, el Alejandro romántico, el Alejandro que está decepcionado con la fotografía, el Alejandro que está emocionado con los fotolibros… Hay una búsqueda constante. No hay estabilidad. Es buscar y buscar. Nunca hay respuestas; solamente preguntas. Y todo, otra vez, viene a esta cabeza, a este ser humano que es un migrante en un país latinoamericano».
Reglas básicas
Como destaca Shana Lopes, comisaria de la exposición, «Cartagena ha dedicado las dos últimas décadas a interrogar, a través de la fotografía, los sistemas que estructuran la experiencia humana». Ground Rules, su primera retrospectiva, reúne más de veinte series organizadas en seis secciones: primeros trabajos, la frontera entre Estados Unidos y México, vivienda e infraestructura, la maleabilidad de las imágenes, la crisis climática y el fotolibro como forma creativa.
El propio artista explica así lo que el visitante se puede encontrar: «Todos los proyectos que van a ver aquí tienen que ver conmigo en algún nivel. Tienen que ver con mi familia, porque mi abuelo fue albañil toda su vida. Tienen que ver con ser migrante de República Dominicana en México, porque a pesar de que hablamos español son culturas totalmente diferentes… De hecho, en psicoanálisis me di cuenta de que mucho de mi trabajo era tratar de entenderme con el espacio en donde vivo, con la gente con la que convivo y tratar de darle sentido a quién soy. Yo soy dominicano, soy mexicano, no soy nada, soy las dos cosas al mismo tiempo… Y van a ver esta incesante búsqueda, y esa búsqueda resulta en una exposición muy ecléctica».
Para Lopes, «Cartagena explora con agudeza, y en ocasiones con humor, la capacidad de la fotografía para construir y eludir narrativas. Tan formales como socialmente conscientes, sus imágenes investigan los mecanismos del poder en los ámbitos político, cultural y ecológico. El título de la exposición, Ground Rules [Reglas básicas], alude tanto a las restricciones creativas que el artista se impone como a las fuerzas sociales a las que se enfrenta. En un mundo cuyos fundamentos están en constante transformación, él nos invita a cuestionar las normas que nos gobiernan e imaginar cómo podrían redefinirse».

































