Linda (Rose Byrne), una mujer de mediana edad, ve cómo su vida va derrumbándose sin poder ni saber atajar la situación. Como puede, intenta lidiar con la misteriosa enfermedad resistente a los tratamientos de su hija, una adolescente unida las veinticuatro horas a una sonda gástrica. Un personaje que permanece fuera de cámara, del que solo vemos la sonda inserta en el orificio de su abdomen y escuchamos su voz reclamando una dedicación constante por parte de su madre.
Tampoco vemos al marido, siempre ausente, y del que solo sabemos por sus quejas a través del móvil. Una presencia en la distancia, materializada en exigentes llamadas que piden más y más a una Linda que, como terapeuta, busca ayuda en un compañero que, lejos de solucionar nada, la envuelve en una relación profesional cada vez más hostil.
Bronstein lleva esa estresante situación, en la que se mezclan el miedo, la furia, la desorientación, el cansancio y la autoinculpación, en direcciones diversas, lo que posibilita perspectivas diferentes para el espectador.
El filme ofrece un vertiginoso retrato de la maternidad bajo presión extrema, encarnado en la figura de una madre desbordada y presa de un estado obsesivo mientras lidia con una serie creciente de crisis, dando como resultado un relato sobrecogedor y un emotivo fogonazo de esos momentos en la vida en los que todo se vuelve demasiado.
La chispa de la película surgió de las propias experiencias maternas de la directora, que recuerda cómo, en un momento crítico, una enfermedad familiar estalló en un sentimiento de culpa, preocupación y alienación que la condujo a un precipicio emocional. Como no encontraba una forma cómoda de hablar del problema, inició la escritura de Si pudiera, te daría una patada, buscando una manera de expresar una vorágine indecible de miedos: a no ser lo suficientemente buena, lo suficientemente fuerte o, simplemente, suficiente.
«Me di cuenta de que no había ninguna película que yo conociera que explorara este tipo muy particular de ansiedad que estaba experimentando: el estado mental frenético de una madre lidiando con una hija enferma. Aunque la película no es en absoluto autobiográfica, todo en ella es emocionalmente verdadero».
El film cuenta con un reparto de primer orden encabezado por Rose Byrne, actriz versátil donde las haya, capaz de encandilar como comediante en La boda de mi mejor amiga o, en las antípodas interpretativas, dejarnos sin aliento como madre al borde del abismo en Si pudiera, te daría una patada. Su entregada y asfixiante actuación le valió el premio en la Berlinale y en Sitges, así como el Globo de Oro a mejor actriz de comedia. Ahora presenta su sólida candidatura a una estatuilla en los próximos Oscar.
Le acompañan Danielle Macdonald, Christian Slater, Ivi Wolf y personalidades muy populares como el actor y rapero ASAP Rocky y el presentador de televisión estadounidense Conan O’Brien.
«Tengo una pasión genuina por crear mujeres en pantalla que no he visto antes», señala Bronstein. «He visto varias representaciones de mujeres teniendo crisis nerviosas, pero generalmente están dirigidas por hombres, y siento que casi todas adoptan una perspectiva externa. Lo que yo quería hacer era adentrarme profundamente, para que el espectador viera el mundo como el lugar tan aterrador que Linda percibe».
Su historia también tiene una resonancia cultural más profunda: la fascinación por las madres que pierden el control y se convierten en personajes populares. Una de esas madres, Andrea Yates, que confesó haber ahogado a sus cinco hijos en una bañera mientras sufría psicosis posparto, aparece en clips de noticias a lo largo de la película.
«Creo que todos tenemos la tendencia a mirar estas historias y preguntarnos: ¿qué me hace una persona diferente de estas mujeres?», concluye la responsable de una película que no es para pasar el rato. No. Prepárense para removerse en sus butacas… pero no se arrepentirán.
Si pudiera, te daría una patada
Dirección y guion: Mary Bronstein
Intérpretes: Rose Byrne, Danielle Macdonald, Christian Slater, Ivi Wolf, ASAP Rocky y Conan O´Brien
Fotografía: Christopher Messina
Estados Unidos / 2025 / 113 minutos
Vértigo Films















