El hallazgo se produjo durante la rehabilitación de un inmueble histórico en la calle Bajada del Pozo Amargo, en el barrio de los Canónigos, junto a la Catedral. En el transcurso del control arqueológico afloraron 35 tablas de madera reutilizadas como parte del forjado de una vivienda que ya destacaba por la calidad de sus yeserías y pinturas murales. Aquellas piezas, ocultas durante siglos en la estructura del edificio, habían sido creadas entre la segunda mitad del siglo XIII y los inicios del XIV.
Su recuperación y restauración sacaron a la luz un programa iconográfico de enorme densidad simbólica. Las escenas remiten al entorno cortesano e intelectual de la Toledo vinculada a Alfonso X el Sabio y a sus sucesores, con una clara afinidad estética con los códices alfonsíes. No se trata solo de imágenes devocionales o decorativas, sino de una narración visual que articula poder, conocimiento y conflicto en la Castilla bajomedieval.
La exposición organiza el conjunto en tres ámbitos que funcionan como ejes de lectura. El primero se adentra en la esfera de la corte. Desfilan reyes coronados, figuras barbadas envueltas en mantos púrpura, damas tocadas con cofias y religiosos identificables por su tonsura. En una de las escenas más elocuentes, varias tablas componen un diálogo entre grupos enfrentados, donde la figura regia preside el intercambio, guante en mano, rodeada de su séquito. La indumentaria, los gestos y la arquitectura insinuada al fondo construyen una escenografía que traslada al espectador al ceremonial palatino de finales del siglo XIII.

Restauración de una de las tablas. © Miguel Bonache Gutierrez y Laura Sacristán Infante.
El segundo ámbito aborda la sabiduría como fundamento del poder. Bibliotecas con estantes repletos de códices, astrolabios que evocan el estudio de los astros y alegorías de disciplinas como la astronomía o la aritmética dibujan un paisaje intelectual poco habitual en soportes de este tipo. Entre todas las imágenes destaca la representación de Platón y Aristóteles amamantados por una figura femenina que encarna a Sofía, la Sabiduría. La escena, identificada gracias a las explanatio que acompañan a los personajes, sintetiza la transmisión del conocimiento clásico en clave medieval.
La epigrafía y la heráldica permiten además reconocer nombres propios. Jofré de Loaysa, arcediano y notario de la cancillería de Alfonso X, y Gonzalo Pétrez —Gonzalo García Gudiel—, arzobispo de Toledo y primer cardenal mozárabe, aparecen asociados a sus emblemas, lo que ancla el relato visual en figuras históricas concretas. Las tablas dejan así de ser una evocación genérica para convertirse en testimonio de una red política y cultural bien definida.

Escena de batalla. © Junta de Comunidades de Castilla la Mancha.
El tercer eje se centra en la guerra y en el imaginario caballeresco. Guerreros a caballo, cotas de malla, estandartes con estrellas de seis puntas, flores de lis o leones rampantes componen escenas dinámicas en las que se cruzan espadas y se tensan lanzas. También la caza encuentra su lugar, con jinetes que se enfrentan a un ciervo de poderosa cornamenta. El repertorio no elude la violencia ni el realismo de las heridas, y sugiere que algunas composiciones pudieron aludir a episodios concretos.
La muestra se inscribe en la línea de trabajo de la Sala de Novedades Arqueológicas, inaugurada en 2024 con la vocación de presentar hallazgos recientes procedentes de distintos territorios y fomentar el diálogo científico en torno a ellos. En esta ocasión, la colaboración con el Museo de Santa Cruz de Toledo —institución que custodia las piezas— permite trasladar a Madrid un capítulo decisivo de la arqueología urbana castellana.
El recorrido se completa con actividades científicas y educativas, además de un itinerario autónomo que conecta estas tablas con obras medievales de la colección permanente del MAN. La propuesta no se limita a exhibir un conjunto excepcional; plantea una reflexión sobre la ciudad como archivo estratificado, donde cada intervención contemporánea puede abrir una grieta hacia el pasado.
Toledo vuelve a hablar desde sus muros. Lo hace con pigmentos desgastados, con maderas que sostuvieron techos ajenos y con inscripciones que aún conservan nombres propios. El visitante que recorra la sala no asistirá únicamente a la contemplación de unas pinturas recuperadas. Participará, en cierto modo, en el rescate de una memoria que permanecía suspendida entre vigas y yeserías, esperando el momento de reaparecer.

Nueva Sala de Novedades Arqueológicas del MAN.