
Manolo Millares. Archivo de la Familia Millares-Escobio.
Comisariada por Alfonso de la Torre, la muestra reúne pinturas, obras sobre papel, dibujos y objetos en la antigua capilla y las salas temporales de la planta inferior del Centro de Arte Contemporáneo. La mayoría de las piezas procede de la colección de Elvireta Escobio, esposa de Millares, y de sus hijas, Eva y Coro. Se incorporan obras de los fondos de la fundación, algunas de ellas expuestas habitualmente en su colección permanente.
El recorrido se concentra en una faceta contestataria que atraviesa distintos momentos de su producción. En la capilla se presentan arpilleras de varias etapas, desde las composiciones de los años cincuenta hasta pinturas de 1971 como Sin título-personaje y Antropofauna-La Paloma. Allí se muestran asimismo dibujos de la serie Escrituras negadas, realizados entre 1968 y 1971. Sus caligrafías ilegibles evocan los textos y las rúbricas condenatorias del Tribunal del Santo Oficio. La exposición propone leer en ellas una alusión a la falta de libertad de expresión bajo el franquismo.
Las salas inferiores acogen dibujos de la serie Mussolini, pinturas sobre papel de En el origen y artefactos y objetos. La imagen de Benito Mussolini y Claretta Petacci colgados boca abajo en la plaza de Loreto de Milán, en 1945, impresionó a Millares y dio origen al último conjunto de dibujos y obras sobre papel que realizó antes de morir con tan solo 46 años. En esas piezas, la ironía y la crudeza se dirigen contra el fascismo y la violencia.
Otra respuesta a su tiempo tomó forma en los Artefactos para la paz, de 1964. Construidos principalmente con arpillera y madera, se concibieron frente a los actos oficiales del régimen franquista. El texto de la exposición relaciona ese año con los «mutilados de paz» y con el recuerdo del padre del artista. Frente a la superficie de sus cuadros, estos objetos adquieren volumen y ocupan el espacio por sí mismos.

La muestra incluye además una vitrina con cuadernos, dibujos satíricos y homenajes, entre ellos los dedicados al miliciano de Capa y al guerrillero muerto. Una pantalla permite ver esos trabajos; otra incorpora la melodía del NO-DO junto a los artefactos. También se proyecta Millares, 1970 [3], un cortometraje experimental de unos 22 minutos, filmado en 16 milímetros por el artista y Elvireta Escobio, en el que ambos recorren búnkeres y trincheras.
Para De la Torre, esta exposición se sitúa entre la Sala Millares de la propia fundación y la muestra que la institución dedicó al artista hace dos años, centrada en su trayectoria desde los cincuenta hasta su llegada a la abstracción en torno a 1957. El nuevo recorrido pone el acento en sus respuestas plásticas y personales a la historia que le tocó vivir.
El centenario lleva también esa mirada a los libros. El catálogo reúne textos del comisario, comentarios de obras, fotogramas de un viaje al Sáhara e imágenes de las piezas expuestas. Junto a él, la fundación ha editado Ahora se quedó la prisa quieta, volumen de 144 páginas que recoge la poesía del artista. Los poemas se acompañan de retratos, muchos inéditos, en los que aparece Millares como lector, y de una selección de dibujos figurativos de mediados de los años cincuenta.
La tercera publicación recupera en facsímil Memoria de una excavación urbana y otros escritos, aparecida en 1973 y hoy difícil de encontrar. La reedición se ha realizado con la colaboración de la familia Millares-Escobio y la editorial Gustavo Gili. Los tres libros se presentarán el mismo día que abre la exposición. En las salas y en esas páginas, la conmemoración reúne formas distintas de una misma inquietud que Millares llevó de la pintura y el dibujo a la escritura.
