Las mujeres de las que se habla en este libro llegaron en el convulso siglo XX a un país en llamas. Escribieron sobre una contienda fratricida y el después de aquella tragedia. Como afirma Cañil: “Fueron mejores que sus compañeros, maridos o amantes, y esta no es una afirmación sólo para agitar conciencias. Ellas tuvieron que superar más adversidades, ya que hicieron frente a la displicencia, el paternalismo y el machismo propios de aquella sociedad. Muchas lucharon para denunciar lo que suponía para el resto del mundo que el fascismo de Franco triunfara, y escribieron tan buenas crónicas y libros como sus pares masculinos. Pero ellas reposan en el rincón de la historia”.
Como ya hiciera en Los amantes extranjeros, el libro publicado en 2022 en el que tras una minuciosa labor documental trazaba un emocionante viaje por algunos de los lugares más emblemáticos de nuestro país recorridos por escritores extranjeros como Orwell, Verne, Irving, Zweig, Andersen, Gautier o Hemingway, Ana Cañil recrea en Rescatadas del olvido los pasos por España de catorce mujeres: Nancy Cunard, Nancy Johnstone, Tina Modotti, Isla Barea-Kulcsar, Simone Téry, Virginia Cowles, Josephine Herbst, Gamel Woolsey, Marjorice Grice-Hutchinson, Vita Sackville-West, Andrée Viollis, Kate Mangan, Lillian Hellman y Sylvia Plath. “Una tarea al mismo tiempo hermosa e infructuosa: redescubrir sus caminos, con sus obras en la mano, es una satisfacción, pero apenas hay rastro de ellas, salvo una calle dedicada a Tina Modotti en Gijón”.
“Rescatar la memoria de un grupo de mujeres que nos quisieron es una deuda y un placer… Seguir sus pasos sobre el terreno, como he hecho, ponía límites a la tarea. Sus obras –memorias, reportajes, novelas, poesías, fotografías, trabajos sociales– resultan más que notables. En su momento fueron halagadas, pero como protagonistas secundarias. Acabaron fuera de los libros de historia o, como mucho, fueron citadas en los índices onomásticos o las bibliografías. Estas mujeres vivieron anteayer, entre los años veinte y los cincuenta del siglo pasado…Están ahí detrás, a la vuelta de la esquina. Vinieron a España, la sintieron intensamente. Unas durante meses, otras durante años, y se llevaron este país grabado a fuego en la memoria, hasta su muerte… Nos miraron con otros ojos distintos a los de sus colegas masculinos, descubrieron la oscuridad a la que estaban sometidas nuestras madres y abuelas, pero también la dignidad y el valor de todas ellas.

¿Qué objetivo esencial se marcó a la hora de afrontar su escritura?
Aportar qué mujeres poetas, periodistas, enfermeras, trabajadoras sociales vinieron a España durante la guerra civil, cubrieron nuestra historia en la retaguardia, retrataron la vida doméstica que hay en toda guerra larga, la lucha por sobrevivir: donde conseguir comida, como tratar en el mercado negro, cuidar de niños y ancianos frente al frío, el hambre, las miserias, las delaciones, las muertes y enfrentamientos de familiares…
¿Considera premeditado el olvido de las mujeres a las que rescata?
No. Hubiera sido premeditado si hubieran reparado en ese olvido. Es que ni pensaban en ello…No existíamos las mujeres con el concepto de lo que hemos recorrido en los últimos noventa años. Cualquiera de nuestros colegas periodistas o escritores podría haber escrito: las hubiera ninguneado -a Nancy Cunard, Nancy Johnstone, Virginia Cowlees, Ilsa Kulscar, por mencionar las primeras- si hubiera tenido tiempo de pensar en ellas. Pero ni eso, nos ignoraban, como el resto del género masculino. ¿Qué Cowles escribía un libro estupendo, comparable a los de sus colegas? Daba igual, entre el de un hombre o el de ella, comprarían o leerían el del hombre.
Como usted señala, salvo Ilsa Barea-Kulcsar, todas también fueron silenciadas por sus ilustres parejas. ¿Puro machismo?
Hay casos en que no es solo machismo, hay también una mezcla de temor a la capacidad de ellas y desprecio a que sus compañeras sean mejor que ellos. El libro de Kate Mangan es despreciado por su pareja, Jan Kurzke, qué piensa que ella nunca debió de intentar ser escritora. Ni la menciona en sus memorias. Málaga en llamas, de Gamel Woolsey -la poeta, mujer de Gerald Brenan- escrito en plena guerra, pasa a mejor vida durante décadas. ¿Intentó Brenan recuperarlo? Por no hablar del desprecio de André Malraux por Clara, su mujer, que era una buena cabeza. Sobre lo de Octavio Paz y Elena Garro ya se ha escrito bastante. En los dos últimos casos era desprecio de ellos, aprovechamiento económico o de sus entornos familiares y luego deslizar que ellas eran histéricas.
¿Cuáles han sido sus fuentes de información fundamentales?
Sus libros descatalogados u olvidados, memorias y obras de sus propios maridos e internet. Unas iban llevando a otras. Y los viajes en su búsqueda por la península. He encontrado personas que me han ayudado a reconstruir la guerra y la posguerra en cuanto a lugares físicos (donde estaba la oficina de prensa en la Valencia del gobierno, la residencia del último lendakari en España, la casa en Tossa de Nancy Johnstone). Gloria Bosch en Tossa, el profesor Almiñana en Benidorm con Sylvia Plath, el profesor Azcárraga en la Valencia del gobierno republicano…En fin, hay gente magnífica que se ocupa de forma altruista de su cultura e historia, de su entorno y de la memoria.
¿Hay algún rasgo común en todas ellas a la hora de viajar y escribir sobre aquella España en guerra?
Sí. La admiración por nuestras mujeres, su fuerza y voluntad de hierro, además de la dignidad. España fue el bautizo de fuego para muchas de ellas, para afrontar lo que luego vendría en Europa. Pero quizás el rasgo más común es que no tenían el sentido del ridículo de los hombres a la hora de retratar los sentimientos; ni el llanto de un niño o la tristeza en los ojos de una madre que se quita el pan para dárselo al niño. En cuanto a la formación, la mayoría de las que llegan -tengan o no más formación académica- tenían estudios. Unas vienen por ideales, otras por amor. Y todas caen rendidas ante la democracia de la República y sus gentes.
¿Cuál de las que aborda le ha impresionado más y por qué?
Soy incapaz de escoger a una sola. Todas me han proporcionados datos, un cuadro diferente, conceptos olvidados, que van desde la pornografía de la guerra al error de potenciar la información sobre las Brigadas Internacionales frente al valor de los soldados republicanos.
¿Estamos en deuda con ellas? ¿Qué les debemos como país?
Para mi sí. Hay plazas o calles o rincones para George Orwell, Hemingway, Dos Passos, Brenan…Para ellas, nada. En ningún lugar de este país que se patearon, que amaron y que apoyaron.
En un mundo convulso como el de hoy, en el que se difuminan los límites de verdad y mentira, ¿qué papel juega el periodismo veraz y contrastado?
Hasta la saciedad repetimos que el periodismo es el primer borrador de la historia, pero siempre hay que hacerlo. Hay que ir a los lugares de los conflictos, pegarse al terreno y contar lo que no quieren que veamos. Y si no se puede entrar, contrastar los datos, la información. La impotencia que sentimos ante el avance y la manipulación de las redes sociales, esa desinformación de los más vulnerables que les lleva al camino de los borregos, la podemos frenar buscando buenas fuentes de información; dejando que la verdad nos incomode; leyendo libros, porque leer libros -y si es papel mejor – hoy se ha convertido en un acto revolucionario contra los tecnodictadores que nos arrastran al desastre. O contra los matones como Trump. Deleznable. Hay que pelear como lo hicieron ellas.
¿Qué mensaje le gustaría que quedase en el lector?
No puedo dar mensajes a cada lector. Si llegan hasta el libro es que son lo suficientemente inteligentes como para sacar su conclusión y propio mensaje. Es difícil llegar a lo que eufemísticamente llamamos gran público, pero aspiro a llegar a las generaciones jóvenes, cada día más conscientes de que hay muchos (y muchas) a quienes se les ha escamoteado su lugar en la historia. Conviene recordar de dónde venimos, quiénes fueron estas mujeres que no se arrugaron. Ojalá que las que se han quedado fuera de esta búsqueda salgan algún día del rincón donde han sido relegadas.
Nacida en Madrid, Ana Ramírez Cañil se siente mujer de Rascafría, población ubicada en el Valle del Lozoya. Periodista que inició su carrera en la prensa económica, ha sido directora del programa de RTVE Informe Semanal, delegada en Madrid del Periódico de Catalunya y redactora jefe de El Siglo.
Autora de las novelas Si a los tres años no he vuelto, El coraje de Miss Redfiel y Masaje para un cabrón, en 2008 ganó el Premio Espasa de Ensayo con La mujer del maquis. También es autora del ensayo Los Tyrakis, escrito en colaboración con Joaquín Estefanía y del ya mencionado Los amantes extranjeros.
Ahora, al leer su nuevo libro, al seguir los pasos de las extranjeras que escribieron sobre España, se abren nuevas perspectivas de la historia y se atisba que aún hay mucho que rescatar del olvido.















