A través de La Grazia sigue creciendo el guionista y director napolitano. Y no era tarea sencilla tras dejar en pantalla propuestas como La gran belleza, Il divo, Fue la mano de Dios o Parthenope que pusieron en sus manos reconocimientos como el Oscar o el BAFTA.
Pero la realidad es que sigue creciendo con La Grazia, largometraje que inauguró el último Festival de Cine de Venecia en el que Toni Servillo recogió la Coppa Volpi al Mejor Actor. Sobrio, sin un gesto de más da vida a Mariano De Santis, un prudente hombre de leyes, católico y reflexivo, que vive sus últimos meses como presidente saliente de Italia.
En ese tramo final de su carrera política y siempre con la colaboración de su hija y confidente, soberbia también en su papel la actriz Anna Ferzetti, tiene que enfrentarse a la encrucijada moral y personal que supone tener que decidir sobre la propuesta de indulto de dos homicidas y sobre la aprobación de una ley que legaliza la eutanasia.
Diálogos evocadores, planos llenos de plasticidad, una banda sonora sin desperdicio y una sempiterna tendencia a construir poesía en imágenes construyen un relato intimista del que resulta pecado apartar vista y oído.
Interrogado sobre los ejes de su film, el propio Sorrentino se refirió al amor, la duda, la ternura, la responsabilidad, la paternidad y el dilema.
“La Grazia es una película sobre el amor, afirmó el cineasta nacido en 1970, ese motor inagotable que da lugar a la duda, los celos, la ternura, la emoción, una comprensión de las cosas de la vida y la responsabilidad. El amor y todas sus intrincadas ramificaciones se ven y se experimentan a través de los ojos de Mariano De Santis, un presidente de la República Italiana totalmente ficticio pero creíble. Mariano De Santis ama a su difunta esposa, ama a su hija y a su hijo y la brecha generacional que los separa de él. Ama el derecho penal, que ha estudiado toda su vida. Detrás de su comportamiento serio y austero, Mariano De Santis es un hombre de amor”.
“La Grazia también es una película sobre la duda y la necesidad de abrazarla. Esto es especialmente cierto en la política y aún más hoy, en un mundo donde los políticos con demasiada frecuencia presentan un paquete contundente de certezas que solo causan daño, fricción y resentimiento. Esto socava el bienestar colectivo, el diálogo y la armonía general. Mariano De Santis es un hombre impulsado por la duda”.
“La Grazia es una película sobre la responsabilidad. Otra cualidad que debería pertenecernos a todos, pero que, sobre todo, debería definir a los políticos, a quienes representan a otros y guían o moldean decisiones. La responsabilidad también es algo cuya ausencia sentimos; una evasión casi deliberada que hoy da paso a exhibiciones vacías y posturas musculares: dañinas, si no directamente peligrosas. Mariano De Santis es un hombre responsable”.
“La Grazia es una película sobre la paternidad. Los políticos son dignos de ese nombre solo si encarnan la cualidad noble y tranquilizadora de la paternidad, no si caen en el papel, tan querido por ciertos políticos hoy en día, del hijo descarriado. Mariano De Santis es un padre noble. Pero, como hombre inteligente guiado por la duda, sabe cuándo es el momento de volver a convertirse en hijo. A medida que avanza la edad y el presente comienza a parecer incomprensible, en lugar de despreciarlo o perderse en inútiles arrebatos de nostalgia, se abre al presente a través de sus hijos, que están mejor preparados para comprender el mundo que los rodea. Y confía en ellos. Mariano De Santis es un padre extraordinario”.
Y, concluye Paolo Sorrentino, “La Grazia es una película sobre un dilema moral. Si conceder o no el indulto a dos individuos que han cometido asesinato, aunque quizá en circunstancias que podrían ser perdonadas. Si, como católico, firmar o no una ley problemática sobre la eutanasia. De joven me impresionó profundamente el Decálogo de Kieslowski. Una obra maestra totalmente centrada en dilemas morales; la trama de todas las tramas, la única narrativa verdaderamente cautivadora. Más que cualquier thriller. No creo haberme acercado ni remotamente al genio de Kieslowski, ni a la profundidad con la que abordó los temas morales, pero aun así sentí la necesidad de intentarlo, en un momento histórico en el que la ética a veces parece opcional, esquiva, opaca, o con demasiada frecuencia invocada solo por razones instrumentales. La ética es un asunto serio. Sostiene el mundo. Y Mariano De Santis es un hombre de mentalidad seria”.
Con todos esos elementos y más La Grazia es, en definitiva, un logrado film sin desperdicio destinado a quedar en la memoria del espectador.

La Grazia
Dirección y guion: Paolo Sorrentino
Intérpretes: Toni Sevillo, Anna Ferzetti, Orlando Cinque, Massimo Venturiello, Milvia Mariguliano, Giuseppe Gaiani
Fotografía: Daria D´Antonio
Sonido: Emanuele Cecere
Producción: Fremantle, The Aparttment, Número 10, PiperFilm
Drama
Italia/2025/131 minutos
Distribución: MUBI