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El hombre que transformó la percepción de los Pirineos

La muestra reúne más de doscientas reproducciones fotográficas, álbumes históricos con copias originales a la albúmina, planos, cuadernos de viaje, libros, grabados y abundante documentación manuscrita que permite recorrer tanto la dimensión artística como la científica de un autor decisivo para comprender la historia de los Pirineos. Buena parte de ese patrimonio se conserva en el Château Fort-Musée Pyrénéen de Lourdes [1], institución que custodia el núcleo principal de su obra.

Nacido en el barrio parisino de La Villette en 1860, Lucien Henri César Briet desarrolló desde muy joven una curiosidad insaciable. La historia, la geografía, la geología, la espeleología, la hidrología, la etnología o la toponimia despertaron su interés mucho antes de iniciar sus expediciones. Aquellas inquietudes, alimentadas también por las lecturas de su juventud y especialmente por el célebre Viaje a Monte Perdido de Louis Ramond de Carbonnières, terminaron configurando una personalidad poco común, impulsada por el deseo permanente de explorar lo desconocido.

Su trayectoria vital estuvo marcada por episodios poco convencionales. Tras alistarse en el ejército, desertó y pasó cuatro años exiliado voluntariamente en Bruselas, donde inició una prometedora carrera literaria. Más tarde cumplió el servicio militar en Argelia organizando expediciones, una experiencia que resultaría decisiva para sus futuros viajes. La herencia recibida tras la muerte de su padre le proporcionó la independencia económica necesaria para emprender las campañas fotográficas que acabarían definiendo toda su vida.

Lucien Briet. Ascension à la Brèche de Roland. La Brèche de Roland. 2 de septiembre de 1889.

El encuentro con la fotografía llegó de la mano de Albert Decaix, fabricante de instrumentos ópticos y propietario de L’Optique Commerciale, quien le suministró un equipo para placas de vidrio de gran formato. El 26 de agosto de 1889 realizó su primera fotografía en los Pirineos. Apenas unos días después inmortalizaba a su guía Henri Poc en la Brecha de Rolando. Aquel instante marcó el comienzo de una dedicación que se prolongaría durante más de dos décadas.

Las montañas no eran para Briet un simple escenario de contemplación. Cada ascensión suponía una investigación en la que convergían la observación geológica, el estudio del territorio y la documentación visual. Sus expediciones se prolongaban durante semanas e incluso meses, recorriendo ambas vertientes de la cordillera con una precisión casi cartográfica.

El recorrido expositivo diseñado por Enrique Carbó permite apreciar esa evolución a través de cuatro grandes ámbitos temáticos. El primero presenta al hombre detrás del fotógrafo mediante imágenes tempranas, apuntes de sus expediciones en Argelia, materiales relacionados con la espeleología y las primeras incursiones en los Pirineos. A continuación, el visitante se adentra en el macizo pirenaico, donde aparecen algunos de los paisajes más icónicos de Gavarnie, Monte Perdido o la Brecha de Rolando, territorios que alimentaron algunas de sus empresas editoriales más ambiciosas.

Alto Aragón

El núcleo central de la exposición está dedicado al Alto Aragón, escenario que transformó definitivamente su mirada. Entre 1904 y 1911 concentró casi toda su actividad en estas montañas, recorriendo el valle de Vió, la cuenca del río Ara, los estrechos de Las Devotas, el Entremón o la sierra de Guara acompañado por sus guías y dos burros que transportaban las delicadas placas de vidrio y los cuadernos donde registraba cada observación. Aquellas campañas dieron origen a una documentación excepcional sobre un territorio apenas conocido entonces y convirtieron a Briet en el gran divulgador de estos paisajes.

El itinerario concluye con el valle de Ordesa y el cañón de Añisclo, espacios que ocupan un lugar privilegiado en su producción y donde alcanza algunas de sus imágenes más representativas. La exactitud de sus puntos de vista, la limpieza compositiva y la extraordinaria capacidad para describir la monumentalidad del relieve revelan una forma de fotografiar alejada del efectismo. Sus imágenes conservan un evidente valor documental, pero también una poderosa dimensión estética que explica su vigencia más de un siglo después.

La investigación desarrollada para esta exposición ha supuesto además un importante avance en el conocimiento de su archivo. La digitalización, catalogación y geolocalización de las 1.868 placas de vidrio conservadas, entre ellas los 1.639 negativos de gran formato que constituyen el núcleo de su producción, ha permitido reconstruir con precisión muchos de sus itinerarios y contextualizar las fotografías a partir de sus propios escritos.

Ese trabajo también ha deparado un hallazgo especialmente significativo. Durante el proceso apareció el texto completo y las diapositivas originales de la conferencia Les défilés du Haut-Aragon, pronunciada por Briet en la Société de Géographie de París en 1906. La exposición incorpora un documental que recupera aquella intervención utilizando los textos y las imágenes originales, devolviendo la voz al propio explorador.

Hombre de letras

Aunque el tiempo haya consagrado sobre todo al fotógrafo, Briet siempre se consideró un hombre de letras. Escribía con la misma intensidad con la que recorría las montañas y concebía la fotografía como complemento indispensable de sus relatos. Defendía que una descripción solo alcanzaba toda su fuerza cuando podía apoyarse en una imagen rigurosa y fiel a la realidad. Sus publicaciones nacieron precisamente de esa voluntad de unir palabra e imagen para explicar con precisión aquello que descubría.

Paradójicamente, esa producción literaria continúa siendo mucho menos conocida que sus fotografías. Sin embargo, resulta esencial para comprender el ambiente de la montaña pirenaica durante el cambio de siglo y el proceso de exploración de comarcas que apenas habían sido documentadas. Buena parte de ese legado permanece todavía pendiente de estudio, especialmente los manuscritos dedicados al Alto Aragón, donde confluyen la sensibilidad del escritor y el rigor del observador.

Lucien Briet falleció en 1921 dejando tras de sí una obra inmensa y una manera de mirar que transformó para siempre la percepción de los Pirineos. La exposición no solo recupera la memoria de un fotógrafo extraordinario. También reivindica la figura de un explorador cuya curiosidad desbordó los límites de la fotografía para convertir cada viaje en una investigación sobre el paisaje, la geografía y la vida de las montañas.

Ocho largos años

La precisión de sus encuadres, la exactitud del punto de vista y la sobriedad compositiva de sus fotografías revelan la singular geografía de los paisajes inmortalizados por el más español de los pirineístas franceses que, terminadas sus excursiones por el valle de Gavarnie, se consagró durante ocho años (1904-1911) casi exclusivamente a la exploración del Alto Aragón y cuya labor fue especialmente notable en los territorios del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido y del Parque Natural de la Sierra y los Cañones de Guara.