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La fotografía como espacio de autoconocimiento

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La muestra, que ya se pudo ver en el Centro de Fotografía KBr de Barcelona, reúne copias de época y presenta íntegras once secuencias fotográficas, algunas nunca expuestas mientras White vivía y, en su mayoría, inéditas hasta ahora en Europa en su forma completa. Alrededor de ellas aparecen fotografías que el artista no incorporó a esos conjuntos, además de hojas de contacto, libros y revistas. El recorrido permite seguir su trabajo como fotógrafo y entender cuánto dependía de la edición, la escritura y la enseñanza su manera de concebir una imagen.

Carlos Gollonet, comisario de la exposición y conservador jefe de Fotografía de Fundación Mapfre, insiste en esa amplitud de intereses. White ocupó un lugar decisivo en la fotografía estadounidense del siglo XX por su obra, pero también por la actividad que desarrolló en escuelas, museos y publicaciones cuando el medio ganaba reconocimiento artístico. Utilizó todos esos ámbitos para compartir una misma convicción: la capacidad del medio para expresar una experiencia personal y provocar otra en quien la contempla.

White había estudiado botánica y escribía poesía antes de dedicarse profesionalmente a la cámara. La fotografía le ofreció un medio ligado al mundo visible y, a la vez, abierto a múltiples interpretaciones. Gollonet sitúa ahí uno de los fundamentos de su trabajo. La apariencia documental de una imagen podía servirle para construir un sentido íntimo que el motivo fotografiado, por sí solo, no revelaba.

Su trayectoria comenzó en Portland. Allí recibió el encargo de fotografiar edificios históricos destinados a desaparecer por una reforma urbana. Las imágenes conservan el carácter documental del proyecto, aunque las tomas nocturnas dejan ver otras inquietudes. En sus viajes por Oregón fotografió paisajes, granjas y pequeños objetos encontrados. Parte de aquel trabajo integró su primera exposición individual, presentada en el Portland Art Museum en 1942. White fue definiendo entonces una fotografía directa, de composición precisa, en la que puertas, ventanas rotas y formas de la naturaleza adquirían un valor personal.

San Francisco

El traslado a San Francisco en 1946 abrió una etapa decisiva. Trabajó como profesor asistente de Ansel Adams en la California School of Fine Arts y mantuvo contacto con Edward Weston. En esos años desarrolló sus métodos docentes, participó en la fundación de la revista Aperture y realizó las primeras secuencias que articulan su obra. Fue allí donde White estableció los fundamentos teóricos de su fotografía y su modo de presentarla.

Una secuencia reúne imágenes elegidas y ordenadas para que la relación entre ellas genere asociaciones. White desconfiaba de la fotografía aislada como vehículo suficiente para comunicar lo que buscaba. Comparó este procedimiento con un «cine de imágenes fijas». El orden importa, pero el sentido no queda cerrado por él. El artista reclamaba una participación activa del espectador, que completa con su experiencia lo que ocurre entre una fotografía y la siguiente. Al mismo tiempo, le preocupaba que una lectura se alejara demasiado de su intención, de ahí la importancia que concedía a los títulos y a la palabra escrita.

En La tentación de san Antonio son los espejos, de 1948, llevó esa relación entre imagen y estado interior al retrato y al desnudo masculino. La secuencia reúne 32 fotografías de Tom Murphy, alumno y modelo suyo. White las montó en dos cuadernos idénticos, uno para cada uno. El trabajo se relaciona con sus lecturas sobre interpretación teatral, que influyeron tanto en la dirección del modelo como en su enseñanza. Nunca llegó a exponerlo en vida.

Otras secuencias de esos años dejan ver, con distintos grados de claridad, el deseo y los conflictos personales del fotógrafo. White no reconoció públicamente su homosexualidad. El comisario vincula esa imposibilidad de vivir con plena libertad su vida afectiva con una tensión que reaparece en su obra y en sus diarios. En cualquier caso, la exposición aborda esa dimensión, pero sin reducir a ella su ingente labor.

En Cuarta secuencia, realizada con primeros planos de las rocas de Point Lobos, los encuadres eliminan el horizonte y acercan la mirada a formas erosionadas por el agua. En Canción sin palabras, los paisajes de la costa californiana se alternan con retratos.

San Francisco muestra también a un White menos conocido. Con una pequeña cámara de 35 milímetros tomó miles de fotografías de sus calles para un proyecto de catalogación de la ciudad que no llegó a publicarse. De ese material seleccionó 19 imágenes para Presagios de desastre, una secuencia de visión inquietante. La exposición presenta el montaje original y único realizado por el artista, conservado en el Museum of Fine Arts de Houston, junto a otras fotografías urbanas que permiten apreciar la variedad de aquel trabajo.

Graneros

En 1953 se instaló en Rochester, invitado a incorporarse a la George Eastman House como asistente de comisariado. Continuó dirigiendo y editando Aperture, trabajó también en la revista Image y amplió su actividad como profesor y responsable de talleres. Nuevas lecturas místicas y filosóficas entraron en su trabajo. Gollonet considera a White un autor de formación ecléctica, dispuesto a ensayar en la fotografía ideas procedentes de la literatura, la psicología o distintas creencias espirituales.

En Catedrales rurales, de 1955, volvió la cámara hacia graneros y otras construcciones del paisaje estadounidense. El uso de película infrarroja altera la apariencia habitual de esos lugares. Cinco años después completó El sonido de una mano, una secuencia relacionada con su acercamiento al pensamiento zen. Entre sus diez fotografías figuran primeros planos de la escarcha formada en las ventanas de su apartamento. Las imágenes rozan la abstracción sin dejar de proceder de objetos y lugares concretos. White esperaba que la atención del espectador hiciera aflorar una resonancia propia, distinta de la simple identificación de lo fotografiado.

La última etapa comenzó en 1965, cuando se incorporó como profesor invitado al Massachusetts Institute of Technology. Allí encontró un entorno multidisciplinar acorde con su forma de enseñar. Impartió talleres, comisarió exposiciones y completó Slow Dance, una proyección dual de cien diapositivas en color. Publicó además Mirrors Messages Manifestations, su único libro aparecido en vida, en 1969. Todavía realizó Secuencia 1968 y Secuencia totémica, concluida en 1974 con fotografías tomadas años antes en la costa de Maine.

La actividad editorial ocupa un lugar propio en la exposición. White fue uno de los fundadores de Aperture, nacida en 1952 como un espacio para que los fotógrafos compartieran y discutieran su trabajo. En sus páginas trató la enseñanza, los libros, las exposiciones y la experiencia de mirar. La selección de ejemplares permite seguir cómo sus intereses estéticos y filosóficos fueron encontrando expresión en la revista.

Minor White murió en 1976 y legó su archivo fotográfico al Princeton University Art Museum, principal prestador de esta retrospectiva. En sus salas, las secuencias conservan la exigencia que su autor depositó en ellas. Cada fotografía pide atención; la siguiente obliga a mirar de nuevo la anterior.

También profesor y editor

La trayectoria como autor de White estuvo dominada desde sus inicios por diversas actividades que se entrelazaban e influían mutuamente. Escritura, comisariado de exposiciones, edición y enseñanza fueron para él igual de relevantes que la práctica de la fotografía. Su faceta docente cobra una especial importancia por el carácter marcadamente pionero con que impulsó la introducción y consolidación de nuevos programas académicos sobre fotografía en instituciones de prestigio. Asimismo, y ya en el ámbito privado, se encuentra entre los principales impulsores del formato workshop (taller), entonces en ciernes. Ya hacia el final de su vida pudo crear un laboratorio de fotografía creativa donde consiguió implantar un método educativo alejado de las experiencias más rígidas y regladas que se promovían en otras instituciones.