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Los caminos de Iturbide

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Nacida en la Ciudad de México en 1942 en el seno de una familia conservadora, el destino de Iturbide [3] cambió drásticamente cuando en 1969 ingresó en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos. Aunque su aspiración inicial era convertirse en directora de cine, el encuentro con el fotógrafo Manuel Álvarez Bravo reorientó su trayectoria. Trabajó como su asistente poco más de un año y de él aprendió a priorizar las emociones sobre la rigidez técnica y a dejarse impregnar sin prisas por la cultura y el arte. De esta experiencia inicial nació un estilo único que fusiona el rigor documental con una visión íntima y profundamente lírica.

Las 57 imágenes de la exposición ofrecen principalmente una exploración antropológica y poética de los inicios de su trayectoria profesional. Ponen de manifiesto la importancia que la fotógrafa siempre ha dado a la honesta conexión y complicidad con la gente y nos hablan de la emoción del factor sorpresa que, unido a sus propias experiencias, la lleva a retratar el momento.

Ajena a modas y poseedora de un espíritu independiente, Iturbide ha consolidado a lo largo de casi seis décadas un lenguaje visual propio. Fiel a las cámaras analógicas y a la película en blanco y negro, rechaza todo tipo de etiquetas como el realismo o el surrealismo. Con su trabajo invita al espectador a una introspección que trascienda la lectura literal de la imagen con el fin de que conecte, de manera emocional, con sus propias vivencias.

La muestra dedica un espacio destacado a algunas de las imágenes más célebres de su trabajo, entre otras, Mujer ángel (1980), fruto de su convivencia con el pueblo de pescadores seri en el desierto de Sonora; Nuestra Señora de las Iguanas (1979), perteneciente al proyecto que llevó a cabo en Juchitán, Oaxaca, fotografía que ha sido reinterpretada por múltiples colectivos y se ha convertido en un icono global; o Magnolia (1986), un retrato con el que se adelanta a los debates contemporáneos sobre la diversidad de género y nos habla de la organización social zapoteca y de la importancia del papel que allí desempeñan las personas muxe, hombres que adoptan roles femeninos dentro de la comunidad sin ser estigmatizados.

En la muestra se presenta también un vídeo que resume una entrevista realizada en 2025, en el que la autora aborda su forma de entender la fotografía, su trayectoria y su proceso creativo. Junto con la exposición se ha editado una publicación [4] que recoge algunas de las obras presentadas en la muestra y un texto de la comisaria.

Honrar la diversidad

La propia fotógrafa afirma: “Todo lo que he fotografiado a lo largo de mi vida ha nutrido mi espíritu y me ha impulsado a repetir el proceso una y otra vez. Lo que impulsa mi trabajo es la sorpresa, el asombro, los sueños y la imaginación”. La propuesta curatorial de Millán subraya cómo su trabajo elude con maestría el paternalismo, la exclusión o la suntuosidad. Sus retratos honran la diversidad de los pueblos sin caer en juicios moralizantes, mostrando la belleza de las personas y retratándolas con respeto y dignidad. En la sociedad actual, la mirada de Iturbide se vuelve un acto de resistencia humanista donde el otro, el diferente, es celebrado.