Con esta exposición, organizada por la Fundación ICO y comisariada por María Toral, el museo vuelve a sus orígenes en su trigésimo aniversario y rescata un conjunto esencial de la Colección de Escultura Moderna Española con Dibujo, piezas que no se mostraban en sus salas desde 2010. No se trata solo de una revisión histórica, sino de una declaración de principios sobre la identidad de la institución, que nació en 1996 precisamente para custodiar y exhibir estos fondos.
El recorrido reúne obras de pequeño formato realizadas por 34 artistas desde los albores del siglo hasta la década de 1980. Hay nombres que sostienen el relato de la modernidad española como Julio González o Eduardo Chillida. Hay también creadores que encarnan la pluralidad de los últimos años del siglo como Miquel Barceló o Susana Solano. Entre unos y otros se despliega un arco que va del cubismo a la posmodernidad, del hierro recortado al bronce intervenido, del volumen compacto a la estructura abierta que casi se disuelve en el aire.
La muestra parte del cubismo como ruptura fundacional. En las primeras salas resuena la energía de París, ciudad de encuentros y laboratorio de vanguardias. Manolo Hugué, Pablo Gargallo o Pablo Picasso comparten no solo geografía, también una voluntad de desmontar la tradición. El diseño expositivo evoca los salones franceses de principios del siglo XX, con cortinas que sugieren aquella atmósfera densa donde la modernidad empezaba a tomar forma.

Carmen Jordán, directora de la Fundación ICO, y María Toral, comisaria de la exposición «Transitar el siglo XX».
En ese contexto destaca la figura de Julio González, cuyo 150 aniversario se conmemora este año. Su idea de la escultura como un arte que dibuja el espacio atraviesa la exposición como una intuición decisiva. La masa deja de ser el centro y el vacío adquiere protagonismo. El hierro se pliega, se recorta, se abre. El volumen ya no ocupa, sugiere.
La primera planta concluye con las voces del exilio, artistas que tras la Guerra Civil continuaron su trayectoria lejos de España. Esteban Vicente, Alberto Sánchez o Eugenio Granell llevaron consigo la memoria de una ruptura histórica. Desde Estados Unidos, Rusia o distintos países latinoamericanos, sus obras hablan de pérdida y reconstrucción. En ellas se mezclan técnicas y lenguajes, como si la distancia obligara a reinventar el propio idioma plástico.
Al subir a la segunda planta cambia la atmósfera. El espacio se vuelve más sobrio, dominado por grises y blancos que acompañan el clima posterior a las guerras mundiales. Se habla de la muerte de las vanguardias, de un tiempo en que muchos artistas abandonan la figuración y buscan territorios más conceptuales. En paralelo al expresionismo abstracto estadounidense, en España emerge el informalismo. Martín Chirino explora una identidad marcada por el gesto y la materia.
Junto a esa corriente surge otra línea de investigación vinculada a la matemática y la geometría. Eduardo Chillida y Jorge Oteiza profundizan en el estudio del vacío, en la tensión entre interior y exterior. La escultura se acerca entonces a la arquitectura, comparte con ella la preocupación por el espacio y la estructura. No es casual que la exposición incorpore obras de Antoni Gaudí, Álvaro Siza o Juan Navarro Baldeweg, subrayando un diálogo que el propio Museo ICO ha defendido desde su dedicación a la arquitectura como disciplina artística.
El itinerario avanza hacia propuestas que recuperan la realidad cotidiana como punto de partida. Antonio López y Carmen Laffón devuelven al espectador a la experiencia concreta, a la contemporaneidad entendida como vivencia. Más adelante, con la llegada de la democracia y el auge del posmodernismo, se impone la pluralidad. El final del siglo aparece como un territorio de individualismos y corrientes diversas, donde conviven sensibilidades muy distintas bajo una misma voluntad de ruptura.
La exposición no se limita a mostrar obras. Propone herramientas para comprenderlas. Una cronología articula los acontecimientos sociopolíticos internacionales con la evolución de los movimientos artísticos en España. Se incluyen documentos audiovisuales procedentes de RTVE que acercan al visitante a los procesos creativos. Las citas de los propios artistas, distribuidas a lo largo del recorrido, permiten escuchar sus voces en primera persona. Un gran panel inicial reúne los retratos de los escultores, muchos obra de grandes fotógrafos, y establece un primer contacto humano antes de entrar en el discurso formal.
Más que una retrospectiva, la muestra funciona como un mapa sensible de un siglo convulso. Un siglo en el que la escultura dejó de ser promesa de eternidad para convertirse en materia en tránsito, abierta al tiempo y a la incertidumbre.
Artistas en la exposición
La Colección ICO de Escultura Moderna Española con Dibujo, adquirida bajo la dirección del historiador Aurelio Torrente, es fruto de un cuidadoso proceso de selección centrado en las aportaciones fundamentales del arte español del siglo XX. Junto a la Colección de Pintura Española Contemporánea y la Suite Vollard de Picasso, constituye uno de los pilares patrimoniales de la institución. Desde 2016 forma parte de la Red Digital de Colecciones de Museos de España.
– Antoni Gaudí (Reus, 1852 – Barcelona, 1926)
– Manolo Hugué (Barcelona, 1872 – Caldes de Montbui, 1945)
– Joaquín Torres-García (Montevideo, 1874 – Montevideo, 1949)
– Julio González (Barcelona, 1876 – Arcueil, Francia, 1942)
– Pablo Gargallo (Maella, 1881 – Reus, 1934)
– Pablo Picasso (Málaga, 1881 – Mougins, Francia, 1973)
– Juan Gris (Madrid, 1887 – Boulogne-Billancourt, Francia, 1927)
– Ángel Ferrant (Madrid, 1890 – Madrid, 1961)
– Joan Miró (Barcelona, 1893 – Palma de Mallorca, 1983)
– Alberto Sánchez (Toledo, 1895 – Moscú, 1962)
– Salvador Dalí (Figueres, 1904 – Figueres, 1989)
– Óscar Domínguez (La Laguna, 1906 – París, Francia, 1957)
– Jorge Oteiza (Orio, 1908 – San Sebastián, 2003)
– Eugenio Granell (A Coruña, 1912 – Madrid, 2001)
– Pablo Palazuelo (Madrid, 1915 – Galapagar, 2007)
– Antoni Tàpies (Barcelona, 1923 – Barcelona, 2012)
– Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924 – San Sebastián, 2002)
– Martín Chirino (Las Palmas de Gran Canaria, 1925 – Madrid, 2019)
– Andreu Alfaro (Valencia, 1929 – Valencia, 2012)
– Julio López Hernández (Madrid, 1930 – Madrid, 2018)
– Álvaro Siza (Matosinhos, 1933)
– Carmen Laffón (Sevilla, 1934 – Sanlúcar de Barrameda, 2021)
– Antonio López (Tomelloso, 1936)
– Eduardo Arroyo (Madrid, 1937 – Madrid, 2018)
– Adolfo Schlosser (Estiria, 1939 – Bustarviejo, Madrid, 2004)
– Juan Navarro Baldeweg (Santander, 1939)
– Eva Lootz (Viena, 1940)
– Miquel Navarro (Mislata, Valencia, 1945)
– Susana Solano (Barcelona, 1946)
– Víctor Mira (Zaragoza, 1949 – Seefeld, Alemania, 2003)
– Jaume Plensa (Barcelona, 1955)
– Francisco Leiro (Cambados, Pontevedra, 1957)
– Miquel Barceló (Felanitx, Mallorca, 1957)
– Juan Muñoz (Barcelona, 1953 – Ibiza, 2001)










