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Bilbao, un siglo de arte

 

Tras la ampliación del Prado y la década cumplida por el Guggenheim la pasada temporada, el centenario del Museo de Bellas Artes de Bilbao se convierte en el acontecimiento museológico más destacado del calendario artístico actual. "Cien años de historia. Diez siglos de arte" es el lema escogido por la institución para dar a conocer su colección, una de las más amplias y relevantes de toda España, en la que los autores vascos tienen, como no podía ser de otra forma, un lugar absolutamente privilegiado.

Para celebrar su primer siglo de vida, el Museo ha programado una serie de actos extraordinarios y exposiciones temporales que muestran la excelencia de la pinacoteca vizcaína, ha publicado, por primera vez, una Guía de Artistas Vascos que homenajea a todas aquellas figuras que participaron en su fundación y desarrollo y ha recibido en depósito, para un mínimo de cinco años, una exclusiva colección de 66 obras de consagrados artistas contemporáneos como Kandinsky, De Chírico, Picasso, Chagall, Klee, Torres García o Sorolla, que se une a las más seis mil piezas, entre pinturas, esculturas, dibujos, artes decorativas y grabados, que conforman el patrimonio artístico del Bellas Artes de Bilbao.

 

Historias paralelas
Pocos museos pueden presumir de tener una historia en relación tan directa con el ambiente artístico de la ciudad en la que se encuentran como el Bellas Artes de Bilbao, cuyos inicios fueron posibles gracias, en parte, a la donación de numerosos fondos procedentes de pintores, escultores, galerías o empresarios que vieron en esto una forma única de dar cauce a la cultura local y a sus nuevos artistas. Su historia inicia con uno de los episodios más apasionantes del arte vasco, el de principios de siglo, en el que la bonanza económica generada por la exportación de hierro favoreció un sentir popular y cultural que muy pronto comenzó a añorar y demandar un arte propio con el que poder identificarse.

Mucho tuvieron que ver, en la creación de la originaria pinacoteca, todos los autores que simpatizaban con los propósitos de aquella Asociación de Artistas Vascos, cuya aparición en 1911 fue clave para el futuro desarrollo y promoción de la cultura vasca. Es el caso, por ejemplo, de Manuel Losada, pintor procedente del noventayochismo, formado en el París impresionista y fundador de dicha asociación, cuya acérrima defensa de la promoción del arte autóctono le convirtió en el primer director del Museo de Bellas Artes, cargo que desempeñó hasta 1948; o de Aurelio Arteta, otro miembro destacado de la asociación, polifacético artista influido, también, por el impresionismo francés y nombrado primer director del Museo de Arte Moderno de Bilbao, labor que no estuvo exenta de polémicas por la intervención de la dictadura de Primo de Rivera en sus adquisiciones.

Gracias a ellos, y a muchos otros, lo que comenzó humildemente como Museo de Pintura de la ciudad se ha convertido, con el paso del tiempo, en una pinacoteca de referencia, con una colección de altísimo nivel, que hace hincapié, sobre todo, en lo que ha sido y es la historia más reciente del arte vasco.

 

Del pasado al nuevo siglo 

Este primer Museo de Pintura bilbaíno, fundado hace exactamente cien años, abrió sus puertas al público en 1914 con sede en la Escuela de Artes y Oficios, antiguo Hospital del barrio de Achurri, cuyas salas fueron adaptadas como Museo de Bellas Artes. Es en 1939 cuando se fusiona con el Museo de Arte Moderno de la ciudad para ser inaugurado, de nuevo, en 1945 en el actual edificio, proyectado por Urrutia y Cárdenas, ganadores del Concurso de Arquitectura convocado para la ocasión pero fruto, también, de la intervención de otros arquitectos.

Esta construcción neoclásica de piedra y ladrillo rojo que, en muchas ocasiones, se ha querido comparar con el Prado no tardó en quedarse pequeña debido a las numerosas adquisiciones de la institución, por lo que se realizó una primera ampliación, dirigida por Líbano en 1963, que cerraba la zona posterior con paneles de acero y vidrio pero con elementos vinculados con la arquitectura inicial. Con estas instalaciones, el Bellas Artes afrontó, sin aparentes problemas, el último tercio del siglo hasta el “efecto Guggenheim” y su inevitable influencia en el ámbito social y, por supuesto, artístico de la ciudad del Nervión.

En definitiva, algo se debía hacer y, tras un polémico debate sobre la capacidad del Museo para afrontar los retos de una nueva etapa, la renovada dirección promovió una segunda ampliación, cuyo concurso ganó Uriarte con un arriesgado proyecto de gran complejidad, que centraba la actividad del Museo en su parte posterior para acomodar sus instalaciones a la reciente coyuntura. Hoy, debido al intenso ritmo de donaciones y a las últimas compras realizadas, ya se piensa, a medio plazo, en la posibilidad de llevar a cabo otra ampliación que le permita al Bellas Artes de Bilbao aumentar su espacio expositivo para mostrar más obras y adaptar su colección e ideales al ya entrado siglo XXI.

Prestigiosa colección

El Bellas Artes, es cierto, ha reunido, en cien años de historia, diez siglos de arte con una característica colección permanente que sorprende, por su calidad y cantidad, a todos aquellos visitantes que acuden por primera vez a sus salas.

Sus obras proceden, en un principio, de la cesión del patrimonio pictórico del Ayuntamiento de Bilbao y de la Diputación de Vizcaya al primigenio Museo de Pintura, acuerdo que permitió su fundación en 1908, al que hay que sumar  las propias adquisiciones que la institución ha ido realizando durante estos cien años y las numerosas donaciones recibidas de particulares.

Con todo esto, los fondos quedan organizados en tres colecciones fundamentales: Arte Antiguo y Arte Vasco -situadas en el edificio neoclásico- y Arte Contemporáneo -en la ampliación contigua-. De esta forma, el espectador puede contemplar obras de artistas como Brueghel, Goya, Gentilleschi, El Greco, Coecke o Ribera a muy pocos metros de estrellas contemporáneas de la talla de Picasso, Bacon, Gauguin, Sorolla o Barceló que, para muchos, quedan en un segundo plano al llegar a las salas donde se encuentra la mayor y mejor colección de arte vasco que existe en la actualidad, formada por autores como Regoyos, Iturrino, Zuloaga, Oteiza, Chillida y, por supuesto, Arteta y Losada, nombres fundamentales también en la historia del arte español, que han hecho de este museo, con toda justicia, la casa del arte vasco. 

Las exposiciones del centenario

Desde principios de año, las celebraciones en el Bellas Artes  se suceden y, como parte fundamental, se ha realizado una programación extraordinaria que cuenta con importantes exposiciones temporales.

Entre las ya clausuradas destacan Colección Arte XX, muestra de las obras que componen el impresionante conjunto de arte contemporáneo depositado en sus fondos durante los próximos cinco años, Arte Vasco. Colección Museo de Bellas Artes de Bilbao, homenaje a los artistas que forman parte de la emblemática colección del Museo, Peter Blake: Retrospectiva, con la que se profundizó en los intereses de la institución por el arte británico, y De Goya a Gauguin. El siglo XIX en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, una revisión de la Escuela Española con gran presencia de artistas vascos.

En octubre, mes del centenario, Sorolla es el protagonista con Sorolla. Visión de España. Colección de la Hispanic Society of América pero, además, el Museo recibirá en depósito la obra Marquesa de Santa Cruz de Goya, cedida por el Prado durante este año uniéndose, así, a las celebraciones, y la donación de la Serie Cosmogónica Vasca, la obra más célebre del escultor vizcaíno Nestor Basterretxea.