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Picasso y Dumile: grito contra la opresión

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Bajo una premisa que toma prestada una frase apócrifa atribuida a Mark Twain, el Museo Reina Sofía comienza un ambicioso proyecto expositivo que busca sacar al Guernica de su pedestal estrictamente europeo para insertarlo en conversaciones con otros contextos geográficos y temporales. El primer invitado a este duelo visual es Dumile Feni (Worcester, Sudáfrica, 1942 – Nueva York, 1991), figura capital del arte sudafricano, apodado en su momento como el «Goya de los Townships» por su capacidad para retratar la angustia existencial y la violencia sistémica. La exposición supone un hito, ya que es la primera vez que la obra cumbre de Dumile, que es como firmaba, sale de su país para dialogar con el lenguaje visual de Picasso —el monocromatismo, la distorsión y el cuerpo fragmentado— en lo que se puede entender como un grito compartido contra la opresión.

La comisaria Tamar Garb destaca la singularidad de la propuesta de Dumile en su contexto original, señalando que en la década de 1960 pocos artistas trabajaban en una escala tan monumental con materiales de dibujo que, a primera vista, podrían remitirnos a una «tradición», cuando en realidad representaban todo lo contrario: una transgresión absoluta. El artista rompió los esquemas de lo que se esperaba de un artista negro en la Sudáfrica segregada, huyendo del «arte nativo» destinado al mercado turístico para apostar por una ambición formal y técnica arrolladora que desafiaba las convenciones de la época.

Uno de los puntos clave de esta muestra, que Garb define como «pequeña pero muy centrada y hermosa», es la relectura de la violencia que ambas obras representan. Ante la pregunta recurrente de si el African Guernica es una obra antibelicista, la comisaria destaca que no nace en un contexto de guerra convencional, sino que aborda un tipo de violencia más sostenida en el tiempo y estructural, como es la violencia racista del régimen del apartheid. Mientras que el lienzo de Picasso detiene el tiempo en el instante del bombardeo, el dibujo de Feni plasma el horror crónico de un sistema diseñado para la deshumanización del otro.

Dumile Feni, African Guernica [Guernica africano], 1967. Carboncillo y lápiz sobre papel, 218 × 226 cm. National Heritage and Cultural Studies Centre, University of Fort Hare. © Estate Dumile Feni and Dumile Feni Family Trust.

El recorrido permite asomarse a la psique de un autor que fue, ante todo, un dibujante compulsivo capaz de producir una cifra ingente de obras a lo largo de su corta vida. Además del imponente dibujo central, se exhiben piezas como el rollo de 53 metros You Wouldn’t Know God If He Spat in Your Eye, un diario visual del exilio cargado de consignas políticas, y el dibujo dedicado a Hector Pieterson, símbolo de la inocencia truncada por la brutalidad estatal. Estas obras de Dumile se presentan en estrecha proximidad con cuatro dibujos preparatorios de Picasso realizados en mayo de 1937, permitiendo al visitante comparar las sinergias formales y las profundas diferencias políticas de cada contexto.

Esta propuesta invierte el espejo habitual de la historia del arte: si bien la deuda de Picasso con el arte africano es un hecho académico aceptado, aquí es Dumile Feni quien reclama el lenguaje del español para su propia lucha. Feni, que falleció repentinamente en Nueva York en 1991 poco antes de poder regresar a una Sudáfrica liberada, encuentra finalmente en Madrid el espacio para que su «tótem antitotalitario» resuene junto a la obra que cambió el curso del arte político del siglo XX.

Antitotalitarios

 

African Guernica [Guernica africano] es un dibujo monumental ejecutado con carboncillo y lápiz sobre dos pliegos iguales de papel de periódico, pegados en disposición horizontal. Realizado entre 1966 y 1967, fue mostrado por primera vez en la Gallery 101 de Johannesburgo en 1967, uno de los pocos espacios de la ciudad en los que podían exponer artistas negros.

La relación entre la obra de Dumile y Picasso es muy discutida. No existe evidencia de una influencia directa, pero la obra invoca a Picasso al entablar un diálogo con su lenguaje visual para denunciar la violencia estatal y la opresión racial. Según la comisaria Tamar Garb, ambas piezas funcionan como «tótems antitotalitarios» que, pese a sus diferencias cronológicas y a sus distintos contextos, comparten una sinergia política en su lucha contra la tiranía.

Dumile utiliza en este gran dibujo figurativo una línea táctil e inmediata que remite a la pintura histórica o al muralismo. Presenta un mundo de pesadilla con figuras distorsionadas, seres híbridos y una cosmología xhosa (segundo grupo étnico más grande de Sudáfrica), donde la vaca simboliza riqueza y vínculo espiritual, pero aquí aparece en escenas de horror y desorden.

No se sabe exactamente de dónde procede el título; lo cierto es que se expuso con este nombre en Johannesburgo con el respaldo del artista. La obra de Picasso circuló por los estudios y galerías de la ciudad sudafricana en la década de 1960 gracias a postales, revistas y libros. Además de las reproducciones, también era accesible la información sobre las circunstancias que rodearon su creación.