Narrada en primera persona, nos cuenta la llegada de un joven maestro a Castelnau, una pequeña población del interior de la Dordoña atravesada por el río Beune, para hacerse cargo de la escuela del lugar. Allí conocerá a dos mujeres que se adueñarán de sus pensamientos: Ivonne, la belleza misma, y Hélène, metáfora de la madre universal.
La violencia de lo arcaico
Fábula sobre el deseo y lo inalcanzable, sobre lo turbulento que tantas veces adquiere forma de pasión, El origen del mundo remite a lo primario, a la violencia de lo arcaico, a la frustración como elemento que puede gobernar una existencia.
«A finales de noviembre cambió el tiempo y las aguas se endurecieron. Los campos inundados se helaron, matojos de juncos requemados asomaban, tiesos del terreno… Había nevado durante la noche, esos copitos recientes y prietos de los grandes fríos, que dejan poca huella. Helaba a todo helar, el cielo límpido estaba rígido. La claridad parecía verde: podía esperarse una hora más de luz».
Así escribe Michon. Cada palabra en su sitio. Sutilmente desbastada hasta ofrecerse al lector precisa, lavada, dado la sensación de que en principio formaba parte de un texto más largo, mucho más largo, al que se le ha despojado de todo lo que no era esencial. El origen del mundo: orfebrería pura.
El origen del mundo
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia [1]