El libro sitúa el foco en la larga posguerra que se extendió entre 1939 y 1952, un periodo que marcó la vida cotidiana de millones de españoles. Durante esos años, la dictadura atribuyó la miseria a los destrozos de la guerra, al aislamiento internacional y a la repetida coartada de la “pertinaz sequía”. Frente a ese relato, el autor destaca que en España tuvo lugar una hambruna en sentido pleno, comparable a otras europeas de entreguerras, especialmente entre 1939 y 1942 y de nuevo en 1946, con más de doscientas mil víctimas.
Pero Del Arco no se limita a cuantificar el desastre. Plantea que el hambre no fue solo consecuencia de la violencia previa, sino una forma de violencia en sí misma. En una España famélica y golpeada por enfermedades reemergentes, la comida dejó de ser un bien cotidiano para convertirse en un instrumento de control. El pan, el aceite o el acceso a una cartilla de racionamiento adquirieron un significado político. El hambre apareció como una sombra que recorría calles y campos y que obligaba a concentrar toda energía en la supervivencia, desactivando cualquier tentativa de oposición.
La investigación examina en primer lugar las causas. La guerra figura como antecedente ineludible, sobre todo por su impacto demográfico y por el deterioro nutricional que dejó tras de sí. Sin embargo, la destrucción material no basta para explicar la magnitud de la crisis alimentaria. Documentos internos del propio régimen relativizaban los daños económicos, mientras la propaganda insistía en magnificarlos. La distancia entre el discurso público y los informes administrativos se convierte en uno de los ejes más reveladores del análisis.
A esa herencia bélica se suma la suicida apuesta por la autarquía. El proyecto de autosuficiencia económica, defendido con fervor ideológico, aspiraba a levantar una nación independiente en recursos y orientada hacia un horizonte imperial. Sus resultados fueron desastrosos en todos los ámbitos. La intervención sobre precios, la escasez de materias primas y el hundimiento de salarios afectaron tanto a la industria como al campo. La promesa de una España fuerte y autosuficiente derivó en una economía encogida, incapaz de garantizar el sustento básico.
El contexto internacional agravó la situación. La alianza del régimen con las potencias fascistas y el envío de materias primas al Eje contribuyeron a un bloqueo aliado que limitó importaciones esenciales. En esa encrucijada, el libro muestra cómo las decisiones diplomáticas y económicas influyeron de manera directa en el abastecimiento interno. La hambruna deja de ser un fenómeno exclusivamente doméstico para inscribirse en la geopolítica de la Segunda Guerra Mundial.
La corrupción constituye otro capítulo decisivo. El mercado negro floreció al calor del sistema autárquico y alteró por completo el acceso a los alimentos. Informes oficiales reconocían la implicación de autoridades en prácticas especulativas. España vivía en dos planos superpuestos. El oficial, con precios fijados por decreto y promesas de equidad. El real, donde los productos se ocultaban bajo los mostradores y solo estaban disponibles para quienes podían pagar cifras desorbitadas. Vivir se convirtió en un lujo cotidiano.
El libro traza también la geografía del hambre. El sur peninsular, desde Murcia hasta Extremadura y amplias zonas de Andalucía y Castilla-La Mancha, aparece señalado en documentos oficiales como área crítica. Las muertes por inanición comenzaron ya en el verano de 1939 y se acompañaron de un aumento de enfermedades infecciosas y de una mortalidad infantil que alcanzó cifras inéditas en el siglo XX. La posguerra no fue solo escasez, sino catástrofe sanitaria.
La dimensión política atraviesa toda la obra. El racionamiento no logró alimentar de forma suficiente a la población y funcionó además como mecanismo de disciplina. La concesión y renovación de cartillas dependía del encuadramiento y del buen comportamiento. El ejército y los sectores leales gozaron de mejores condiciones de abastecimiento, mientras que los vencidos quedaron expuestos a una mayor precariedad. El hambre operó como un arma selectiva que premiaba y castigaba.
En paralelo, el autor se detiene en la vida cotidiana. Robos y hurtos se dispararon hasta representar la mayoría de los delitos en los años más duros. Se multiplicaron las estrategias para sobrevivir, desde el intercambio clandestino de alimentos hasta la emigración hacia regiones menos castigadas. La cocina del hambre incorporó sucedáneos y productos de baja calidad. Muchas mujeres, protagonistas invisibles de la supervivencia familiar, transformaron la escasez en recetas que aún hoy perviven en la memoria.
Uno de los hilos más sugerentes del libro es precisamente ese. La memoria del hambre no desapareció con el crecimiento económico posterior. Se alojó en gestos cotidianos, en la obsesión por llenar la despensa, en el respeto casi ritual hacia el pan. La obra sugiere que esa experiencia colectiva permaneció largo tiempo como un secreto incómodo, apenas integrado en el relato oficial del franquismo y solo transmitido en el ámbito familiar.
La hambruna española devuelve al debate público un episodio que fue silenciado y minimizado durante décadas. Al reconstruir sus causas, sus víctimas y sus efectos, no adopta un tono panfletario ni busca el ajuste de cuentas. Se limita a situar el hambre en el centro de la posguerra y a recordar que las hambrunas no son fenómenos naturales inevitables, sino procesos históricos en los que intervienen decisiones políticas, estructuras económicas y relaciones de poder. En esa mirada reside su mayor aportación.
La hambruna española. Victoria y muerte en la posguerra. Miguel Ángel del Arco Blanco. Crítica. 480 páginas. 23,90 / 12,99 euros.
Sobre el autor
Miguel Ángel del Arco es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Granada, donde dirige el Departamento de Historia Contemporánea. Sus investigaciones se han centrado en la guerra civil, la posguerra y el fascismo, con especial atención a las actitudes políticas, la represión, la memoria y la hambruna franquista. Ha publicado en revistas académicas nacionales e internacionales y es autor de diversas obras en español e inglés. Entre sus libros más recientes figuran Cruces de memoria y olvido (Crítica, 2022) y el volumen colectivo Los años del hambre. Historia y memoria de la posguerra franquista (Marcial Pons, 2020).
















