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La vida en la frontera: hallazgos del castillo de Monreal de Ariza

La importancia del descubrimiento reside en la singularidad de algunos objetos y en el contexto que los mantuvo reunidos. A mediados del siglo XV, el desplome de las estructuras superiores aplastó una estancia interpretada como almacén y selló su contenido. Las excavaciones asociadas a la recuperación del castillo sacaron a la luz dos cascos, recámaras de artillería de pequeño calibre, restos de dos ballestas, un peto, placas de una coracina, una campana gótica, un tintero y una moneda de Juan II de Castilla.

El conjunto, considerado por el museo uno de los hallazgos más relevantes de la arqueología medieval en España, aporta información sobre el equipamiento militar de la época. Entre sus piezas sobresale un gran bacinete, uno de los ejemplares más completos recuperados en el país. Conserva el cuerpo principal del casco, el visor, una protección posterior del cuello y otra frontal para el cuello y la parte superior del pecho. En su frente se han identificado una inscripción y ornamentación floral realizadas en plata y con trazas de oro. El visor móvil presenta aberturas para la visión, respiraderos y elementos decorativos de latón.

El segundo casco es una barbuta, un yelmo de acero apuntado con una abertura reforzada en forma de T para los ojos y la boca. El museo destaca su carácter excepcional y lo describe como un ejemplar único en España de una tipología característica del norte de Italia. Su presencia en Monreal de Ariza podría responder a los vínculos de la Corona de Aragón con los territorios italianos.

Las placas de la coracina conservan otros indicios del equipo defensivo. Esta armadura, relativamente económica y utilizada desde el siglo XIV, se componía de láminas metálicas sujetas a una prenda textil mediante remaches de latón. Algunas de las recuperadas todavía presentan restos del tejido de lino al que iban fijadas. Los componentes de las ballestas permiten estudiar el funcionamiento de estas armas entre los siglos XIV y XV. Una pieza de hierro corresponde al disparador, mientras que los elementos de hueso podrían haber servido de soporte al proyectil.

La restauración ha sido decisiva para que estos materiales puedan exponerse. Tras siglos de enterramiento, el conjunto sufría un avanzado proceso de corrosión que comprometía su conservación. Antes de intervenir, el equipo del IPCE realizó estudios para determinar la composición y la estructura de las piezas, así como para localizar detalles ocultos.

La radiografía del bacinete reveló una compleja estructura de láminas de hierro, los remaches de la visera y una inscripción con caligrafía vegetal sobre la ranura de visión. Los análisis mediante fluorescencia de rayos X permitieron estudiar la composición química de los materiales, y la microscopía electrónica de barrido documentó las pátinas y las fibras textiles conservadas.

El tratamiento se centró en estabilizar y consolidar los metales. Se empleó tecnología láser para limpiar los cloruros de cobre, conocidos como «cáncer del bronce», y transformar las zonas verdes pulverulentas en superficies estables. En los cascos resultaron fundamentales el sellado de grietas y la recuperación de la cohesión estructural. Una capa protectora contribuye a evitar la corrosión. Este trabajo ha hecho viable la exhibición y ha ampliado el conocimiento de las piezas y del castillo.

Fuera del armamento, destaca la campana de bronce. Su aparición en un contexto arqueológico es excepcional. La superficie reúne motivos geométricos, vegetales y epigráficos, además de tres escenas en bajorrelieve con la Crucifixión, la Virgen con el Niño y el arcángel san Miguel, enmarcadas por columnas y doseletes góticos. También se recuperó su badajo de hierro, que colgaría de la anilla interior aún conservada.

Estos objetos proceden de una fortaleza situada en el extremo occidental del Reino de Aragón, cuya ubicación le dio un papel defensivo durante casi cinco siglos. El castillo tuvo especial relevancia en los conflictos con Castilla y fue ocupado en 1358, durante la Guerra de los Dos Pedros. Las evidencias arqueológicas indican que su segundo recinto quedó abandonado a mediados del siglo XV a consecuencia del colapso de sus estructuras.

La exposición, comisariada por Durgha Orozco Delgado, José Francisco Casabona Sebastián y Javier Ibáñez González, ocupa la Sala de Novedades Arqueológicas del MAN. Un recorrido autónomo permite relacionar los hallazgos de Monreal de Ariza con piezas de la colección permanente del mismo ámbito cronológico y temático.


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