
A. Gentileschi. «Judith decapitando a Holofernes». Uffizi. Florencia. 1620. Originally from Google Cultural Institute (image page), edited for levels, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=16313642
Artemisia nació en Roma y como hija de pintor (Orazio Gentileschi), y de pintor dispuesto a enseñar a su hija el oficio sin importarle su condición de mujer, recibió de él una formación sólida y completa. Como seguidor que era Orazio de Caravaggio, también Artemisia, una artista que hay que encuadrar en el primer barroco, se verá influenciada por la obra del maestro tenebrista, si bien en ella no se advierten los contrastes de luz tan violentos de Caravaggio.
Cuando el magisterio de su padre no fue suficiente, fue él mismo quien la animó a recibir enseñanzas del pintor Agostino Tassi, amigo y colaborador suyo. Pero sería precisamente esta relación establecida entre pintora y maestro la que marcará negativamente su vida, pues a poco de comenzada y cuando Artemisia sólo contaba 19 años su propio padre denunció a Agostino de violar a su hija. Pero lejos de resolver el problema, el asunto fue a parar a los tribunales donde Artemisia fue presionada e incluso torturada para confirmar su denuncia y, aunque finalmente su maestro fue condenado a un año de prisión y al exilio, el asunto afectó profundamente a Artemisia, que como si quisiera huir de la situación en la que se encontraba al poco tiempo decidió casarse con un rico florentino.
No dejó de pintar por ello, siempre animada por su padre y pertrechada de una fuerte personalidad. Su estilo siguió la línea marcada por la influencia caravaggesca que ya hemos comentado, de la que su mejor ejemplo es el magnífico cuadro de Judith decapitando a Holofernes, en el que algunos especialistas han querido ver una muestra del resarcimiento contra el sexo masculino después de la humillación que ella había vivido en sus propias carnes.
El resto de su vida siguió pintando sin una localización fija, repartiendo sus encargos en Roma, Nápoles, Génova e incluso en Inglaterra adonde acudió para ayudar a su padre en la tarea de pintar los techos de la Casa de la Reina de Greenwich. En Inglaterra permaneció algún tiempo, incluso después de la muerte de su padre, hasta que finalmente regresó a Nápoles donde moriría a los sesenta años.

Artemisia Gentileschi. «Autorretrato como alegoría de la pintura», 1639. Royal Collection Trust. Londres.
Su obra es abundante, pero entre sus pinturas más destacadas habría que señalar Susana y los viejos (1610, Colección Schönborn, Pommersfelden), una obra de juventud en la que muchos consideran que fue ayudada por su padre; Judith decapitando a Holofernes (1614-1620, Uffizi. Florencia), y su famosa Alegoría de la pintura (1620-1630, Museo de Tessé. Le Mans), en la que ella misma se autorretrata en actitud de pintar, aunque en una postura forzada que da al cuadro un carácter más teatral y exaltado, típicamente barroco.
El estilo de Artemisia en su momento de mayor madurez demuestra su deuda con la influencia de Caravaggio, del que imita no sólo sus contrastes lumínicos y su teatralidad, sino también la rotundidad de la línea en el dibujo y su nitidez y morbidez en las texturas y detalles.
Su vida y su biografía ha suscitado un notable interés por ser una de las pintoras que a pesar de su condición de mujer alcanzó el éxito en una época muy lejana en el tiempo como es el periodo barroco. Sus vicisitudes vitales y su simbolismo feminista para algunas mujeres, explica que hayan proliferado las novelas que repasan su biografía: así Artemisa, de A. Lapierre, 1999; la Artemisia, de Mª Àngels Anglada, 1995; o la más reciente de Susan Vreeland, La pasión de Artemisia, 2006. La figura de esta pintora también ha sido llevada al cine por la directora francesa Agnés Merlet en su película Artemisia, 1997.
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