- hoyesarte.com - https://www.hoyesarte.com -

Pascual Capuz, una modernidad que merece ser redescubierta

Pascual Capuz. "Joven con perro", 1901-1950 ca. Aguada sobre cartón. Museo Nacional de Cerámica “González Martí” CE4/00390.

Pascual Capuz. «Joven con perro», ca. 1901-1950. Aguada sobre cartón. Museo Nacional de Cerámica “González Martí”. CE4/00390.

La modernidad artística también se construyó en las páginas de las revistas, en los carteles que anunciaban fiestas y acontecimientos y en las ilustraciones que acompañaban la vida cotidiana.

En esos territorios, tradicionalmente considerados secundarios frente a la pintura y la escultura, Capuz desarrolló buena parte de su trabajo. Su nombre tuvo una presencia destacada en la cultura gráfica de las primeras décadas del siglo XX. Recuperarlo supone revisar una trayectoria singular y, al mismo tiempo, ampliar la mirada sobre un periodo de profundas transformaciones estéticas.

A esta tarea contribuye el MUREC con una exposición que devuelve la atención a un creador que transitó con soltura entre la pintura, el dibujo, la caricatura, la ilustración y el cartelismo. Su recuperación resulta especialmente pertinente porque, pese a los reconocimientos que obtuvo en vida, apenas se han celebrado exposiciones que permitan conocer su producción con cierta amplitud. Este relativo olvido responde, en buena medida, a una valoración historiográfica que durante décadas concedió escasa importancia a los profesionales de la ilustración y las artes gráficas.

Pascual Capuz nació en una familia de larga tradición artística. De procedencia genovesa, los Capuz estaban establecidos en Valencia desde mediados del siglo XVII y habían destacado fundamentalmente en la talla y la escultura. Su hermano menor, José Capuz, llegaría a convertirse en uno de los renovadores de la escultura española de comienzos del siglo XX. Pascual eligió otro camino, vinculado principalmente al dibujo y la pintura.

Inició su formación en la Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y la continuó en Barcelona, ciudad a la que se trasladó en 1907 y donde desarrollaría prácticamente toda su carrera. Aquel mismo año obtuvo, en la clase de dibujo del natural de la Escuela de Artes y Oficios y Bellas Artes, el premio ordinario del centro y el extraordinario del Ayuntamiento barcelonés. El cambio de ciudad resultó decisivo. Barcelona ofrecía un ambiente artístico receptivo a las corrientes internacionales y una actividad editorial que abría nuevas posibilidades profesionales. Capuz comenzó a trabajar para Seix y Barral y encontró en las publicaciones satíricas y culturales un medio especialmente adecuado para desarrollar su talento.

Sus colaboraciones en L’Esquella de la Torratxa y Papitu le proporcionaron una notable popularidad. Esta última revista, fundada en 1908 por Feliu Elias, «Apa», reunió a figuras como Isidre Nonell, Xavier Nogués, Ricardo Opisso, Josep Aragay o Ricard Canals.

En aquel entorno, Capuz participó en una renovación del lenguaje gráfico que respondía a los cambios de sensibilidad de la época. Sus primeras caricaturas ya mostraban una inclinación hacia las imágenes fragmentadas y geometrizadas. Progresivamente, la línea sinuosa y ornamental del modernismo fue dejando paso a un dibujo más sintético, nervioso y expresivo. Las figuras se estilizaron, los gestos adquirieron mayor intensidad y las composiciones incorporaron recursos próximos al expresionismo.

Pascual Capuz. «Mujer desnuda», ca. 1901-1950. Óleo y aguada sobre cartón. Museo Nacional de Cerámica “González Martí”. CE4/00400.

La evolución de Capuz permite seguir el tránsito entre diferentes tendencias artísticas sin reducir su producción a una única etiqueta estilística. Su obra asimiló novedades formales, mantuvo vínculos con la tradición académica y desarrolló soluciones personales en función de los distintos medios en los que trabajaba. En 1909 recibió una medalla de bronce en la Exposición Regional de Valencia, uno de sus primeros reconocimientos públicos. A partir de 1916 intensificó su dedicación al cartelismo, una actividad favorecida por la proliferación de concursos comerciales y festivos en distintas ciudades. El cartel del carnaval de Barcelona de 1917 constituye un ejemplo significativo de su evolución hacia un decorativismo de contrastes lineales, todavía relacionado con los elementos grotescos propios de las manifestaciones populares. Un año después fue premiado en el concurso de carteles del Baile de Máscaras del Círculo de Bellas Artes de Madrid.

Su lenguaje continuó transformándose. El cartel para la Feria de Muestras de Barcelona de 1922 incorporaba ciertas exuberancias neobarrocas, mientras que obras como Alegoría del Comercio Marítimo (1920) evidenciaban una orientación más clásica y equilibrada, próxima al art déco.

Pascual Capuz. Retrato de la esposa del pintor, 1901-1933 ca. Aguada sobre cartón. Museo Nacional de Cerámica “González Martí” CE4/00370.

Pascual Capuz. Retrato de la esposa del pintor, ca. 1901-1933. Aguada sobre cartón. Museo Nacional de Cerámica “González Martí”. CE4/00370.

La consolidación de su prestigio llegó en 1924, cuando obtuvo una primera medalla en la sección de Artes Decorativas de la Exposición Nacional de Bellas Artes. Al año siguiente consiguió una medalla de oro en la Exposición Internacional de París, acontecimiento decisivo para la difusión internacional del art déco. Capuz, sin embargo, llevaba años trabajando con planteamientos afines a esa corriente.

Desde mediados de los años veinte, su dibujo evolucionó hacia una mayor depuración geométrica, perceptible en el cartel de la Feria de Julio de Valencia de 1933. En esta etapa se advierten afinidades con las formas volumétricas y sintéticas de su hermano José, dentro de una orientación neocubista compartida por ambos artistas.

Pero su producción no se agotó en las artes gráficas. Su pintura, desarrollada en un ámbito más privado, revela una faceta diferente. Cultivó el retrato, las escenas costumbristas y las composiciones intimistas, con su esposa, Teresa García Falgás, como modelo frecuente. También representó ambientes nocturnos y personajes elegantes, vinculados a la vida mundana de los años veinte, con un lenguaje pictórico sensiblemente distinto del que empleaba en sus dibujos.

Pascual Capuz. Retrato de su esposa, Teresa García Falgás. ca. 1901-1950. Aguada sobre cartón. Museo Nacional de Cerámica “González Martí”. CE4/00378.

La revisión de Capuz plantea una cuestión que trasciende su biografía. La historia de la modernidad ha privilegiado tradicionalmente determinadas disciplinas y formas de creación, relegando otras que desempeñaron un papel fundamental en la transformación de la cultura visual. La trayectoria del valenciano cuestiona esa jerarquía. Sus ilustraciones y carteles participaron de los mismos cambios estéticos que afectaban a la pintura y la escultura, aunque circularan por canales distintos. La prensa, las publicaciones ilustradas y la publicidad se convirtieron en soportes para experimentar con nuevas formas de representar la figura humana, el movimiento y la vida contemporánea.

Esa diversidad constituye una de las principales razones para volver sobre su obra. Capuz fue testigo y protagonista de una época en la que las imágenes comenzaron a multiplicar su presencia en la sociedad y los artistas encontraron nuevas posibilidades expresivas fuera de los espacios tradicionales de exhibición. Su legado permanece asimismo en colecciones y fondos documentales, entre ellos los del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí, que conserva obras y documentación relacionadas con su producción. Estos materiales permiten continuar estudiando una trayectoria cuya valoración histórica sigue abierta.

La exposición ha sido producida por la Fundación de Arte Ibáñez Cosentino y organizada conjuntamente con la Diputación de Almería.