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De izquierda a derecha: Miguel Falomir, director del Museo Nacional del Prado, y Pedro José Martínez Plaza, Conservador del Área de Pintura del Siglo XIX y comisario de la exposición. Foto © Museo Nacional del Prado.

La muestra reúne en la sala 60 los ocho lienzos que el artista pintó entre 1866 y 1867 para el Museo Nacional de Pinturas, conocido también como Museo de la Trinidad. Tras la desaparición de aquella institución, las obras pasaron al Prado, aunque el conjunto comenzó a fragmentarse en 1877, cuando varias piezas fueron depositadas en diferentes organismos. Su regreso a un mismo espacio permite ahora contemplar el proyecto tal como fue concebido y reconocer su lugar dentro del realismo pictórico español.

El encargo tuvo su origen en la pensión concedida a Bécquer mediante una real orden del 6 de febrero de 1865. El artista debía recorrer distintas provincias y trasladar al lienzo sus costumbres, tipos y tradiciones. La ayuda quedó extinguida en 1868, después del derrocamiento de Isabel II, pero antes de que eso ocurriera el pintor había completado tres entregas, las dedicadas a Zaragoza, Soria y Ávila.

Las diferencias de formato y dimensiones responden a esas sucesivas campañas. Las obras aragonesas y sorianas llegaron en 1866, con dos y tres cuadros respectivamente. Los tres lienzos abulenses fueron entregados al año siguiente. Juntos forman uno de los conjuntos más destacados de la pintura costumbrista española, tanto por su calidad como por la objetividad con la que Bécquer se acercó a las personas y los ambientes representados.

A este reencuentro se incorpora también la documentación generada durante el encargo, que se conserva íntegramente e incluye las descripciones redactadas por el propio artista. La exposición incorpora extractos de esos textos, que permiten confrontar su relato escrito con las soluciones adoptadas sobre el lienzo. Pocas series de estas características han llegado acompañadas de un testimonio documental tan completo.

Aragón

«Interior de una casa en un pueblo de Aragón, cuando la familia se reúne por la tarde a tomar el chocolate». Valeriano D. Bécquer. Óleo sobre lienzo. Firmado y fechado 1866 Madrid, Museo Nacional del Prado.

El recorrido comienza con Interior de una casa en un pueblo de Aragón y El presente. Fiesta mayor en Moncayo (Aragón), enviadas por el pintor desde Vera del Moncayo. La primera introduce al espectador en un espacio doméstico ocupado por mujeres, protagonistas habituales de la obra de Bécquer incluso cuando aborda escenas laborales. El cuidado puesto en las prendas y su colorido no responde a una acumulación ornamental, sino al deseo de fijar con exactitud la identidad de los personajes.

La celebración colectiva domina El presente. El pintor despliega una nutrida representación social en la que tienen cabida el alcalde, los danzantes y los participantes en distintas prácticas festivas. Entre ellas figura el paloteo, un baile ejecutado con palos de madera y extendido, con numerosas variantes, por buena parte de España.

El título alude también al presente, ágape o puñado, un pequeño convite sufragado habitualmente por algún integrante de la hermandad o cofradía encargada de organizar la fiesta. Bécquer registra estos elementos sin aislarlos de su contexto. Cada indumentaria, gesto y relación entre los personajes contribuye a explicar el funcionamiento de la comunidad.

Soria

Las tres pinturas realizadas a partir de los viajes por Villaciervos y Burgo de Osma forman el núcleo de mayor calidad del conjunto. Soria ocupó, además, un lugar importante en la vida de Valeriano y de su hermano Gustavo Adolfo Bécquer. De aquel contacto con la provincia surgieron El baile, Un leñador y Una hilandera.

En las dos figuras vinculadas al trabajo, el artista reconoce la dureza de las tareas sin reducir a sus protagonistas a una condición pintoresca. El leñador y la hilandera aparecen individualizados y tratados con plena dignidad. La atención a su presencia física, sus ropas y sus útiles muestra a un pintor interesado en representar sujetos concretos, no modelos genéricos de la vida rural.

Valeriano Domínguez Bécquer. «El baile. Costumbres populares de la provincia de Soria». 1866. Óleo sobre lienzo. Firmado y fechado. P-4234. Madrid, Museo Nacional del Prado.

El baile amplía la escena y modifica el ritmo. El componente lúdico permite a Bécquer incorporar una mayor variedad de personajes y detalles. La celebración se convierte así en un espacio de observación colectiva donde el artista reúne edades, actitudes y tipos humanos sin perder la claridad narrativa.

Ávila

Valeriano Domínguez Bécquer. «La fuente de la ermita» (Costumbres del valle de Amblés en la provincia de Ávila). Madrid, Museo Nacional del Prado.

La tercera entrega se centra en distintos momentos de la romería a la ermita de Sonsoles, situada en el valle abulense de Amblés. Bécquer no eligió una única escena multitudinaria, sino varios episodios capaces de reconstruir el ambiente que rodeaba a la romería.

La fuente de la ermita muestra el descanso de los peregrinos. Otra pintura presenta a una joven que lleva una cesta con ofrendas destinadas a la Virgen. El tercer lienzo sitúa a un hombre ante un despacho de vinos. Su vestimenta recuerda a la de los armados o alabarderos, una figura masculina presente en distintas celebraciones religiosas castellanas.

La atención a esos momentos concretos revela el alcance de su método. Bécquer se detiene en las pausas, los preparativos y los personajes que sostienen la celebración. La tradición aparece ligada a la experiencia diaria de quienes participan en ella, lejos de cualquier representación solemne o monumental.

Sobre papel

Las campañas por Zaragoza, Soria y Ávila dieron lugar también a numerosos dibujos. Buena parte de ellos se ha perdido, aunque algunos fueron fotografiados y otros sirvieron como base para ilustraciones. Su reproducción mediante el grabado en distintas revistas facilitó que el trabajo del pintor alcanzara una difusión mayor que la obtenida por sus lienzos.

Varias pinturas fueron igualmente copiadas al óleo o trasladadas al grabado. Esa circulación da cuenta del interés que despertó entre las generaciones posteriores una obra asentada en la observación y alejada de los convencionalismos más complacientes del costumbrismo.

La recuperación de la serie completa permite devolver coherencia a un encargo que permaneció separado durante casi siglo y medio. El Prado recupera así un episodio esencial del costumbrismo y, al mismo tiempo, una de las aportaciones más sinceras al desarrollo del realismo español.

Almacén abierto

La exposición comisariada por Pedro J. Martínez Plaza se integra en Almacén abierto, la nueva denominación adoptada en 2026 por la sala 60 del Prado. Desde 2009, este espacio ofrece lecturas renovadas de las colecciones del siglo XIX. Por él han pasado monografías sobre Aureliano de Beruete, Miguel Blay, Antonio María Esquivel, Federico y José de Madrazo, Eduardo Rosales, Francisco Pradilla o Joaquín Sorolla, además de propuestas dedicadas a técnicas, donaciones y asuntos como la pintura religiosa, el retrato infantil o la relación de los artistas con la fotografía.