Comisariada por Míriam Huescar, la muestra evita el formato clásico de retrospectiva para plantear una lectura más abierta y viva de la trayectoria del artista. El recorrido conecta sus primeras investigaciones vinculadas al dibujo, la cera o el metal con sus trabajos más recientes, concebidos en diálogo directo con la arquitectura y el espacio expositivo.
En la planta principal, el visitante se encuentra con una serie de núcleos temáticos dominados por instalaciones de gran escala que transforman el espacio en una experiencia inmersiva. Entre ellas destaca Secadero de pensamientos, concebida como una especie de paisaje suspendido formado por decenas de cabezas que parecen flotar en el aire. La acumulación de rostros genera una imagen coral atravesada por la memoria, el paso del tiempo y la experiencia compartida.
Junto a ella aparece Murcia, piel y memoria, un extenso mural escultórico —encargo del Ayuntamiento de Murcia para conmemorar los 1.200 años de la fundación de la ciudad— donde la repetición fragmentada del cuerpo construye un relato ligado a la identidad, la historia y la representación. La obra despliega una tensión constante entre presencia y ausencia, una de las claves del trabajo de Rico.
El piso superior modifica el ritmo de la visita. Frente a la monumentalidad de la planta baja, aquí predominan piezas más íntimas y de menor formato centradas en la autorrepresentación, el recuerdo y la construcción del yo. El espectador se aproxima entonces a una dimensión más vulnerable de la obra, marcada por la fragilidad y la introspección. La experiencia se vuelve casi silenciosa y sitúa al visitante frente a cuestiones ligadas a la identidad y a las tensiones de la condición humana.
Vestigio, máscara y superficie de pensamiento
La práctica artística de Lidó Rico se ha construido a partir de un procedimiento tan físico como conceptual. El artista utiliza la inmersión directa del cuerpo en escayola para convertir la huella corporal en materia artística. Esa operación técnica actúa también como un gesto simbólico que transforma el cuerpo en vestigio, máscara y superficie de pensamiento. Cada pieza conserva la presencia física de Rico y, al mismo tiempo, la convierte en un espacio abierto a múltiples lecturas.

































