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Marina Núñez, un universo de mundos conectados

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Organizada por la Fundación Ciudad de la Energía (CIUDEN) y comisariada por Isabel Durán, la muestra propone una experiencia inmersiva en la que conviven cerámica, cristal, sonido y creación digital. Los distintos lenguajes se integran en un recorrido concebido para reflexionar sobre el lugar del ser humano en el planeta y su pertenencia a una realidad mucho más amplia.

Núñez lleva años construyendo imaginarios donde los límites físicos pierden estabilidad. Sus figuras se desdoblan, mutan o se fusionan con otras formas de vida. Lejos de presentar identidades cerradas, su trabajo plantea cuerpos permeables y universos en permanente transformación. En esta ocasión, esa investigación se extiende desde la escala humana hasta la dimensión cósmica.

Mosaico

El centro de la exposición lo ocupa la pieza que le da título, realizada en 2025. Se trata de un mosaico pavimental de 104 metros cuadrados compuesto por 288 baldosas cerámicas impresas digitalmente. Su extensión convierte el suelo de la sala en una gran superficie visual por la que transita el visitante, rodeado de imágenes aéreas, paisajes simbólicos y referencias a la presencia humana en el mundo.

Una figura antropomorfa formada por esferas y fragmentos planetarios domina la composición. En ella se cruzan la anatomía, la geografía y la visión del universo. El cuerpo deja de ser una entidad autónoma para revelarse como una suma de territorios y relaciones. La imagen funciona así como metáfora de una humanidad inseparable del planeta que habita y del cosmos al que pertenece.

La elección de la cerámica refuerza esa conexión con la materia terrestre, mientras la impresión digital introduce una técnica asociada a la producción contemporánea de imágenes. Ambas dimensiones dialogan en una obra que enlaza lo tangible con lo virtual, la superficie mineral con la representación tecnológica.

El mosaico está acompañado por una composición musical creada expresamente por Luis de la Torre. El sonido envuelve la sala y amplía la percepción del conjunto más allá de la mirada. La obra adquiere así una dimensión espacial y sensorial que invita a recorrerla, escucharla y descubrir sus múltiples detalles desde diferentes posiciones.

Dependencias

Junto a esta instalación se presenta Cosmos, también de 2025, una serie integrada por 10 esferas de cristal grabadas con láser e iluminadas mediante bases LED. Suspendidos visualmente en la penumbra, estos cuerpos remiten a planetas, células u organismos difíciles de identificar con precisión. Su ambigüedad permite acercar lo microscópico y lo astronómico, como si ambas escalas respondieran a una misma estructura vital.

La fragilidad del cristal contrasta con la amplitud del universo al que aluden las piezas. Cada esfera encierra formas que parecen encontrarse en pleno proceso de cambio. El cosmos emerge de este modo como una totalidad viva, inestable y vulnerable, atravesada por transformaciones continuas.

 
Las dos obras comparten una misma concepción de la existencia. Seres humanos, organismos no humanos y elementos naturales forman parte de una red común de relaciones y dependencias. Frente a una mirada que sitúa al individuo en el centro, Marina Núñez propone reconocer una convivencia sustentada en la empatía, la responsabilidad y el cuidado.

La exposición traduce esa interdependencia en cuerpos compuestos, mundos superpuestos y paisajes que se introducen unos en otros. Sus imágenes permiten comprender que cada existencia contiene rastros de muchas otras y que ninguna puede explicarse por completo al margen de su entorno.

Libro de artista

Esa reflexión continúa en la publicación homónima editada con motivo del proyecto. Concebida como un libro de artista, incluye el texto La lengua de la Tierra, de Isabel Durán, una selección de 24 láminas procedentes de la instalación y un póster desplegable. La recomendación de leerlo ante la propia obra convierte el volumen en una prolongación del recorrido expositivo. También puede consultarse en formato digital [3].

Con exposiciones recientes en el Museo Thyssen-Bornemisza, el Lázaro Galdiano y el Nacional de Antropología, Marina Núñez ha consolidado una trayectoria marcada por la revisión crítica de la identidad y por el empleo de herramientas digitales para imaginar otras formas de existencia. Tantos mundos en este prolonga esa investigación mediante una propuesta de escala monumental que reúne algunas de las preocupaciones centrales de su trabajo.

La muestra confirma además la apuesta de La Térmica Cultural por proyectos capaces de relacionar la creación contemporánea con los desafíos medioambientales, sociales y culturales del presente. En el universo interconectado de Núñez, contemplar el planeta supone reconocerse como una parte de él. La imagen final no habla de un único mundo, sino de todos los que conviven, se sostienen y se transforman dentro del nuestro.