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El precio del oro pone en jaque a los museos

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El fuerte incremento del precio del oro (cerró 2025 con una subida del 65%, la mayor desde 1979) ha convertido antiguas monedas, joyas y objetos arqueológicos en el objetivo de bandas organizadas que actúan con rapidez, estudian las instalaciones y no dudan en recurrir a métodos violentos. El último golpe se ha producido en Villena (Alicante), donde un grupo de encapuchados necesitó apenas cuatro minutos para apoderarse de buena parte de uno de los conjuntos más valiosos de la Edad del Bronce europea.

El Museo de Villena [3] (MUVI) permanece cerrado y sin fecha de reapertura después del asalto cometido en la madrugada del pasado jueves 27 de agosto. La Guardia Civil mantiene abiertas todas las líneas de investigación y analiza las grabaciones de las cámaras de seguridad, en las que aparecen al menos tres personas. La principal preocupación no reside únicamente en recuperar las piezas, sino en evitar que sean destruidas para vender el oro como materia prima.

La operación comenzó lejos del museo. A las 5.16 horas saltó la alarma del polideportivo municipal, situado en las afueras de la localidad alicantina. Las fuerzas de seguridad se dirigieron hacia allí y, cuatro minutos después, se activaron las del MUVI. Cuando los agentes alcanzaron el edificio, a las 5.24, los ladrones ya habían huido.

Los asaltantes trataron primero de acceder por la entrada principal. Al no conseguirlo, reventaron las ventanas blindadas de uno de los laterales. La secuencia, el señuelo previo y la velocidad de ejecución apuntan a una acción coordinada y preparada. Mientras los agentes batían los alrededores, un vecino informó de que dos vehículos acababan de adelantarlo a gran velocidad por la A-31, la autovía que une Madrid y Alicante y constituye una de las principales vías de acceso a Villena.

Museo de Villena.

El dispositivo de protección del museo había sido revisado el 3 de agosto. El Tesoro se exhibía dentro de una vitrina de tres metros de altura, construida en el frente y los laterales con vidrio templado laminar de alta seguridad. La trasera estaba reforzada con chapa metálica blindada, mientras que una puerta acorazada con cinco puntos de anclaje protegía el acceso a la sala.

Cinco anillos de alarma cubrían el exterior, el interior y el espacio inmediato a las piezas. El centro contaba además con cámaras de visión nocturna y había incorporado las mejoras indicadas en dos auditorías realizadas antes de su apertura, en 2024. Su sistema alcanzaba el nivel 3 de seguridad de los cuatro establecidos por la normativa europea. El grado máximo queda reservado a instalaciones militares, nucleares, de explosivos o infraestructuras críticas.

Hasta su traslado al nuevo museo, autorizado por la Dirección General de Patrimonio de la Conselleria de Cultura valenciana, el conjunto se conservaba en una cámara acorazada y solo se mostraba en contadas ocasiones. Su exposición permanente planteó el difícil equilibrio que afrontan estas instituciones entre proteger sus colecciones y garantizar el acceso de los ciudadanos.

Un hallazgo excepcional

El Tesoro de Villena fue descubierto en 1963 después de que el albañil Paco García Arnedo encontrara casualmente la primera pieza. El arqueólogo José María Soler dirigió después la excavación que permitió localizar los objetos, enterrados dentro de una vasija de barro.

Datado hacia 1250 antes de Cristo, el conjunto reúne cuencos, recipientes, brazaletes y adornos elaborados en oro, plata, hierro y ámbar. Sus cerca de diez kilogramos de oro lo convierten en el principal conjunto de orfebrería áurea de España y en uno de los más relevantes de Europa. La colección incluye once cuencos, decenas de brazaletes y varios recipientes de oro, además de vasijas de plata y piezas que combinan distintos materiales.

Su aparición abrió un amplio debate científico porque los objetos apenas guardaban relación con los yacimientos conocidos en el entorno. La excepción era el Tesorillo de Cabezo Redondo, también localizado en Villena en 1963, que contenía algunas piezas de oro semejantes.

Las investigaciones han permitido determinar que el hierro empleado en dos de los objetos procedía de un meteorito. Uno de ellos, un brazalete que los ladrones dejaron abandonado por su escaso valor material, figura precisamente entre las piezas de mayor interés arqueológico. Fue fabricado cuando el hierro constituía un material desconocido para las comunidades de la península ibérica.

Tras el asalto quedaron en el museo varias vasijas de plata, un brazalete, parte de los adornos de un bastón, una corona caída durante la huida y una arracada. Los ladrones sustrajeron también tres coronas de la Virgen y el Niño custodiadas por el centro. El alcalde reconoció ante los medios que el robo había conmocionado a la ciudad.

El valor patrimonial del Tesoro resulta incalculable, aunque su tasación ronda los cinco millones de euros. Fundidos, sus diez kilogramos de oro alcanzarían aproximadamente 1,2 millones. Esa diferencia resume el peligro al que se enfrentan las piezas. Como obras arqueológicas son únicas y difícilmente vendibles incluso en el mercado negro, pero transformadas en metal pierden su identidad y pueden entrar con mayor facilidad en los circuitos ilícitos.

Tres golpes en cuatro meses

Museo Arqueológico Provincial de Badajoz.

Museo Arqueológico Provincial de Badajoz.

El asalto de Villena es el tercero de características similares registrado en España desde finales de abril. El día 25 de ese mes, una banda entró de madrugada en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz por una puerta trasera, forzó una reja y destrozó la vitrina que protegía el Tesoro de Villanueva de la Serena. De las 149 monedas de oro que integraban el conjunto, acuñadas bajo los reinados de Carlos I y Fernando VI, fueron sustraídas 144.

El 27 de julio llegó el turno del Museo de Albacete. Cuatro encapuchados accedieron por una ventana a medianoche y alcanzaron la sala de arqueología, donde se mostraban temporalmente dos colecciones de monedas pertenecientes al Ministerio de Cultura. En menos de dos minutos se llevaron más de 200 piezas. El automóvil utilizado en la huida apareció quemado pocas horas después.

Ningún responsable ha relacionado oficialmente los tres casos. La investigación de Villena continúa centrada en el último asalto, aunque la semejanza de los procedimientos ha encendido las alarmas entre arqueólogos, conservadores y administraciones. La rapidez, la elección de objetos de oro y el conocimiento previo de los edificios alimentan la hipótesis de bandas especializadas.

El fenómeno rebasa las fronteras españolas. Europol ha detectado desde 2023 un aumento claro de los robos denunciados por las autoridades nacionales y advierte de un cambio tanto en los objetivos como en las tácticas. El precio de la onza de oro se ha multiplicado por cinco desde 2017, un alza que ha reactivado un negocio delictivo tan antiguo como los propios museos.

En enero de 2025, unos asaltantes hicieron estallar la puerta principal del Museo Drents de Assen, en Países Bajos, para llevarse el casco de oro de Cotofenesti y tres brazaletes del antiguo reino de Dacia, prestados por Rumanía. El robo de las joyas de la corona en el Louvre, cometido en octubre de ese mismo año, confirmó la dimensión europea de la amenaza.

Museo de Albacete.

Los objetos arqueológicos reúnen varias características que atraen a estas bandas. Suelen ser pequeños, fáciles de transportar y, cuando están elaborados con metales preciosos, pueden fundirse sin dejar rastro. A ello se suma un mercado del arte internacional, muy extendido en internet y poco riguroso en la comprobación de la procedencia de las obras.

Las propias condiciones de acceso a los museos facilitan el reconocimiento previo. Basta comprar una entrada para observar cámaras, ventanas, vitrinas y salidas. Frente a ese riesgo, los centros deben preservar su vocación pública sin convertirse en fortalezas inaccesibles, a menudo con presupuestos limitados.

Seguridad bajo revisión

La sucesión de robos llevó al Ministerio de Cultura a trasladar en julio su preocupación a la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional. Tras el asalto de Albacete, la unidad solicitó información sobre los museos estatales, autonómicos y locales que conservaban una cantidad significativa de objetos de oro, plata, otros metales o piedras preciosas.

Cultura remitió los datos de los centros gestionados directamente por el Estado y reforzó su seguridad. El 11 de agosto extendió la petición a las comunidades autónomas y volvió a reclamar la información el día 24 a aquellas que todavía no la habían facilitado. Cuatro días después convocó a las direcciones responsables de museos para analizar la situación, revisar las medidas de protección y compartir las advertencias de Europol.

El Tesoro de Villena estaba asegurado, aunque no se ha divulgado la cuantía de la póliza. Ninguna indemnización, sin embargo, puede compensar la desaparición de unos objetos irreemplazables. Su verdadero valor no se pesa en kilos ni se calcula según la cotización del metal. Reside en aquello que cuentan sobre las sociedades que los crearon y en la frágil continuidad que une ese pasado con el presente.