- hoyesarte.com - https://www.hoyesarte.com -

Ximo Michavila: transformaciones profundas, sensibilidad reconocible

Comisariada por Juan Manuel Bonet, con la colaboración de Carmen Michavila, hija del pintor, la exposición reúne un centenar de obras realizadas entre 1951 y 2004. Proceden de más de cincuenta prestadores, entre instituciones públicas, colecciones privadas y la propia familia. El conjunto, que incorpora piezas inéditas y abundante documentación personal, permite examinar las sucesivas etapas de una carrera desarrollada a lo largo de seis décadas y valorar la contribución de Michavila a las corrientes renovadoras de su tiempo.

Su biografía estuvo marcada desde muy temprano por la Guerra Civil. En 1937 resultó gravemente herido durante un bombardeo de la aviación franquista en el que murió su abuela. Hijo de un maestro, inicialmente siguió la profesión paterna y cursó estudios de Filosofía y Letras antes de decidirse por las Bellas Artes. En la Real Academia de San Carlos recibió enseñanzas de Rafael Sanchis Yago y Alfons Roig, mientras comenzaba a relacionarse con artistas interesados en superar los límites de la pintura académica.

Todavía estudiante, participó en Los Siete, grupo renovador en el que coincidió con Ángeles Ballester, Vicente Castellano, Juan Genovés y Eusebio Sempere, entre otros. De aquellos años procede la obra más antigua de la exposición, un retrato de su padre en la biblioteca familiar fechado en 1951. También se presenta un retrato de Joan Fuster, uno de los escritores con los que mantenía relación.

Los viajes desempeñaron un papel decisivo en su formación. Recorrió Segovia, El Paular y la serranía de Cuenca, y en 1952 visitó Francia, Suiza y Alemania acompañado por Juan Bautista Llorens Riera y Francisco Brines. El contacto con los museos europeos amplió sus referencias, especialmente hacia el expresionismo alemán. Más tarde, su estancia en Roma le permitió profundizar en la pintura italiana, desde los primitivos hasta Giorgio de Chirico, Mario Sironi y Giorgio Morandi.

La evolución de aquellos años puede seguirse en obras como Circo de suburbio (1956), Barcas en el muelle (1956), Astillero (1958) o Ciudad italiana (hacia 1957). En ellas, la representación de ciudades, arquitecturas y paisajes se aproxima progresivamente a una construcción de formas simplificadas. Incluso sus primeras interpretaciones de la Albufera anticipan un motivo al que regresaría décadas después.

Geometría

La participación de Michavila en el Grupo Parpalló, entre 1956 y 1959, consolidó su vinculación con la vanguardia valenciana. También formó parte del Movimiento Artístico del Mediterráneo, con el que expuso en distintas ciudades españolas e italianas y en Buenos Aires. Su proyección internacional se amplió gracias a Luis González Robles, que incorporó sus trabajos a exposiciones colectivas en el extranjero y a la Bienal de Venecia de 1960.

Las décadas de los sesenta y setenta constituyen el núcleo de su investigación geométrica. Michavila desarrolló entonces un lenguaje abstracto que conjugaba la precisión constructiva con una dimensión lírica. Incorporó recursos procedentes del espacialismo italiano, especialmente el relieve y el monocromo, y encontró referencias en Auguste Herbin, los constructivistas rusos, Max Bill, Richard Mortensen y Victor Vasarely.

En 1968 participó en la fundación de Antes del Arte, impulsado por Vicente Aguilera Cerni, junto a creadores como Elena Asins, Soledad Sevilla, Eusebio Sempere, Jordi Teixidor y José María Yturralde. Su presencia en exposiciones como Arte objetivo (1967), comisariada por Ángel Crespo, confirma su integración en las principales iniciativas dedicadas a la abstracción geométrica española.

Obras como Knossos (1971), Galaxia (1976) o Alborada (1972) permiten reconocer las posibilidades de aquel lenguaje. La arquitectura, el cosmos y la astronomía, otra de sus grandes aficiones, aparecen como referencias en composiciones que exploran las relaciones entre forma, espacio y color.

Albufera

En 1978, después de una crisis creativa, Michavila consideró agotada su investigación geométrica y emprendió un cambio de rumbo. La Albufera, presente ya en algunas pinturas juveniles, pasó a ocupar el centro de su trabajo. Nació así El Llac, con su subciclo El Riu, la etapa más prolongada de su madurez.

El artista se adentró en lo que se ha denominado impresionismo abstracto. El agua, los arrozales, los juncos, la vegetación y las construcciones del entorno proporcionaron los motivos de una pintura que alternaba referencias reconocibles y soluciones plenamente abstractas. Para elaborarla recurría a fotografías propias y numerosos apuntes del natural.

Pero la Albufera que pintó Michavila también mostraba señales de deterioro. La luminosidad de sus paisajes convivía con superficies oscuras, paredes ennegrecidas y alusiones a la degradación ambiental. L’alqueria (1981), El Palmar (1980) o Las paredes negras (1984) ilustran las diferentes direcciones de una investigación en la que todavía permanecen recursos de su anterior etapa geométrica.

El tránsito entre ambas formas de entender la pintura constituye uno de los aspectos más interesantes de la retrospectiva. La atención a la estructura y al orden compositivo no desaparece con el regreso al paisaje, aunque ahora convive con ritmos orgánicos, una pincelada más libre y una observación continuada de la naturaleza.

Música

La música acompañó a Michavila desde su juventud. Integrante de la Sociedad Filarmónica y de la Coral Polifónica Valentina, conoció en esta última a Carmen Mas, su futura esposa, soprano y profesora de canto y piano. En 1972 ambos asistieron a los Encuentros de Pamplona, donde escucharon un concierto de John Cage.

Aquella afición encontró una expresión pictórica especialmente definida en Contrapunto, ciclo de sus últimos años caracterizado por la abstracción y la intensidad cromática. La exposición incluye homenajes a Cage, Kurt Weill, Arnold Schönberg y Pierre Schaeffer, entre ellos Quodlibet, John Cage in Memoriam (1997).

La muestra recupera igualmente otras facetas menos conocidas de su actividad. Una producción audiovisual realizada a partir de fotografías de Juan Peiró documenta su extensa dedicación al muralismo, iniciada en 1956 en el Hotel Royal de Valencia. Sus intervenciones abarcaron edificios religiosos, sedes bancarias y espacios públicos, con soluciones figurativas, geométricas y trabajos en acero.

También tuvo una participación destacada en la renovación teatral. Durante los años sesenta colaboró con Antonio Díaz Zamora -el gran renovador de la escena valenciana- en el Teatro Español Universitario. Fernando Arrabal, Max Aub, Samuel Beckett, Jean Cocteau (de la mano de Juan Gil-Albert), Friedrich Dürrenmatt, Max Frisch o Federico García Lorca fueron algunos de los autores que de la mano de ambos descubrieron los espectadores valencianos. Más tarde, Michavila realizó decorados para Ana Diosdado, y para Lauro Olmo y Pilar Enciso.

La retrospectiva incorpora un catálogo con textos de Juan Manuel Bonet, José María Yturralde y Carmen Michavila. El recorrido devuelve así la atención a un creador que participó activamente en la transformación del arte valenciano y español, desde las primeras experiencias colectivas de posguerra hasta una pintura de madurez en la que la geometría terminó encontrándose con el paisaje.

Recorrido vital y profesional

«Pintar es una forma de entender el mundo, porque cuando se pinta se producen continuos descubrimientos».

(Ximo Michavila)

El extenso y relevante conjunto de obras reunidas procede de más de 50 prestadores. A las obras de la colección de la Fundación Bancaja y de la familia del artista, se suman préstamos de colecciones particulares y de destacadas instituciones y museos. Además, la retrospectiva profundiza en el recorrido vital y profesional de Michavila con la exposición de una amplia selección de su archivo personal, conservado por el Archivo General y Fotográfico de la Diputación de Valencia, que ha prestado para la muestra más de 80 documentos, muchos de ellos inéditos, entre los que se encuentran originales de catálogos, folletos y carteles de exposiciones, fotografías, correspondencia, así como diseños e imágenes de su importante labor como escenógrafo teatral y figura clave en la renovación de la dramaturgia valenciana.

De izq. a dcha. Rafael Alcón, Carmen Michavila y Juan Manuel Bonet [1]