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Laxeiro-Seoane, cruce de caminos

Laxeiro-Seoane. Cruce de camiños. Debuxos 1930-1950 nace de la colaboración entre la Fundación Luis Seoane y la Fundación Laxeiro, un proyecto que reúne una selección de más de un centenar de dibujos realizados en dos décadas fundamentales en el desarrollo y posterior evolución de la obra de ambos artistas.

Comisariada por Javier Pérez Buján, director de la Fundación Laxeiro, y por Silvia Longueira, directora de la Fundación Luis Seoane, la muestra se inserta en una de las líneas expositivas de la institución coruñesa: el análisis de la evolución de la plástica gallega durante el pasado siglo, especialmente en lo que se refiere a la producción de los artistas del movimiento renovador y, en determinados casos, en sus posibles confluencias estéticas o temporales con la obra de Seoane.

Uno de estos casos es el de José Otero Abeledo, Laxeiro. Creador, al igual que Seoane, de una estética propia basada en el arte y en las tradiciones populares, en las referencias a la arquitectura de la Edad Media, con especial prevalencia del Románico –la influencia de las figuras del Pórtico de la Gloria en la obra de Laxeiro es bien conocida–, la utilización del color como medio de expresión, la reivindicación de una identidad plástica específica, todos estos elementos lo acercan al pintor coruñés. Sin embargo, más allá de una relación de amistad que duraría décadas, las trayectorias e inquietudes de ambos artistas están muy distanciadas en el plano artístico e intelectual.

Primer contacto

El primer contacto entre ambos se produce en 1934 en Santiago de Compostela. Seoane, junto con Carlos Maside, organiza en colaboración con el entonces Decano de la facultad de Filosofía y Letras la que sería la primera exposición individual de la obra del pintor de Lalín, una pequeña muestra que presentaba una selección de una docena de óleos y dibujos que obtendría una buena acogida.

Laxeiro, sin título, 1937. técnica mixta sobre papel, 68 x 48,5 cm. Colección particular.

Laxeiro, sin título, 1937. técnica mixta sobre papel, 68 x 48,5 cm. Colección particular.

Cuando ambos se conocen, Seoane está en sus inicios como artista, centrado principalmente en el dibujo. Sin embargo, Laxeiro ya está inmerso en el mundo de la pintura, ya ha realizado obras fundamentales en su producción como Carnavalada (1931), en las que es posible distinguir muchos de los rasgos que caracterizan su trabajo: la utilización de sepias y ocres para la construcción de las figuras, la ocupación del espacio pictórico, el empleo de temas populares. Obras en las que se percibe la influencia de Ignacio Zuloaga, cuyo trabajo conocería en Cuba, país de una primera emigración realizada en compañía de su familia, y también de las pinturas negras de Goya, artista al que descubre junto a Velázquez y Tiziano en el Prado en su etapa de estudiante en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

A principios de la década de los 50, Seoane es un exiliado que lleva más de una década establecido junto a su mujer en su ciudad natal, Buenos Aires. La actividad en la capital argentina es frenética: pinta, graba, dibuja, ilustra, publica y diseña libros, realiza murales, escribe en revistas y trabaja como divulgador cultural en compañía de otros exiliados como él. Gracias a esta última faceta entrará de nuevo en contacto con Laxeiro, ya que, en 1951, a instancias del Centro Gallego de Buenos Aires, Seoane organizará una gran exposición colectiva en la Galería Velázquez que reunirá los trabajos de los artistas gallegos más destacados del momento. La obra de Laxeiro obtiene un enorme éxito y el pintor no regresará a Galicia hasta la década de los sesenta, manteniendo su residencia en Buenos Aires durante varios años, donde se relacionará al mismo tiempo con artistas argentinos y gallegos.

Personalidades dispares

Si la presencia de Galicia, de su historia y de sus costumbres, y la búsqueda de vías nuevas para desarrollar un arte que se alejase de esa imagen pintoresca y costumbrista que había predominado en el arte gallego durante el siglo XIX fueron puntos de encuentro entre las trayectorias de Seoane y Laxeiro, la manera de aproximarse al hecho pictórico, así como los aspectos intelectuales que forman parte de los procesos artísticos, incluso las personalidades de ambos –Seoane, intelectual, polifacético y reflexivo; Laxeiro, vitalista, espontáneo e intuitivo– no pueden ser más dispares. A Laxeiro no le interesa explicar su pintura desde un punto de vista teórico, sino el acto de pintar como forma de expresión fundamental, la pintura como forma de vida.

Para Seoane, sin embargo, los aspectos teóricos son indisociables de la práctica artística, como lo son la variedad de soportes que utiliza y el trasvase constante de las soluciones que ofrecen determinadas disciplinas a las cuestiones planteadas por otras, como por ejemplo el empleo de la serigrafía como paso previo para la ejecución de su obra mural, que a su vez aportará hallazgos técnicos y estéticos a su pintura.

Laxeiro. Pescantinas, 1940-1950.

Laxeiro. Pescantinas, 1940-1950.

En lo que respecta a la selección de dibujos que protagonizan esta exposición, lo primero que resulta evidente es la marcada influencia que los movimientos de vanguardia que se están desarrollando en Europa, especialmente en Francia y Alemania, tienen en los retratos que un joven Seoane realiza de escritores como Carlos Martínez Barbeito o Ánxel Fole a comienzos de los años 30, caracterizados por su sencillez y por una economía de recursos que, paradójicamente, demuestran un dominio sobresaliente de la técnica, o esa Modista surrealista realizada en 1941.

Seoane dibujará a lo largo de toda su vida, pero es en estos primeros ejemplos en los que se reconocerán muchos de los rasgos que caracterizarán su obra. En ellos se distingue una gran variedad de temas, como la relación entre naturaleza y ser humano, la crítica política y social, los mitos clásicos, etc.

Camiños

Seoane muestra en sus dibujos todo aquello que le interesa o le llama la atención, volcando en ellos la realidad que le rodea. Retrata, hasta en tres ocasiones, a una jovencísima Maruja; a artistas y escritores como Juan Gris y Feliciano Rolán, así a como personajes de su tiempo para la revista Cabalgata, como el premier británico Neville Chamberlain, las actrices argentinas Delia Garcés y Juanita Sujo, la periodista y cantante de jazz Paloma Efron ‘Blackie’… Ilustraciones para libros, varias de las imágenes incluidas en el célebre álbum Homenaje a la Torre de Hércules e incluso un pequeño conjunto de dibujos realizados con ceras de colores durante su estancia en Londres son algunos de los ejemplos de la destreza del artista gallego en este soporte.

Una disciplina, el dibujo, en la que Laxeiro sobresale y que, al igual que en el caso de Seoane, le acompañará a lo largo de toda su trayectoria. Las obras presentes en la exposición muestran la evolución de Laxeiro como artista, en ellas aparecen muchos de los rasgos estilísticos y temáticos que caracterizan su obra, como la estética granítica, el barroquismo y la influencia en el trazo de los grandes maestros de la pintura, así como la fidelidad a una coherencia temática que da forma a un universo creativo fácilmente reconocible.

La selección incluida en esta muestra recoge escenas populares pobladas por lavanderas, pescantinas, campesinos y animales, pero también la peculiar atmósfera de los cafés y tertulias, de los que el artista era asiduo, así como un conjunto de escenas cotidianas, de bocetos realizados en interiores, algunos protagonizados por figuras dormidas que en su sencillez son ejemplo de una sutileza y una técnica sorprendentes.

El Laxeiro más reconocible se manifiesta en los dibujos de máscaras y carnavaladas, presentes en el recorrido expositivo diseñado por los comisarios de la muestra, pero también en los retratos, que a lo largo de la década de los cuarenta le servirán como apoyo económico, y en los que también aparecerán sus compañeros y amigos, como los artistas Carlos Maside y Álvaro Cebreiro.

El propio artista, su familia, protagonizan algunas de las piezas de la exposición, en la que también destacan un conjunto de dibujos, algunos en color, de paisajes urbanos e industriales, y que más allá de los temas descritos son ejemplo de la evolución de un creador que, en el período que describe la muestra, ya ha pasado por varias etapas estéticas y alcanzado madurez plena.