El título podría llevar a la confusión y hacernos pensar que estamos ante una película amable sobre la música y quienes la ejecutan. Pero no. Lo que vemos en pantalla nos instala en los primeros años 90 en un país en transición, como la Checoslovaquia de entonces, que tras dejar atrás un pasado de opresión busca y respira libertad. En ese nuevo clima social Karolina, una joven que está saliendo de la adolescencia, tiene la oportunidad de integrarse en un reputado coro formado por chicas entre doce y veinte años.
Su capacidad y su voz pronto destacarán en un grupo del que también forma parte su hermana mayor y cautivan al exigente director que poco a poco, aprovechándose de su poder omnímodo, manipulará los sueños e ilusiones de la joven para ir cercándola.
El realizador y guionista Ondřej Provazník (Praga, 1978), vuelve a demostrar su capacidad para retratar los vericuetos del alma humana y, como primer gran acierto, aborda la historia desde el punto de vista de la víctima, alejándose de los relatos convencionales sobre los abusos sexuales, ofreciendo una mirada tan sutil como conmovedora sobre un tema sensible y vigente.
En sus propias palabras, el objetivo era acercar al espectador “de la forma más auténtica posible» a la complejidad emocional que viven quienes sufren este tipo de violencia, mostrando las contradicciones, el trauma y las dificultades que encuentran cuando deciden romper el silencio.
Con una acertada puesta en escena, premeditadamente fría con tintes de docu-drama, la película incide en el acoso como un mecanismo de control que, a menudo, tal es el caso que describe el film, es conocido por el entorno. En ese sentido, lo que vemos señala también hacia el lamentable silencio de los adultos que rodean a las víctimas, ya sea porque ven una oportunidad de crecimiento –es el caso de los padres- o el de la máxima responsable de la institución que, para preservar su prestigio, decide no hacer nada.
El caso Bambini di Praga, en el que la película se centra, se refiere al grave escándalo de abusos sexuales destapado en 2004 en el seno del prestigioso coro infantil checo. Su director, Bohumil Kulínský Jr., fue detenido en noviembre de aquel año.
La investigación contabilizó decenas de víctimas, cerca de medio centenar, de niñas y jóvenes que sufrieron manipulación y abusos sexuales entre los años 1984 y 2004. Tras un proceso judicial complejo, en 2009 Kulínský ingresó en prisión para cumplir una condena de cinco años y medio.
El caso sacó a la luz una profunda cultura de silencio, manipulación psicológica y abuso de poder jerárquico dentro de los círculos artísticos de élite y tras 38 años de exitosa andadura y ante la imposibilidad de mantener el legado y la presión del escándalo, la prestigiosa institución coral fundada en 1973 y la escuela en la que se formaban sus integrantes cesó sus actividades de manera definitiva en 2011.
El coro de Praga tuvo su estreno mundial en el Festival Karlovy Vary, donde logró el Europa Cinemas Label Award y una Mención Especial del Jurado para la actriz Kateřina Falbrová. Dentro de su sólido recorrido por diferentes certámenes internacionales en su presentación en España en el BCN Film Fest también fue premiada su protagonista por una interpretación en la que transmite la mezcla de ingenuidad, candor y vulnerabilidad que hace cómplice al espectador.

El coro de Praga
Dirección y guion: Ondrej Provaznik
Intérpretes: Katerina Falbrová, Juraj Loj, Maya Kintera, Aneta Novotná, Marek Civoský
Fotografía: Lukás Milota
Drama
República Checa, Esolvaquia/2025/106 minutos
A ContraCorriente, Sherlock Films