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Una ventana a un Japón suspendido en el tiempo

El término ukiyo-e alude a ese “mundo flotante” que floreció durante el período Edo. No era una evasión ingenua, sino una respuesta estética a la pujanza de las ciudades y al ascenso de comerciantes y artesanos que buscaban en el arte un reflejo idealizado de su tiempo. Las estampas ofrecían escenas codificadas, figuras estilizadas, gestos que se repetían como si el deseo necesitara una gramática propia. En ese universo, la mujer ocupó un lugar central.

La Colección Pasamar-Onila, excepcional en España por la calidad y diversidad de sus fondos, permite recorrer las múltiples variantes del bijin-ga, las célebres “imágenes de mujeres bellas”. Junto a los habituales formatos ōban aparecen delicadas hashira-e concebidas para decorar pilares, dípticos verticales, trípticos refinados y un extraordinario políptico de seis hojas. La rareza de algunas piezas habla tanto del gusto del coleccionista como de la fragilidad de obras pensadas para convivir con la vida cotidiana.

El recorrido comienza con cinco estampas de Suzuki Harunobu, pionero de la impresión policroma nishiki-e. Su aportación fue decisiva. Frente a las estampas monocromas iluminadas a mano, introdujo una técnica que multiplicó los matices cromáticos y abrió el camino a una nueva sensualidad visual. Sus figuras, de una languidez casi musical, establecen el tono de la muestra.

Esa delicadeza fue reinterpretada por artistas posteriores. La elegancia alargada de Isoda Koryūsai dio paso a la rotundidad corporal de Torii Kiyonaga y al preciosismo ornamental de Kitao Masanobu. Cada uno moduló el ideal femenino según las sensibilidades cambiantes de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX.

La mujer aparece como cortesana de alto rango en los barrios del placer, como geisha cultivada, pero también como lectora, viajera o poeta en la intimidad doméstica. El estereotipo no impide la observación. En los pliegues del kimono y en la inclinación de una nuca se insinúa una personalidad.

Entre todos ellos destaca Kitagawa Utamaro, el maestro más influyente del género y figura clave del japonismo europeo. Nueve estampas de su mejor época permiten apreciar su capacidad para concentrar la emoción en un rostro. Sus retratos de busto captan estados de ánimo con una economía de medios sorprendente. En el tríptico Pesca en Iwaya, en la isla de Enoshima, hacia 1790, la escena cotidiana se convierte en una coreografía de miradas y silencios.

La muestra no elude el reverso hedonista del mundo flotante. El radical erotismo del shunga, las “imágenes de primavera”, aparece como culminación de una cultura visual que sublimó lo efímero. Estas estampas, de precio elevado, podían alquilarse y circulaban como regalos auspiciosos. Aunque su clientela fue mayoritariamente masculina, también existen testimonios de mujeres que las consumían y contemplaban, como sugiere una escena de Utamaro incluida en la exposición.

Más allá del placer estético, el bijin-ga constituye un archivo visual de enorme valor. Los peinados, los tejidos, la manera de sostener una carta o de caminar por la ribera del Sumida documentan cambios en la moda y en los hábitos sociales. Bajo la superficie idealizada late una crónica urbana.

El itinerario se amplía con conjuntos inspirados en La historia del príncipe Genji, obra escrita hacia el año mil por Murasaki Shikibu y considerada la primera novela de la literatura universal. Sus episodios, reinterpretados por generaciones de grabadores, recuerdan hasta qué punto la cultura literaria alimentó la imaginación del ukiyo-e.

En conjunto, la exposición dibuja una constelación de estilos y escuelas que culmina con la expansión de la poderosa escuela Utagawa en el siglo XIX. El visitante no solo contempla imágenes bellas. Asiste a la construcción de un ideal femenino que osciló entre la contención y el exceso, entre la introspección y la ostentación.

Hasta el 31 de mayo, la Academia invita a demorarse ante estas figuras suspendidas en un instante perpetuo. El mundo flotante ya no flota. Permanece, silencioso, en la superficie del papel.

La exposición Bellezas del mundo flotante, concebida por la Calcografía Nacional, ha sido organizada conjuntamente por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Ayuntamiento de Madrid, con la colaboración de la Diputación Provincial de Zaragoza.

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