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¡Sorolla ha muerto!

Con una cuidada selección de documentos y obras de arte, la muestra traza un recorrido a través de los tres últimos años de vida de Joaquín Sorolla (Valencia, 27 de febrero de 1863 – Cercedilla, Madrid, 10 de agosto de 1923), cuando la enfermedad le sorprende aún joven y le aleja de su mayor pasión, la pintura. Y celebra también al maestro y lo hace mostrando al público por primera vez los numerosos homenajes y reconocimientos que recibió tras su muerte, muestra del aprecio que había conseguido a través de una vida dedicada plenamente a la pintura.

Trabajador incansable, Sorolla quiso plasmar en sus lienzos la luz y la belleza que le rodeaban, en sus propias palabras “sin artificios”. Laureado, admirado e incluso envidiado, cosechó gran reconocimiento internacional y nacional que se hizo sentir en forma de los más sentidos homenajes a los que ahora se suma su Museo.

Enmarcada en las celebraciones por el primer centenario del fallecimiento del pintor, la exposición ha sido comisariada por el equipo del Departamento de Documentación del Museo Sorolla y es el resultado de un intenso trabajo de investigación en los fondos fotográficos y documentales de su archivo.

La muestra, que puede verse en la sala I del Museo, se organiza en cuatro secciones organizadas a través de una selección documental casi completamente inédita:

1. Una fina y templada mañana…

El 17 de junio de 1920, mientras retrataba a Mabel Rick en su jardín, Joaquín Sorolla sufrió un derrame cerebral que le impidió seguir haciendo aquello con lo que más disfrutaba: pintar. Obligado a vivir alejado de pinceles y paletas, pasó tres años rodeado de sus familiares, amigos y discípulos, que constantemente escribían preguntando por la salud del enfermo, deseando una mejoría que por desgracia nunca se llegó a producir.

2. La luz se apaga

Sorolla falleció el 10 de agosto de 1923 en Cercedilla. Tras el fatal desenlace, varios artistas se personaron allí para obtener una máscara mortuoria y para tomar fotografías que se convertirían en imágenes icónicas que fueron ampliamente utilizadas por la prensa de la época. La noticia de la muerte del maestro corrió como la pólvora.

3. ¡Sorolla ha muerto! Viva Sorolla!

Tras la instalación de la capilla ardiente en su casa de Madrid se puso en marcha una comitiva fúnebre que recorrió las calles de la ciudad hasta la estación del Mediodía –incluso se cantó un responso enfrente del Museo de Arte Moderno. A su llegada a Valencia una inmensa multitud acompañó al féretro escuchando los acordes de la Marcha Real interpretada por una compañía del Regimiento de Mallorca. Sorolla fue enterrado con honores de capitán general con mando en plaza. Su familia y amigos le lloraron desconsolados. El pueblo entero acudió a despedirle.

4. El pintor inmortal

Más allá del ámbito de su familia y de las amistades más cercanas, que quedaron desconsoladas, la muerte de Sorolla se sintió también en los círculos artísticos, y la prensa se hizo eco de los homenajes que se hacían o se dejaban de hacer para ensalzar su figura, tanto dentro como fuera de España. Todas esas muestras de afecto y respeto contribuyeron a engrandecer su figura

Junto a esta selección de documentos se expone el Retrato de Mabel Rick, Señora de Pérez de Ayala, el último cuadro en el que el valenciano pudo trabajar. A esta obra se suman dos esculturas, una de ellas inédita: la máscara funeraria que el escultor Mariano Benlliure le realizó en su lecho de muerte y que fundió en plata y bronce tiempo después. La pieza, custodiada por los descendientes del pintor, fue donada a la Fundación Museo Sorolla, y se expone ahora por primera vez. A ella se suma la mano del pintor esculpida por Ricardo Causarás y que ha sido cedida para la ocasión por el Ayuntamiento de Valencia.

– Ya puede recorrer la muestra ¡Sorolla ha muerto! ¡Viva Sorolla! desde casa. Visita virtual [1]

¡Sorolla ha muerto! ¡Viva Sorolla! se acompaña de una publicación en forma de periódico de época que recoge una selección de los artículos publicados en la prensa entre 1920 –año en que enferma irremediablemente– y 1933. A estos se suman una serie de breves ensayos escritos por las comisarias que contextualizan y clarifican cómo se desarrollaron los distintos acontecimientos.