Un largometraje que arranca la noche de verano en que Suzanne (Juliette Armanet), junto a sus dos hijos, un chaval de diez años y una niña de seis, hace una visita inesperada a su hermana Jeanne (Camille Cottin).
Esta aparición deja descolocada a Jeanne no sólo porque hacía ya varios meses que no sabía nada de su hermana, sino también por la extraña actitud de la recién llegada que parece ausente, como desconectada de sí misma y de lo que la rodea.
A la mañana siguiente, al despertar, Jeanne se queda perpleja al descubrir la nota dejada por su hermana en la que le informa de su decisión voluntaria y consciente de desaparecer.
Ambrosioni debutó en el largometraje profesional en 2018 con Les drapeaux de papier, tras darse a conocer, a muy temprana edad, con cortometrajes como Hostile (2014) o Therapy (2016). En 2023 estrenó Toni, en familia.
Al referirse al origen de la película que ahora pone en pantalla regresa a 2019, cuando leyó en la prensa un artículo en el que una madre hablaba sobre la desaparición voluntaria de su hijo adulto. “Aquello me marcó profundamente. Desde entonces, la noción de ‘desaparición voluntaria’ no me deja en paz. Quiero comprenderla”.
“Se puede desaparecer, e incluso se tiene ese derecho… Sin embargo me invade un sentimiento de ira, me parece inadmisible hacerle eso a una familia. Aquella lectura coincidió con el momento en que mi hermana se fue de un día para otro al otro lado del mundo, a Nueva Zelanda. Pero en ese momento no relacioné los dos hechos. Solo más tarde, cuando me embarco en la escritura, y mi ira se ha disipado, me doy cuenta de que deseo nuevamente hablar sobre la familia”.
“Al mismo tiempo, hago un trabajo de introspección para entender por qué el tema me interesa tanto… Sin duda, porque hay algo bastante disfuncional en mi propia familia. Quiero hablar de la ausencia: ¿cómo evoluciona una familia cuando falta un miembro? ¿Cómo puede construirse una familia a partir de una situación irresuelta? También quería hacer una película de fantasmas…”

¿De fantasmas?
Quería una historia que hablara de un personaje que nunca se ve, que haya una presencia que se escabulle. Ese es el papel de Suzanne, interpretada por Juliette Armanet. Prácticamente no la vemos, y, sin embargo, solo se habla de ella. El espectador fantaseará sobre lo que le ocurre, intentará comprender las razones de su desaparición sin obtener nunca una respuesta. Porque no se puede explicar lo inexplicable.
La intención de la película no está ahí; está en observar a quienes quedan atrás, ver cómo avanzan a pesar de la ausencia de respuestas. ¿Cómo escribir una película sobre una mujer que deja a sus hijos atrás, sin juzgarla por ello? La película trata de evocar esto de manera muy sencilla, a través de elementos muy factuales, escenas muy cotidianas. Quería hacer esta película para reconciliar y reconciliarme.
¿Qué significa específicamente una desaparición voluntaria? ¿Y qué es ese derecho al olvido del que, como usted sostiene, todos disponemos?
Este derecho nos permite marcharnos sin que la policía pueda intervenir si esa partida es fruto de nuestra propia decisión. Cada año, en Francia, cerca de 15.000 personas deciden dejarlo todo y literalmente desaparecer. En Japón, el término que se utiliza para designar a estos desaparecidos es muy revelador: los “evaporados”
¿Necesitaba distancia para escribir esta historia?
Sí. Justo después del rodaje de Toni, en familia en 2022, es el momento. Tengo la perspectiva suficiente y he acumulado suficiente información emocional. Ya no siento ese rechazo que me invadió al descubrir el tema. Comienzo entonces la investigación documental: contacto con un policía, una trabajadora social y una jueza de asuntos familiares.
¿Cómo describiría a Jeanne, el personaje protagonista, interpretada por Camille Cottin?
Al inicio de la historia, Jeanne parece ausente de sí misma, como si algo la atormentara. Lo que caracteriza a Jeanne es una preocupación permanente, un estado que Camille encarnó a la perfección. Es un personaje opaco, al que no se accede fácilmente. Jeanne no tiene hijos, ni siente el deseo de tenerlos. Se encuentra a cargo de los de su hermana, con la necesidad de encontrar su lugar junto a ellos, un lugar sumamente inestable, ya que nunca reemplazará a su madre. Esto es algo que se le hace entender durante las citas administrativas que marcan su recorrido.
Jeanne no es rígida; posee una gran interioridad, aunque detrás de una coraza difícil de romper. No busca necesariamente agradar. No se conmueve de manera ‘clásica’ ante sus sobrinos, los niños abandonados por su hermana. A través de su personaje, quería expresar que no es evidente para una mujer sentir maternidad frente a los hijos de otros. Soy consciente de que es un tipo de representación rara en el cine, pero para mí es importante diferenciar los conceptos de feminidad y maternidad. Se puede ser mujer sin ser madre, así como se puede llegar a ser padre sin haber dado a luz. Y, una vez más, Jeanne no se convierte en la madre de estos niños: encuentra su lugar como tía y tutora.
Los personajes masculinos están casi ausentes del relato. ¿Por qué?
Quería una película que descansara principalmente sobre protagonistas femeninas. Las mujeres y los niños representan un espacio seguro para mí. Me siento bien con las actrices, me siento más comprendido, el diálogo es más fácil. Además, para Jeanne, quería un personaje queer, porque me parece importante contar historias donde estos personajes no sean estigmatizados, sino normalizados. Nunca imaginé esta historia de otra manera que no fuera interpretada por una mujer queer, sin que ninguna escena cuestione su sexualidad ni la presente como un conflicto dentro del relato.
Es una película donde el silencio es muy importante…
Es una historia sobre el duelo, aunque sea un duelo imposible. Hablaba mucho de ello con una psicóloga en el momento de la escritura. Me explicaba que es muy difícil hacer el duelo de alguien que no se puede localizar. Suzanne tomó la decisión deliberada de desaparecer. Creo que nunca nos acostumbramos realmente a la idea. En el caso de las desapariciones voluntarias, hay personas que esperan a su hijo durante décadas, viviendo en la eterna esperanza de su regreso. La habitación del niño permanece intacta, tal cual, y ellos lo dicen frente a cámara: ‘Si quieres volver, vuelve, no te guardaremos rencor, no estamos enfadados, tu habitación te espera’.
El tiempo se congela. Mis personajes se inmovilizan y la película los contempla, tomando el ‘tiempo de la ausencia’. Porque el tiempo pasa de manera diferente cuando uno está en espera. Era necesario que se sintiera, que las escenas se alargaran de cierta manera. Dirigía a Camille y a los demás actores diciéndoles: ‘Tómense el tiempo entre cada frase’ en el corazón de escenas que son, en su mayoría, planos secuencia.
También se toma tiempo para filmar las escenas de los niños y la relación entre ellos. ¿Es algo indispensable para comprender sus caracteres?
Exactamente. Margaux tiene 6 años, es la edad del presente, de la despreocupación. Gaspard es mayor, más consciente de lo que pasa. Podríamos definir lo que viven como un ‘drama al revés’ .Porque la historia comienza con un trauma para ir hacia la vida. La luz. La aceptación. Al principio, parecen formar una sola entidad. Solo progresivamente nos damos cuenta de que cada uno vive las cosas de manera diferente.
Vimos cientos de niños en el casting, y les preguntábamos qué pensaban de las escenas que debían interpretar. Todas las niñas de seis años preguntaban: ‘¿Mi madre va a volver?’ y les respondíamos: ‘¿Pero la historia te puso triste?’ y ellas contestaban: ‘No, está bien, porque hay escenas divertidas’. Las niñas no se proyectaban en el largo plazo, mientras que todos los niños entre diez y doce años que optaban al papel de Gaspard decían: ‘Me pareció muy triste para ellos’.
icole quiere suavizarlas cosas. Quiere tener hijos. Al menos eso espera con su nueva compañera. Nicole es como un bálsamo para los niños, mientras que Jeanne se dirige a ellos como a adultos, como seres maduros capaces de discernimiento.
Gaspard cumple diez años en la película. Quería mostrar una fratría unida, mientras que el resto del filme representa un mundo adulto donde los lazos se deshacen. Gaspard siempre ha cuidado de su hermana, no es algo nuevo. Él mismo lo explica. La jueza de menores que consulté me decía que a partir de los diez años es obligatorio escuchar a los niños en el marco de las audiencias. Antes de los diez años, intervenir depende de la elección del niño o de los padres. Me pareció muy significativo.
¿En consecuencia, perciben su situación de forma muy diferente?
Diez años es la edad del discernimiento; el niño puede tener perspectiva, puede comprender lo que le ocurre. Quería que Gaspard se situara en la frontera de eso, por lo que su trauma es mucho más directo que el de Margaux. Para ella, probablemente las repercusiones del drama se harán sentir más tarde.
Lo que también es muy potente es que parecen tan unidos, y sin embargo están tan lejos el uno del otro y de lo que sienten. No viven en absoluto la misma temporalidad de los acontecimientos. Son realmente diferentes momentos del impacto de este trauma que quería representar a través de ellos, pero sin que estuvieran físicamente distanciados. Quería que el espectador pudiera confundirlos.
En muchas secuencias la cámara se coloca como si alguien observara de lejos a los protagonistas…
Sí. Como si fuera alguien que mira, obviamente podemos pensar que podría ser la madre, aunque sabemos que no es posible. Como he apuntado antes quería que la cámara encarnara esa presencia fantasmal, o al menos esa ausencia.
Por eso se filma también desde lejos, a menudo a través de cristales, como si realmente observáramos a los personajes, pero sin sensacionalismo. El tono de la película es delicado, íntimo, suave en las miradas, no espectacular. Y esa distancia de la cámara con los protagonistas y la acción también es una manera de mantener objetividad para el espectador.
Por otra parte a la hora de rodar quería un lugar no identificado y que nunca se nombre. Un espacio ‘neutro’ para que se perciba que los niños son trasladados continuamente de un lugar a otro. Parten de la casa de su madre, un lugar cuya ubicación tampoco conoceremos. Sabemos que viajan y llegan a algún sitio, pero no saben dónde. Nunca lo sabrán realmente. Quería que, como los niños, el espectador se sienta desorientado.
(Lo logra inteligentemente Nathan Ambrosioni a través de un film lleno de recovecos. Una historia que, sin estridencias, juicios ni tomas de postura, abre puertas a la reflexión. Cine de altura).