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Poemas para la vida: ‘Serán ceniza…’, de Valente

Tras pasar la infancia y primera juventud en Orense y estudiar Derecho en Santiago de Compostela y Filología Románica en Madrid fue profesor de Literatura en la Universidad de Oxford entre 1954 y 1958. Después viviría en Ginebra, hasta 1982, ejerciendo como traductor de organismos internacionales; en París, como funcionario de la UNESCO, hasta 1985, y en Almería, en donde cierra su singular producción, hasta su fallecimiento en 2000.  

Según propia confesión, la poesía le interesó desde muy pronto y ya a los 14 años comenzó a cultivarla. Su obra poética conocida se abre en 1955 con A modo de esperanza, que logra el Premio Adonáis, y concluye en 2000 con la publicación póstuma de Fragmentos de un libro futuro. Entre esas dos fechas consolida una voz poética de la que brotan libros centrales en la lírica hispánica del siglo XX, así como excepcionales ensayos críticos y traducciones de algunos de los poetas que él consideraba “radicalmente irrenunciables”.

Como ensayista destacan sus libros Las palabras de la tribu, La piedra y el centro y Variaciones sobre el pájaro y la red, una serie de meditaciones acerca de Miguel de Molinos y Santa Teresa, y los pintores Matthias Grünewald y El Bosco. Póstumamente se editó La experiencia abisal, recopilación de ensayos escritos entre 1978 y 1999.

Es también autor de libros de arte en colaboración con pintores como Emblemas, con Antonio Saura; El péndulo inmóvil, con Tàpies;  Desparición Figuras, con Paul Rebeyrolle; Raiz de lo cantable, con Jürgen Partenheimer, y Calas, con la fotógrafa Jeanne Chevalier. En 2002 se editaron sus trabajos críticos sobre arte con el título Elogio del calígrafo.

La obra poética que escribe en gallego se reúne en Sete cántigas de alén (1981) y, posteriormente, en Cántigas de alén (1989). Sus obras completas están integradas por dos volúmenes: Poesía y prosa (2006) y Ensayos (2008), publicadas por Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.

Esencialmente poeta, como así se sentía y declaraba, es interesante observar en Valente la retroalimentación entre sus ensayos y su función poética, al hilo de sus cavilaciones sobre la naturaleza del arte, del origen de la vida, del ser humano y del misterio de la creación.

Como se ha escrito, su poesía trascendente mira hacia lo originario y lo inmanente, frente al espíritu materialista de la sociedad. Se trata de una penetración en las capas de la memoria, tanto la personal como la colectiva, sin olvidar «el descenso por los infinitos estratos o cámaras de la palabra», según él mismo afirmaba.

Traducido a más de veinte idiomas, con el título Punto cero recogió su poesía en 1972, incluyendo también Treinta y siete fragmentos, no publicado de forma independiente hasta 1989. Con posterioridad vio la luz Material memoria, que recopila su obra poética a partir de 1979.

Caracterizada por una gran exigencia verbal y asimilando tendencias filosóficas y tradiciones culturales históricas en poesía y prosa, sin olvidar la influencia de la música y la pintura, la escritura de José Ángel Valente es unánimemente considerada como una de las experiencias literarias en español más trascendentes de las últimas décadas.

De sus dos docenas largas de poemarios rescatamos, por su profundidad y concisión, Serán ceniza… uno de los poemas de su primera época, integrado en A modo de esperanza:

Cruzo un desierto y su secreta
desolación sin nombre.
El corazón
tiene la sequedad de la piedra
y los estallidos nocturnos
de su materia o de su nada.

Hay una luz remota, sin embargo,
y sé que no estoy solo;
aunque después de tanto y tanto no haya
ni un solo pensamiento
capaz contra la muerte,
no estoy solo.

Toco esta mano al fin que comparte mi vida
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo,
lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza.

Aunque sea ceniza cuanto tengo hasta ahora,
cuanto se me ha tendido a modo de esperanza.