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Pablo de Valladolid tal y como lo pintó Velázquez

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"Pablo de Valladolid" (antes de la restauración). Diego Velázquez. Óleo sobre lienzo. Hacia 1635. Madrid, Museo Nacional del Prado.

«Pablo de Valladolid» (antes de la restauración). Diego Velázquez. Óleo sobre lienzo. Hacia 1635. Madrid, Museo Nacional del Prado.

La restauración realizada por María Álvarez Garcillán ha tenido una relevancia especial por la naturaleza misma de la obra. Velázquez construyó aquí una imagen despojada de cualquier referencia arquitectónica o paisajística. El bufón aparece suspendido en un espacio indefinido donde apenas existen el cuerpo, la sombra y el aire. Esa innovación compositiva, adelantada en siglos a la pintura moderna, convierte la presencia humana en el eje absoluto del cuadro y explica la intensa sensación de volumen y cercanía que transmite la figura.

Aunque el lienzo había llegado en buen estado de conservación, las modificaciones acumuladas desde el siglo XVIII alteraban de forma notable la percepción ideada por Velázquez. Durante aquella centuria se añadieron bandas de tela en los laterales y en la parte inferior para ampliar la escena, mientras que el borde superior sufrió modificaciones vinculadas al bastidor. A ello se sumaban repintes posteriores cuyos colores habían envejecido de forma desigual, afectando a la armonía cromática del conjunto.

Bandas ocultas

La intervención ha optado por una solución respetuosa con la historia material del cuadro. Las bandas añadidas no se han eliminado, pero sí han quedado ocultas bajo un nuevo sistema de marco con cajeado interno que permite contemplar exclusivamente la superficie pintada por Velázquez. Gracias a esta decisión, el espectador puede acercarse a unas dimensiones muy similares a las originales y recuperar la relación espacial exacta entre la figura y el vacío que la rodea, uno de los elementos más revolucionarios de la obra.

La restauración también ha servido para revisar en profundidad los estudios técnicos realizados hace una década mediante tecnologías más avanzadas incorporadas recientemente por el Prado gracias a los fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia. Las nuevas radiografías han permitido establecer con precisión las dimensiones originales del retrato y comprender mejor las ampliaciones históricas. El análisis digital ha confirmado que las tres bandas añadidas procedían del mismo paño de tela y fueron incorporadas al mismo tiempo, un dato relevante para reconstruir la evolución física de la pintura.

"Pablo de Valladolid" (después de la restauración). Diego Velázquez. Óleo sobre lienzo. Hacia 1635. Madrid, Museo Nacional del Prado.

«Pablo de Valladolid» (después de la restauración). Diego Velázquez. Óleo sobre lienzo. Hacia 1635. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Uno de los hallazgos más significativos ha llegado gracias a las técnicas avanzadas de reflectografía infrarroja. Frente a los análisis anteriores, limitados a una sola longitud de onda, las nuevas cámaras han trabajado sobre más de una docena de rangos distintos. El resultado ha revelado un dibujo subyacente realizado directamente a pincel, ejecutado con rapidez y libertad, lleno de correcciones y ajustes compositivos que muestran a un Velázquez extraordinariamente espontáneo en la construcción de la imagen.

Estos estudios han permitido además detectar numerosos repintes modernos integrados sobre la superficie original. La coincidencia en la reflectancia entre las zonas añadidas y algunos retoques posteriores facilitó su identificación y posterior eliminación durante la restauración.

El examen de los pigmentos ha aportado igualmente información relevante sobre los procedimientos técnicos empleados por el pintor. Los análisis confirman que la imprimación del lienzo es especialmente clara y rica en blanco de plomo, una característica habitual en las obras realizadas por Velázquez para el Palacio del Buen Retiro. También se han estudiado los negros del traje del bufón, obtenidos mediante la combinación de negro humo y negro carbón, ambos de tonalidad azulada.

La recuperación de Pablo de Valladolid no solo devuelve a la colección del Prado una de sus imágenes más magnéticas. La intervención permite comprender mejor el carácter experimental de Velázquez y reafirma la sorprendente modernidad de una obra que sigue desafiando la manera tradicional de entender el espacio pictórico casi cuatro siglos después de haber sido pintada.

Esta actuación forma parte del programa de conservación impulsado por el museo junto a la Fundación Iberdrola España y se integra en el amplio proyecto de restauración de obras de Velázquez iniciado en los últimos años.

De izquierda a derecha: Alfonso Palacio, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo Nacional del Prado; Miguel Falomir, director del Museo; María Álvarez-Garcillán, restauradora del Museo; Jaime Alfonsín, presidente de la Fundación Iberdrola España; Marina Chinchilla Gómez, directora adjunta de Administración del Prado; Ramón Castresana, director del Comité de Fundaciones del Grupo Iberdrola, y Javier Portús, jefe de Colección de Pintura Española del Barroco del Museo, durante la presentación de la restauración de "Pablo de Valladolid". Foto © Museo Nacional del Prado.

De izquierda a derecha: Alfonso Palacio, director adjunto de Conservación e Investigación del Museo Nacional del Prado; Miguel Falomir, director del Museo; María Álvarez-Garcillán, restauradora del Museo; Jaime Alfonsín, presidente de la Fundación Iberdrola España; Marina Chinchilla Gómez, directora adjunta de Administración del Prado; Ramón Castresana, director del Comité de Fundaciones del Grupo Iberdrola, y Javier Portús, jefe de Colección de Pintura Española del Barroco del Museo, durante la presentación de la restauración de «Pablo de Valladolid». Foto © Museo Nacional del Prado.