Frente a quienes, como Ortega, negaron la existencia de una auténtica Ilustración «a la española», Pendás sostiene que sí hubo en nuestro país un movimiento reformista sólido, consciente y profundamente europeo, aunque adaptado a las peculiaridades del país. Jovellanos aparece así como el gran símbolo de aquella corriente que aspiraba a sacar a España del atraso mediante la educación, la reforma económica y la mejora de las instituciones, siempre desde una mirada compatible con la tradición cultural y religiosa española.
El libro rescata al personaje histórico de los tópicos escolares y de las simplificaciones académicas. El lector descubre a un Jovellanos mucho más complejo y humano que el autor solemne asociado únicamente al Informe sobre la Ley Agraria. Pendás retrata a un hombre brillante y trabajador, consciente de su talento, ambicioso en ocasiones y profundamente exigente consigo mismo. Magistrado en Sevilla, figura destacada de la corte madrileña y reformador incansable, Jovellanos encarnó una idea de patriotismo basada no en la retórica, sino en la acción práctica y en la mejora concreta de la sociedad.
[3]Uno de los grandes aciertos del ensayo consiste en mostrar hasta qué punto el ilustrado asturiano entendía la cultura como herramienta de transformación colectiva. Su empeño educativo atraviesa toda la obra. Desde la creación del Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía hasta sus constantes reflexiones sobre enseñanza y derecho, Jovellanos aparece como un intelectual convencido de que el progreso de un país dependía antes que nada de la formación de sus ciudadanos. Esa dimensión práctica de la Ilustración española ocupa un lugar central en la interpretación de Pendás.
La biografía adquiere una especial intensidad cuando aborda los años de persecución y cautiverio. Lejos de quebrarse ante la adversidad, Jovellanos transforma el encierro en Mallorca en uno de los periodos más fértiles y admirables de su vida. Recluido primero en la cartuja de Valldemossa y después en el castillo de Bellver, el ilustrado mantiene intacta su curiosidad intelectual y su vocación pública. Estudia la historia y los monumentos de la isla, escribe sobre educación, conserva una intensa correspondencia y continúa reflexionando sobre el futuro de España.
Pendás encuentra en esos años la expresión más elevada del personaje. El Jovellanos perseguido, aislado y víctima de intrigas conserva una serenidad moral que termina engrandeciéndolo. Su reacción ante la injusticia nunca deriva en resentimiento ni en fanatismo. Por el contrario, el autor subraya cómo aquella experiencia reveló la profundidad ética de un hombre capaz de mantener sus principios incluso en circunstancias extremas. El cautiverio mallorquín termina convirtiéndose en una prueba definitiva de carácter.
La etapa final de su vida sitúa al ilustrado ante uno de los mayores dilemas de su tiempo. La invasión napoleónica divide a las élites españolas entre quienes ven en Francia el vehículo inevitable de la modernización y quienes defienden la resistencia nacional. Jovellanos duda, sopesa posibilidades y finalmente se decanta por el bando patriota. Pendás interpreta esa decisión como una muestra de coherencia intelectual y de sentido histórico. Su reformismo nunca estuvo desligado de la idea de nación y de una profunda conciencia de responsabilidad pública.
En las páginas dedicadas a la Junta Central emerge también el pensador político. Jovellanos aparece como defensor de un modelo moderado basado en el equilibrio institucional, la tradición constitucional española y la necesidad de combinar libertad y estabilidad. Pendás reivindica esa visión templada y reformista como una de las aportaciones más valiosas del personaje. Frente a los extremismos y las fracturas ideológicas, el ilustrado asturiano defendió una vía de entendimiento sustentada en las leyes, las instituciones y la educación cívica.

Francisco de Goya y Lucientes, «Gaspar Melchor de Jovellanos», 1798. Óleo sobre lienzo. ©Archivo Fotográfico. Museo Nacional del Prado.
El retrato que construye el autor evita deliberadamente la idealización. Jovellanos aparece lleno de dudas, afectado por desencantos políticos y consciente de sus limitaciones. Precisamente por eso resulta tan atractivo. Pendás entiende que la grandeza del personaje no reside en una perfección abstracta, sino en su empeño constante por actuar con dignidad en medio de un tiempo convulso y profundamente inestable.
A lo largo de casi seiscientas páginas, Pendás reconstruye no solo la vida de un ilustrado excepcional, sino toda una forma de entender España. Jovellanos emerge como un hombre que creyó en la reforma frente a la ruptura, en el conocimiento frente a la ignorancia y en el servicio público frente al interés personal. Su figura aparece ligada a una idea exigente de patriotismo, compatible con Europa y abierta a la modernidad, pero profundamente arraigada en la realidad española.
Jovellanos. Ilustración para españoles funciona como una reivindicación de la inteligencia serena, de la moderación política y de la cultura entendida como instrumento de mejora colectiva. Pendás devuelve actualidad a un personaje que durante demasiado tiempo quedó reducido a una presencia distante en los libros de texto y demuestra que las luces que prendió Jovellanos continúan proyectándose sobre el presente.
Este ensayo obra forma parte del proyecto Españoles eminentes, impulsado por la Fundación Juan March [4] con el propósito de revitalizar el género biográfico en España y reivindicar a figuras esenciales de la historia cultural y política del país. La iniciativa busca acercar al lector contemporáneo biografías de personajes cuya trayectoria permita comprender mejor la tradición intelectual española y el valor ejemplar de determinadas individualidades en la construcción de una memoria compartida.
Jovellanos. Ilustración para españoles [3]. Benigno Pendás. Taurus. 568 páginas. 23,65 euros
Pensamiento
Benigno Pendás (Barcelona, 1956) es historiador de las ideas, jurista y una de las voces más reconocidas del pensamiento político español. Doctor en Ciencias Políticas y abogado, ejerce como catedrático de Ciencia Política en la Universidad CEU San Pablo y ha desarrollado una extensa trayectoria vinculada al estudio de la democracia, la historia de las ideas y el derecho público.
Académico desde 2014, preside desde 2022 la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y el Instituto de España. A lo largo de su carrera ha ocupado también destacados cargos públicos y culturales. Ha sido consejero nato de Estado, director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, letrado de las Cortes Generales, jefe de la Asesoría Jurídica del Senado y director general de Bellas Artes. Su actividad se ha extendido igualmente al ámbito museístico y patrimonial como patrono del Museo del Prado y de numerosas instituciones culturales, entre ellas la Fundación Ortega-Marañón.
Especializado en historia del pensamiento político y constitucional, Pendás es autor de una amplia obra ensayística en la que reflexiona sobre las democracias contemporáneas, la libertad y las transformaciones de la sociedad. Entre sus libros más destacados figuran Teorías políticas para el siglo XXI, Las paradojas de la libertad, La ciudad de las ideas, Democracias inquietas —Premio Jovellanos de Ensayo en 2015—, La sociedad menos injusta y Biografía de la libertad, publicada en dos volúmenes.