El fallo destaca «su influencia decisiva en la narrativa contemporánea, su aportación a la tradición borgiana en lengua española, así como por una originalidad formal y fidelidad al espíritu metaficcional de Cervantes desde una dilatada y ejemplar trayectoria».
La concesión del premio reconoce un universo literario en el que realidad e invención se confunden, los libros dialogan con otros libros y la identidad del narrador se convierte con frecuencia en materia de indagación. Una escritura que se resiste a las clasificaciones convencionales y que ha encontrado en la experimentación formal, la reflexión sobre la propia literatura y el humor algunas de sus características más reconocibles.
El jurado considera que Vila-Matas «encarna de manera magistral los principios medulares de la ficción posmoderna» mediante un estilo en el que las fronteras entre lo real y lo imaginado se desdibujan. También subraya su capacidad para mantener un diálogo constante con la tradición literaria mientras la transforma. «Al convertir la duda en método y la lectura en aventura, reivindica la creación literaria como un arte de la inteligencia y del placer».
La singularidad de Vila-Matas reside en su permanente cuestionamiento de las convenciones narrativas. Sus libros investigan la autoría, la identidad personal, el porvenir de la escritura y la propia naturaleza de la novela mediante procedimientos que incorporan la cita, la mezcla de géneros y el juego ensayístico. En esa búsqueda, la ironía y el humor ocupan un lugar destacado. El fallo alude a su cuestionamiento de la autoridad narrativa y a una agudeza que lo sitúa entre los escritores más subversivos de las letras españolas. Su producción constituye «un proyecto creativo y arriesgado en el marco de las letras hispánicas».
Riesgo y fracaso
La relación con otros autores resulta igualmente esencial en una obra que ha hecho de la literatura uno de sus principales asuntos. El jurado destaca su diálogo con escritores inconformistas, dispuestos a asumir el riesgo y el fracaso, y su capacidad para construir a partir de esas afinidades un canon personal. De ahí que lo defina como un autor inclasificable y sorprendente, cuya trayectoria ha alcanzado un amplio reconocimiento fuera de España.
Nacido en Barcelona en 1948, Enrique Vila-Matas estudió Derecho y Periodismo antes de iniciar su actividad profesional como redactor de la revista cinematográfica Fotogramas. Desde entonces ha desarrollado una extensa producción que comprende novelas, relatos y ensayos literarios, traducidos a más de treinta y cinco idiomas.
Entre sus primeros títulos destacados figuran Historia abreviada de la literatura portátil, Suicidios ejemplares (1991) e Hijos sin hijos (1993). A ellos se sumaron Recuerdos inventados (1994) y El viaje vertical (1999), obras que forman parte de una bibliografía caracterizada por la diversidad de registros y la investigación de las formas narrativas. La publicación de Bartleby y compañía (2000) marcó uno de los grandes hitos de su carrera. El libro recibió el Premio Ciudad de Barcelona en 2001 y, al año siguiente, el Prix du Meilleur Livre Étranger y el Fernando Aguirre-Libralire, ambos en Francia.
También en 2002 obtuvo el Premio Herralde de Novela por El mal de Montano, distinguida posteriormente con el Premio Nacional de la Crítica y el Prix Médicis Étranger en 2003. A esta etapa pertenecen otros títulos fundamentales de su bibliografía, como París no se acaba nunca (2003) y Doctor Pasavento (2005). Esta última novela le valió en 2006 los premios Fundación Lara a la mejor novela del año y de la Real Academia Española, además del reconocimiento internacional que supuso el Premio Ennio Flaiano de Narrativa.
Su producción posterior incluye Exploradores del abismo (2007), Dietario voluble (2008), Dublinesca (2010), Chet Baker piensa en su arte (2011), Aire de Dylan (2012), Kassel no invita a la lógica (2014), Marienbad eléctrico (2016), Mac y su contratiempo (2017) y Esta bruma insensata (2019). La vertiente ensayística constituye otra parte importante de su trabajo. A libros como El viajero más lento (1992) y Desde la ciudad nerviosa (2000) se añaden El viento ligero en Parma (2004), Y Pasavento ya no estaba (2008), Perder teorías (2010), Una vida absolutamente maravillosa (2011), Impón tu suerte (2018) y La locura (2024). En 2022 publicó la novela Montevideo y en 2024 apareció Ocho entrevistas inventadas. Su última novela, Canon de cámara oscura, llegó a las librerías en abril de 2025, publicada por Seix Barral [3].
El reconocimiento de su escritura ha trascendido ampliamente las fronteras españolas. Entre los numerosos galardones recibidos figuran el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances, el Rómulo Gallegos, el Premio Nacional de Cultura de Cataluña y el Formentor de las Letras, que obtuvo en 2014 por el conjunto de su obra. Su trayectoria también ha merecido distinciones institucionales. En 2006 fue nombrado caballero de la Legión de Honor francesa y en 2013 recibió el nombramiento de oficial de la Orden de las Artes y las Letras de Francia. Cuatro años antes, en 2009, la Universidad de los Andes de Mérida, en Venezuela, le había concedido el título de doctor honoris causa en Letras.
La consideración internacional de su obra queda reflejada asimismo en las palabras que le han dedicado otros escritores. Paul Auster afirmó que «con Enrique Vila-Matas sólo tienes que dejarte llevar porque estás en manos de un maestro». Por su parte, Ricardo Piglia destacó la singularidad de su voz narrativa y su capacidad para mantener un tono íntimo y personal a lo largo de sus libros.
El Premio Nacional de las Letras Españolas se incorpora ahora a esa extensa relación de reconocimientos. En su argumentación, el jurado insiste en la dimensión filosófica y poética de una escritura que interroga constantemente el papel de la literatura en el mundo contemporáneo. La distinción sucede a la concedida en 2025 a la poeta María Victoria Atencia y sitúa a Vila-Matas en una nómina de galardonados que incluye, entre otros, a Manuel Rivas, Cristina Fernández Cubas, Luis Landero, Rosa Montero, José María Merino, Luis Mateo Díez, Francisca Aguirre y Bernardo Atxaga.
Dotación y jurado
El Premio Nacional de las Letras Españolas, concedido por el Ministerio de Cultura y dotado con 50.000 euros, distingue el conjunto de la labor literaria de un autor o autora de nacionalidad española en cualquiera de las lenguas de nuestro país.
El jurado de esta edición ha estado presidido por María José Gálvez, directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura del Ministerio de Cultura, con Jesús González, subdirector general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, como vicepresidente. Han participado como vocales los siguientes representantes de instituciones académicas, literarias y culturales:
– Aurora Egido, a propuesta de la Real Academia Española.
– Víctor Fernández Freixanes, por la Real Academia Galega.
– Aizpea Goenaga, por la Real Academia de la Lengua Vasca (Euskaltzaindia).
– Maria Escalas, por el Institut d’Estudis Catalans.
– Brauli Montoya, por la Acadèmia Valenciana de la Llengua.
– Manuel Rico, por la Asociación Colegial de Escritores de España.
– Carmen Pujante, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas.
– Ángel Basanta, por la Asociación Española de Críticos Literarios.
– Fernando González Urbaneja, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España.
– José Ovejero, por el Ministerio de Cultura.