Comisariada por Walter Smerling, presidente de la Stiftung für Kunst und Kultur de Bonn [3] y director del Museo Küppersmühle de Arte Moderno de Duisburgo [4], las obras proceden principalmente de la colección que Hans Grothe reunió durante varias décadas, integrada por cerca de un centenar de piezas de Kiefer, y se completan con préstamos de otras colecciones privadas.
El recorrido concentra algunos de los asuntos que han acompañado al artista desde los inicios de su trayectoria. La memoria histórica ocupa un lugar central, especialmente la europea y la alemana, pero sus referencias se extienden hacia la poesía, las tradiciones religiosas, la mitología, la filosofía o la ciencia. Kiefer recupera ese conocimiento, lo transforma y establece asociaciones entre épocas y disciplinas.
Trabaja con medios que se complementan y con frecuencia desbordan sus límites. Un libro puede adquirir una dimensión escultórica; una pintura incorpora materia vegetal; una vitrina reúne objetos, imágenes e inscripciones. En La Pedrera, estas formas de expresión participan de una misma indagación sobre las huellas del pasado y la capacidad de transformación de la materia.
El centro del relato
El título de la exposición remite al vínculo entre microcosmos y macrocosmos. Su referencia fundamental es Robert Fludd, médico, naturalista y filósofo inglés que, a comienzos del siglo XVII, concebía el mundo como un conjunto interconectado. Las plantas, las estrellas y la conciencia humana formaban parte de esa red. Kiefer recupera esta concepción en The Secret Life of Plants, for Robert Fludd, un conjunto de 14 pinturas de gran formato situado en el centro del relato expositivo. Sus paisajes estelares incorporan referencias históricas, literarias y filosóficas. Las constelaciones conectan elementos y tiempos distintos, mientras la densidad de las superficies remite a los estratos de la memoria.
Los girasoles expresan de manera concreta esa relación. En las flores maduras, inclinadas hacia el suelo, el artista reconoce un vínculo con el cielo. Las semillas del centro evocan estrellas y convierten la planta en una imagen del universo. La naturaleza proporciona así formas con las que pensar la relación entre el ser humano y el cosmos. Bosques, campos y flores reaparecen en su producción con significados que exceden su condición de paisaje. El bosque lleva consigo la historia y la mitología de la cultura alemana. Las amapolas se asocian con la memoria, el olvido, la muerte y la poesía. En estos motivos, la vida vegetal participa de procesos de destrucción y regeneración que también afectan a los materiales de las obras.
Una visión del mundo
La muestra permite descubrir también la Colección Grothe, formada a lo largo de varias décadas por Hans Grothe e integrada por cerca de un centenar de obras de Anselm Kiefer. Se trata de una de las colecciones privadas más relevantes dedicadas al artista. En La Pedrera confluyen especialmente dos de los grandes conjuntos presentes en esta colección: las constelaciones y las vitrinas, que muestran cómo Kiefer entrelaza historia, naturaleza, mitos y cosmos para construir una visión compleja y poliédrica del mundo.
Una de las principales aportaciones de la exposición es la presentación, por primera vez en España, de Opus Magnum. En este conjunto de vitrinas, Kiefer preserva tras el vidrio plantas, piedras, libros, telas, fotografías y otros fragmentos. Los objetos funcionan como depósitos de memoria cultural y sus inscripciones los vinculan con historias, mitos y sistemas de pensamiento.
La poesía de Paul Celan y de Ingeborg Bachmann convive en este universo con la cábala, la historia alemana y la mitología. El título del conjunto remite a la tradición alquímica y a los procesos de transformación. Esa referencia atraviesa el trabajo de Kiefer, donde materiales y significados pueden cambiar, destruirse y reconstruirse. El vidrio establece un recinto para los fragmentos. Dentro de él, cada elemento conserva una huella y se relaciona con los demás. Las vitrinas adquieren así una dimensión de archivo, aunque sus asociaciones permanecen abiertas a la interpretación.
La materia interviene de manera decisiva en esa construcción. El artista emplea plomo, tierra, paja, ceniza, madera, plantas y objetos encontrados junto a los materiales tradicionales de la pintura y la escultura. Su peso, fragilidad o deterioro forman parte del sentido de las piezas. La paja introduce la temporalidad de lo orgánico y contrasta con la densidad del plomo, uno de sus materiales más característicos. La ceniza conserva el rastro de la destrucción y contiene la posibilidad de una regeneración. Las ruinas reúnen vestigios del pasado sobre los que puede levantarse una nueva construcción. La transformación física de estos elementos da cuerpo a las preguntas sobre memoria y olvido que recorren su obra.
Memoria y olvido
La palabra tiene una presencia constante en Kiefer. Nombres, versos, fórmulas y citas aparecen sobre el vidrio, en pizarras, en objetos o directamente en las pinturas. Esas inscripciones orientan la mirada hacia otros contextos y ofrecen vías de asociación, sin fijar una explicación definitiva. La literatura también. Sus referencias a la poesía, la Biblia, la cábala y la mitología germánica se trasladan también a los libros de artista, uno de sus principales medios de expresión desde 1968. La exposición dedica a ellos un tercer núcleo que muestra una faceta más privada de su producción.
Son piezas únicas, elaboradas artesanalmente, en las que se cruzan escultura, imagen y archivo. Conservan conocimientos y recuerdos, permiten interrogar el pasado y registran los autores, pensamientos y motivos que el artista reelabora. Su condición material resulta tan significativa como las imágenes o los textos que contienen.

La Pedrera acoge la exposición «La vida secreta de las plantas. Anselm Kiefer en la Colección Grothe». El artista en la muestra.
La exposición se extiende desde la planta noble hasta el patio de Passeig de Gràcia, donde se presenta Frauen der Antike —Mujeres de la Antigüedad—. Este proyecto aborda otra de las preocupaciones del artista, la relación entre la historia de las mujeres y las representaciones que han llegado hasta el presente. Para desarrollarlo, Kiefer reunió en sus cuadernos notas sobre las biografías de 86 mujeres de la Antigüedad, ordenadas alfabéticamente. La escasez y la disparidad de las fuentes hacen que muchas sean conocidas a través de imágenes míticas o abstractas, con información limitada sobre sus vidas concretas. El proyecto examina esa distancia entre figura histórica y representación.
Su presencia en el patio incorpora esta investigación a la relación que la muestra establece con el edificio de Gaudí. En la planta noble, las grandes pinturas, las vitrinas y los libros se disponen en contacto con las formas arquitectónicas y la luz. La naturaleza, la materia y las formas orgánicas constituyen puntos de encuentro entre ambos universos, mientras la escala y las texturas de las piezas adquieren protagonismo en el recorrido.
La visita a La Pedrera concluye con una versión reducida de Anselm Kiefer in Barjac (2014), de Sophie Fiennes. El audiovisual recorre el lugar del sur de Francia donde Kiefer se instaló en 1992, sobre el solar de una antigua fábrica de seda abandonada. Su casa y sus estudios se ampliaron con excavaciones subterráneas, grandes invernaderos y torres construidas con moldes de hormigón de contenedores marítimos. Ese espacio, conocido como La Ribaute, reúne las intervenciones del artista en una obra de arte total. Entre las construcciones y las piezas, la vegetación recupera lentamente el terreno. La transformación que atraviesa sus pinturas, sus vitrinas y sus libros continúa allí, en el paisaje donde trabaja.
– Actividades complementarias. El 22 de octubre, el Palau de la Música Catalana acogerá al Trio Fortuny y a la clarinetista Cristina Mateo Sáez, que interpretarán Cuarteto para el fin del tiempo, de Olivier Messiaen, y Fratres, de Arvo Pärt, con proyecciones de obras de Kiefer. El 19 de noviembre se realizará una visita comentada a PLANTA, el espacio de la Fundación Sorigué en La Plana del Corb, en Balaguer. Allí, el Kiefer Pavilion alberga tres pinturas de gran formato del artista. El 2 de diciembre, el Gran Teatre del Liceu ofrecerá un recital concebido para la exposición, con el Ensemble O Vos Omnes, el cuarteto de saxofones Kebyart y el poeta Manuel Forcano.
– El catálogo de la exposición desarrolla estos ejes mediante textos de Sébastien Delot, Cathrin Klingsöhr-Leroy y Walter Smerling, además de una breve cronología. Tiene 240 páginas y se ha publicado en versiones en catalán y castellano, ambas con traducciones de los textos al inglés.






























